viernes, 2 de diciembre de 2011

Mi vida según Octavio Paz...





En varias ocasiones me han preguntado acerca de mi poeta favorito. Cuando les contesto, algunos levantan el entrecejo en connotación de desconocimiento. Otros, los conocedores, sonríen y hacen ademan de acuerdo. Un compañero de trabajo un día se adelantó a mi respuesta asegurando: Benedetti. Mi negativa lo dejó pasmado. Es que a las mujeres siempre les gusta Benedetti, terminó decepcionado.

Mi poeta favorito es John Keats. El segundo de a bordo es Octavio Paz, el tercero es Pablo Neruda, el cuarto es Pedro Salinas, y luego, muchos más. Pero siempre menciono a estos cuatro como los primeros de mi lista.

Hace varios años, para ser exacta fue el nueve de agosto del 2009, se realizó un ejercicio entretenido en Facebook, sí, ahí, no han leído mal. Con eso que ahora tener Facebook te resta intelectualidad. Bueno, ahí, en ese sitio del demonio, se llevo a cabo esta tarea interesante, la cual respondí como verán si siguen leyendo.

Debo advertirles que si no les gusta la poesía, o les cansa la mirada un post largo, despídanse desde este momento.

Aquí les dejo el ejercicio y el que guste realizarlo, bienvenido...




Usando sólo los títulos de poemas, cuentos o libros de UN POETA o ESCRITOR (o escritora, claro está), responde de forma ingeniosa las preguntas que siguen. Pásalas a 14 personas de tu agrado. No puedes usar el escritor o poeta que yo usé. Trata de no repetir títulos. Es bastante más difícil de lo que parece.



1. Elige tu escritor o poeta:


Octavio Paz.



2. ¿Masculino o femenina?


Niña.

“Entre la tarde que se obstina

y la noche que se acumula

hay la mirada de una niña.


Deja el cuaderno y la escritura,

todo su ser dos ojos fijos.

En la pared la luz se anula.


Nunca sabrá que lo miraba”.



3. Descríbete:


La llama doble. Amor y erotismo (ensayo)



4. ¿Cómo te sientes?


Nuevo rostro.

“La noche borra noches en tu rostro,

derrama aceites en tus secos párpados,

quema en tu frente en pensamiento

y atrás del pensamiento la memoria.


Entre las sombras que te anegan

otro rostro amanece.

Y siento que a mi lado

no eres tú la que duerme,

sino la niña aquella que fuiste

y que esperaba sólo que durmieras

para volver y conocerme”.



5. ¿Dónde vives actualmente?


Piedra de sol.

“[…]

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:

se despeñó el instante en otro y otro,

dormí sueños de piedra que no sueña

y al cabo de los años como piedras

oí cantar mi sangre encarcelada,

con un rumor de luz el mar cantaba,

una a una cedían las murallas,

todas las puertas se desmoronaban

y el sol entraba a seco por mi frente,

despegaba mis párpados cerrados,

desprendía mi ser de su envoltura,

me arrancaba de mí, me separaba

de mi bruto dormir siglos de piedra

y su magia de espejos revivía

un sauce de cristal, un chopo de agua,

un alto surtidor que el viento arquea,

un árbol bien plantado más danzante,

un caminar de río que se curva,

avanza, retrocede, da un rodeo

y llega siempre:

México 1957.



6. ¿Si pudieras ir a cualquier otra parte, a dónde irías?


La casa de la mirada.

“Caminas adentro de ti mismo y el tenue reflejo serpeante que te conduce

no es la última mirada de tus ojos al cerrarse ni es el sol tímido golpeando tus párpados:

es un arroyo secreto, no de agua sino de latidos: llamadas, respuestas, llamadas,

hilo de claridades entre las altas yerbas y las bestias agazapadas de la conciencia a obscuras.

Sigues el rumor de tu sangre por el país desconocido que inventan tus ojos

y subes por una escalera de vidrio y agua hasta una terraza.

Hecha de la misma materia impalpable de los ecos y los tintineos,

la terraza, suspendida en el aire, es un cuadrilátero de luz, un ring magnético

que se enrolla en sí mismo, se levanta, anda y se planta en el circo del ojo,

géiser lunar, tallo de vapor, follaje de chispas, gran árbol que se enciende y apaga y enciende:

estás en el interior de los reflejos, estás en la casa de la mirada,

has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo a ti mismo por un puente de latidos:

EL CORAZÓN ES UN OJO.


Estás en la casa de la mirada, los espejos han escondido todos sus espectros,

no hay nadie ni hay nada que ver, las cosas han abandonado sus cuerpos,

no son cosas, no son ideas: son disparos verdes, rojos, amarillos, azules,

enjambres que giran y giran, espirales de legiones desencarnadas,

torbellino de las formas que todavía no alcanzan su forma,

tu mirada es la hélice que impulsa y revuelve las muchedumbres incorpóreas,

tu mirada es la idea fija que taladra el tiempo, la estatua inmóvil en la plaza del insomnio,

tu mirada teje y desteje los hilos de la trama del espacio,

tu mirada frota una idea contra otra y enciende una lámpara en la iglesia de tu cráneo,

pasaje de la enunciación a la anunciación, de la concepción a la asunción,

el ojo es una mano, la mano tiene cinco ojos, la mirada tiene dos manos,

estamos en la casa de la mirada y no hay nada que ver, hay que poblar otra vez la casa del ojo,

hay que poblar el mundo con ojos, hay que ser fieles a la vista, hay que

CREAR PARA VER.


La idea fija taladra cada minuto, el pensamiento teje y desteje la trama,

vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio infinito,

eres un hilo de la trama y un latido del minuto, el ojo que taladra y el ojo tejedor,

al entrar en ti mismo no sales del mundo, hay ríos y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,

en tu sangre navegan imperios, turbinas, bibliotecas, jardines,

también hay animales, plantas, seres de otros mundos, las galaxias circulan en tus neuronas,

al entrar en ti mismo entras en este mundo y en los otros mundos,

entras en lo que vio el astrónomo en su telescopio, el matemático en sus ecuaciones:

el desorden y la simetría, el accidente y las rimas, las duplicaciones y las mutaciones,

el mal de San Vito del átomo y sus partículas, las células reincidentes, las inscripciones estelares.


Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemos estado,

el lugar del encuentro entre esto y aquello está aquí mismo y ahora,

somos la intersección, la X, el aspa maravillosa que nos multiplica y nos interroga,

el aspa que al girar dibuja el cero, ideograma del mundo y de cada uno de nosotros.

Como el cuerpo astral de Bruno y Cornelio Agripa, como las granes transparentes de André Breton,

vehículos de materia sutil, cables entre éste y aquel lado,

los hombres somos la bisagra entre el aquí el allá, el signo doble y uno, V y ^ ,

pirámides superpuestas unidas en un ángulo para formar la X de la Cruz,

cielo y tierra, aire y agua, llanura y monte, lago y volcán, hombre y mujer,

el mapa del cielo se refleja en el espejo de la música,

donde el ojo se anula nacen mundos:

LA PINTURA TIENE UN PIE EN LA ARQUITECTURA Y OTRO EN EL SUEÑO.


La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no es la tierra,

el hombre no es este mundo ni los otros mundos que hay en este mundo y en los otros,

el hombre es la boca que empaña el espejo de las semejanzas y dice sí,

el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda floja de una sonrisa,

el espejo universal que refleja otro mundo al repetir a éste, el que transfigura lo que copia,

el hombre no es el que es, célula o dios, sino el que está siempre más allá.

Nuestras pasiones no son los ayuntamientos de las substancias ciegas pero los combate y los abrazos de los elementos riman con nuestros deseos y apetitos,

pintar es buscar la rima secreta, dibujar al eco, pintar el eslabón:

El Vértigo de Eros es el vahído de la rosa al mecerse sobre el osario,

la aparición de la aleta del pez al caer la noche en el mar es el centelleo de la idea,

tú has pintado al amor tras una cortina de agua llameante

PARA CUBRIR LA TIERRA CON UN NUEVO ROCÍO.


En el espejo de la música las constelaciones se miran antes de disiparse,

el espejo se abisma en sí mismo anegado de claridad hasta anularse en un reflejo,

los espacios fluyen y se despeñan bajo la mirada del tiempo petrificado,

las presencias son llamas, las llamas son tigres, los tigres se han vuelto olas,

cascada de transfiguraciones, cascada de repeticiones, trampas del tiempo:

hay que darle su ración de lumbre a la naturaleza hambrienta,

hay que agitar la sonaja de las rimas para engañar al tiempo y despertar al alma,

hay que plantar ojos en la plaza, hay que regar los parques con risa solar y lunar,

hay que aprender la tonada de Adán, el solo de la flauta del fémur,

hay que construir sobre este espacio inestable la casa de la mirada,

la casa de aire y de agua donde la música duerme, el fuego vela y pinta el poeta”.



7. Tu medio favorito de transporte:


Concorde.

“Arriba el agua

abajo el bosque

el viento por los caminos


Quietud del pozo

El cubo es negro El agua firme


El agua baja hasta los árboles

El cielo sube hasta los labios”



8. Tus mejores amigos son:


Prójimo lejano.

“Anoche un fresno

a punto de decirme

algo –callóse”.



9. Tu color favorito es:


Escrito con tinta verde.

“La tinta verde crea jardines, selvas, prados,

follajes donde cantan las letras,

palabras que son árboles,

frases que son verdes constelaciones.


Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran

como una lluvia de hojas a un campo de nieve,

como la yedra a la estatua,

como la tinta a esta página.


Brazos, cintura, cuello, senos,

la frente pura como el mar,

la nuca de bosque en otoño,

los dientes que muerden una brizna de yerba.


Tu cuerpo se constela de signos verdes

como el cuerpo del árbol de renuevos.

No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa:

mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas”



10. ¿Cómo está el clima?


Como quien oye llover.

"Óyeme como quien oye llover

ni atenta ni distraída,

pasos leves, llovizna,

agua que es aire, aire que es tiempo,

el día no acaba de irse,

la noche no llega todavía,

figuraciones de la niebla

al doblar la esquina,

figuraciones del tiempo

en el recodo de esta pausa,

óyeme como quien oye llover,

sin oírme, oyendo lo que digo

con los ojos abiertos hacia dentro,

dormida con los cinco sentidos despiertos,

llueve, pasos leves, rumor de sílabas,

aire y agua, palabras que no pesan:

lo que fuimos y somos,

los días y los años, este instante,

tiempo sin peso, pesadumbre enorme,

óyeme como quien oye llover,

relumbra el asfalto húmedo,

el vaho se levanta y camina,

la noche se abre y me mira,

eres tú y tu talle de vaho,

tú y tu cara de noche,

tú y tu pelo, lento relámpago,

cruzas la calle y entras en mi frente,

pasos de agua sobre mis párpados,

óyeme como quien oye llover,

el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,

es la niebla errante en la noche,

es la noche dormida en tu cama,

es el oleaje de tu respiración,

tus dedos de agua mojan mi frente,

tus dedos de llama queman mis ojos,

tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,

manar de apariciones y resurrecciones,

óyeme como quien oye llover,

pasan los años, regresan los instantes,

¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?

no aquí ni allá: los oyes

en otro tiempo que es ahora mismo,

oye los pasos del tiempo

inventor de lugares sin peso ni sitio,

oye la lluvia correr por la terraza,

la noche ya es más noche en la arboleda,

en los follajes ha anidado el rayo,

vago jardín a la deriva

—entra, tu sombra cubre esta página”.



11. Tu momento favorito del día:


Antes del comienzo.

“Ruidos confusos, claridad incierta

Otro día comienza.

Es un cuarto en penumbra

y dos cuerpos tendidos.

En mi frente me pierdo

por un llano sin nadie.

Ya las horas afilan sus navajas.

Pero a mi lado tú respiras;

entrañable y remota

fluyes y no te mueves.

Inaccesible si te pienso,

con los ojos te palpo,

te miro con las manos.

Los sueños nos separan

y la sangre nos junta:

somos un río de latidos.

Bajo tus párpados madura

la semilla del sol.

El mundo

no es real todavía,

el tiempo duda:

sólo es cierto

el calor de tu piel.

En tu respiración escucho

la marea del ser,

la sílaba olvidada del Comienzo”.



12. Si tu vida fuese un programa de televisión se llamaría:


Fábula de Joan Miró.

“El azul estaba inmovilizado entre el rojo y el negro.

El viento iba y venía por la página del llano,

encendía pequeñas fogatas, se revolcaba en la ceniza,

salía con la cara tiznada gritando por las esquinas,

el viento iba y venía abriendo y cerrando puertas y ventanas,

iba y venía por los crepusculares corredores del cráneo,

el viento con mala letra y las manos manchadas de tinta

escribía y borraba lo que había escrito sobre la pared del día.

El sol no era sino el presentimiento del color amarillo,

una insinuación de plumas, el grito futuro del gallo.

La nieve se había extraviado, el mar había perdido el habla,

era un rumor errante, unas vocales en busca de una palabra.


El azul estaba inmovilizado, nadie lo miraba, nadie lo oía:

el rojo era un ciego, el negro un sordomudo.

El viento iba y venía preguntando ¿por dónde anda Joan Miró?

Estaba ahí desde el principio pero el viento no lo veía:

inmovilizado entre el azul y el rojo, el negro y el amarillo,

Miró era una mirada transparente, una mirada de siete manos.

Siete manos en forma de orejas para oír a los siete colores,

siete manos en forma de pies para subir los siete escalones del arco iris,

siete manos en forma de raíces para estar en todas partes y a la vez en Barcelona.


Miró era una mirada de siete manos.

Con la primera mano golpeaba el tambor de la luna,

con la segunda sembraba pájaros en el jardín del viento,

con la tercera agitaba el cubilete de las constelaciones,

con la cuarta escribía la leyenda de los siglos de los caracoles,

con la quinta plantaba islas en el pecho del verde,

con la sexta hacía una mujer mezclando noche y agua, música y electricidad,

con la séptima borraba todo lo que había hecho y comenzaba de nuevo.


El rojo abrió los ojos, el negro dijo algo incomprensible y el azul se levantó.

Ninguno de los tres podía creer lo que veía:

¿eran ocho gavilanes o eran ocho paraguas?

Los ocho abrieron las alas, se echaron a volar y desaparecieron por un vidrio roto.


Miró empezó a quemar sus telas.

Ardían los leones y las arañas, las mujeres y las estrellas,

el cielo se pobló de triángulos, esferas, discos, hexaedros en llamas,

el fuego consumió enteramente a la granjera planetaria plantada en el centro del espacio,

del montón de cenizas brotaron mariposas, peces voladores, roncos fonógrafos,

pero entre los agujeros de los cuadros chamuscados

volvían el espacio azul y la raya de la golondrina, el follaje de nubes y el bastón florido:

era la primavera que insistía, insistía con ademanes verdes.

Ante tanta obstinación luminosa Miró se rascó la cabeza con su quinta mano,

murmurando para sí mismo: Trabajo como un jardinero.


¿Jardín de piedras o de barcas? ¿Jardín de poleas o de bailarinas?

El azul, el negro y el rojo corrían por los prados,

las estrellas andaban desnudas pero las friolentas colinas se habían metido debajo de las sábanas,

había volcanes portátiles y fuegos de artificio a domicilio.

Las dos señoritas que guardan la entrada a la puerta de las percepciones, Geometría y Perspectiva,

se habían ido a tomar el fresco del brazo de Miró, cantando Une étoile caresse le sein d’une négresse.


El viento dio la vuelta a la página del llano, alzó la cara y dijo, ¿Pero dónde anda Joan Miró?

Estaba ahí desde el principio y el viento no lo veía:

Miró era una mirada transparente por donde entraban y salían atareados abecedarios.


No eran letras las que entraban y salían por los túneles del ojo:

eran cosas vivas que se juntaban y se dividían, se abrazaban y se mordían y se dispersaban,

corrían por toda la página en hileras animadas y multicolores, tenían cuernos y rabos,

unas estaban cubiertas de escamas, otras de plumas, otras andaban en cueros,

y las palabras que formaban eran palpables, audibles y comestibles pero impronunciables:

no eran letras sino sensaciones, no eran sensaciones sino Transfiguraciones.


¿Y todo esto para qué? Para trazar una línea en la celda de un solitario,

para iluminar con un girasol la cabeza de luna del campesino,

para recibir a la noche que viene con personajes azules y pájaros de fiesta,

para saludar a la muerte con una salva de geranios,

para decirle buenos días al día que llega sin jamás preguntarle de dónde viene y adónde va,

para recordar que la cascada es una muchacha que baja las escaleras muerta de risa,

para ver al sol y a sus planetas meciéndose en el trapecio del horizontes,

para aprender a mirar y para que las cosas nos miren y entren y salgan por nuestras miradas,

abecedarios vivientes que echan raíces, suben, florecen, estallan, vuelan, se disipan, caen.


Las miradas son semillas, mirar es sembrar, Miró trabaja como un jardinero

y con sus siete manos traza incansable —círculo y rabo, ¡oh! y ¡ah!—

la gran exclamación con que todos los días comienza el mundo”.



13. Tu regalo ideal de cumpleaños sería:


La vida sencilla.

“Llamar al pan y que aparezca

sobre el mantel el pan de cada día;

darle al sudor lo suyo y darle al sueño

y al breve paraíso y al infierno

y al cuerpo y al minuto lo que piden;

reír como el mar ríe, el viento ríe,

sin que la risa suene a vidrios rotos;

beber y en la embriaguez asir la vida,

bailar el baile sin perder el paso,

tocar la mano de un desconocido

en un día de piedra y agonía

y que esa mano tenga la firmeza

que no tuvo la mano del amigo;

probar la soledad sin que el vinagre

haga torcer mi boca, ni repita

mis muecas el espejo, ni el silencio

se erice con los dientes que rechinan:

estas cuatro paredes ?papel, yeso,

alfombra rala y foco amarillento?

no son aún el prometido infierno;

que no me duela más aquel deseo,

helado por el miedo, llaga fría,

quemadura de labios no besados:

el agua clara nunca se detiene

y hay frutas que se caen de maduras;

saber partir el pan y repartirlo,

el pan de una verdad común a todos,

verdad de pan que a todos nos sustenta,

por cuya levadura soy un hombre,

un semejante entre mis semejantes;

pelear por la vida de los vivos,

dar la vida a los vivos, a la vida,

y enterrar a los muertos y olvidarlos

como la tierra los olvida: en frutos...

Y que a la hora de mi muerte logre

morir como los hombres y me alcance

el perdón y la vida perdurable

del polvo, de los frutos y del polvo”.



14. ¿Qué es la vida para ti?


Vida entrevista.

“Relámpagos o peces

en la noche del mar

y pájaros, relámpagos

en la noche del bosque.


Los huesos son relámpagos

en la noche del cuerpo.

Oh mundo, todo es noche

y la vida es relámpago”.



15. Cómo es tu relación:


Carta de creencia.

CANTANTA

1

“Entre la noche y el día

hay un territorio indeciso.

No es luz ni sombra:

es tiempo.

Hora, pausa precaria,

página que se obscurece,

página en la que escribo,

despacio, estas palabras.

La tarde

es una brasa que se consume.

El día gira y se deshoja.

Lima los confines de las cosas

un río obscuro.

Terco y suave

las arrastra, no sé adónde.

La realidad se aleja.

Yo escribo:

hablo conmigo

—hablo contigo.


Quisiera hablarte

como hablan ahora,

casi borrados por las sombras

el arbolito y el aire;

como el agua corriente,

soliloquio sonámbulo;

como el charco callado,

reflector de instantáneos simulacros;

como el fuego:

lenguas de llama, baile de chispas,

cuentos de humo.

Hablarte

con palabras visibles y palpables,

con peso, sabor y olor

como las cosas.

Mientras lo digo

las cosas, imperceptiblemente,

se desprenden de sí mismas

y se fugan hacia otras formas,

hacia otros nombres.

Me quedan

estas palabras: con ellas te hablo.


Las palabras son puentes.

También son trampas, jaulas, pozos.

Yo te hablo: tú no me oyes.

No hablo contigo:

hablo con una palabra,

Esa palabra eres tú,

esa palabra

te lleva de ti misma a ti misma.

La hicimos tú, yo, el destino.

La mujer que eres

es la mujer a la que hablo:

estas palabras son tu espejo,

eres tú misma y el eco de tu nombre.

Yo también,

al hablarte,

me vuelvo un murmullo,

aire y palabras, un soplo,

un fantasma que nace de estas letras.


Las palabras son puentes:

la sombra de las colinas de Meknès

sobre un campo de girasoles estáticos

es un golfo violeta.

Son las tres de la tarde,

tienes nueve años y te has adormecido

entre los brazos frescos de la rubia mimosa.

Enamorado de la geometría

un gavilán dibuja un círculo.

Tiembla en el horizonte

la mole cobriza de los cerros.

Entre peñascos vertiginosos

los cubos blancos de un poblado.

Una columna de humo sube del llano

y poco a poco se disipa, aire en el aire,

como el canto del muecín

que perfora el silencio, asciende y florece

en otro silencio.

Sol inmóvil,

inmenso espacio de alas abiertas;

sobre llanuras de reflejos

la sed levanta alminares transparentes.

Tú no estás dormida ni despierta:

tú flotas en un tiempo sin horas.

Un soplo apenas suscita

remotos países de menta y manantiales.

Déjate llevar por estas palabras

hacia ti misma.

2

Las palabras son inciertas

y dicen cosas inciertas.

Pero digan esto o aquello,

nos dicen.

Amor es una palabra equívoca,

como todas.

No es palabra,

dijo el Fundador:

es visión,

comienzo y corona

de la escala de la contemplación

—y el florentino:

es un accidente

—y el otro:

no es la virtud

pero nace de aquello que es la perfección

—y los otros:

una fiebre, una dolencia,

un combate, un frenesí, un estupor,

una quimera.

El deseo lo inventa,

lo avivan ayunos y laceraciones,

los celos lo espolean,

la costumbre lo mata.

Un don,

una condena.

Furia, beatitud.

Es un nudo: vida y muerte.

Una llaga

que es rosa de resurrección.

Es una palabra:

al decirla, nos dice.


El amor comienza en el cuerpo

¿dónde termina?

Si es fantasma,

encarna en un cuerpo;

si es cuerpo,

al tocarlo se disipa.

Fatal espejo:

la imagen deseada se desvanece,

tú te ahogas en tus propios reflejos.

Festín de espectros.


Aparición:

el instante tiene cuerpo y ojos,

me mira.

Al fin la vida tiene cara y nombre.

Amar:

hacer de un alma un cuerpo,

hacer de un cuerpo un alma,

hacer un tú de una presencia.

Amar:

abrir la puerta prohibida,

pasaje

que nos lleva al otro lado del tiempo.

Instante:

reverso de la muerte,

nuestra frágil eternidad.


Amar es perderse en el tiempo,

ser espejo entre espejos.

Es idolatría:

endiosar una criatura

y a lo que es temporal llamar eterno.

Todas las formas de carne

son hijas del tiempo,

simulacros.

El tiempo es el mal,

el instante

es la caída;

amar es despeñarse:

caer interminablemente,

nuestra pareja

es nuestro abismo.

El abrazo:

jeroglífico de la destrucción.

Lascivia: máscara de la muerte.


Amar: una variación,

apenas un momento

en la historia de la célula primigenia

y sus divisiones incontables.

Eje

de la rotación de las generaciones.


Invención, transfiguración:

la muchacha convertida en fuente,

la cabellera en constelación,

en isla la mujer dormida.

La sangre:

música en el ramaje de las venas;

el tacto:

luz en la noche de los cuerpos.


Trasgresión

de la fatalidad natural,

bisagra

que enlaza destino y libertad,

pregunta

grabada en la frente del deseo:

¿accidente o predestinación?


Memoria, cicatriz:

—¿de dónde fuimos arrancados?,

memoria: sed de presencia,

querencia

de la mitad perdida.

El Uno

es el prisionero de sí mismo,

es,

solamente es,

no tiene memoria,

no tiene cicatriz:

amar es dos,

siempre dos,

abrazo y pelea,

dos es querer ser uno mismo

y ser el otro, la otra;

dos no reposa,

no está completo nunca,

gira

en torno a su sombra,

busca

lo que perdimos al nacer;

la cicatriz se abre:

fuente de visiones;

dos: arco sobre el vacío,

puente de vértigos;

dos:

Espejo de las mutaciones.

3

Amor, isla sin horas,

isla rodeada de tiempo,

claridad

sitiada de noche.

Caer

es regresar,

caer es subir.

Amar es tener ojos en las yemas,

palpar el nudo en que se anudan

quietud y movimiento.

El arte de amar

¿es arte de morir?

Amar

es morir y revivir y remorir:

es la vivacidad.

Te quiero

porque yo soy mortal

y tú lo eres.

El placer hiere,

la herida florece.

En el jardín de las caricias

corté la flor de sangre

para adornar tu pelo.

La flor se volvió palabra.

La palabra arde en mi memoria.


Amor:

reconciliación con el Gran todo

y con los otros,

los diminutos todos

innumerables.

Volver al día del comienzo.

Al día de hoy.


La tarde se ha ido a pique.

Lámparas y reflectores

perforan la noche.

Yo escribo:

hablo contigo:

hablo conmigo.

Con palabras de agua, llama, aire y tierra

inventamos el jardín de las miradas.

Miranda y Fernand se miran,

interminablemente, en los ojos

—hasta petrificarse.

Una manera de morir

como las otras.

En la altura

las constelaciones escriben siempre

la misma palabra;

nosotros,

aquí abajo, escribimos

nuestros nombres mortales.

La pareja

es pareja porque no tiene Edén.

Somos los expulsados del Jardín,

estamos condenados a inventarlo

y cultivar sus flores delirantes,

joyas vivas que cortamos

para adornar un cuello.

Estamos condenados

a dejar el Jardín:

delante de nosotros

está el mundo.

Coda

Tal vez amar es aprender

a caminar por este mundo.

Aprender a quedarnos quietos

como el tilo y la encina de la fábula.

Aprender a mirar.

Tu mirada es sembradora.

Plantó un árbol.

Yo hablo

porque tú meces los follajes”.



16. Tu miedo:

Insomnio.

“Quedo distante de los sueños.

Abandona mi frente su marea,

avanzo entre las piedras calcinadas

y vuelvo a dar al cuarto que me encierra

aguardan los zapatos, los lazos de familia,

los dientes de sonreír

y la impuesta esperanza:

mañana cantarán las sirenas.

(Y en mi sangre

Otro canto se eleva: Yo no digo

mi canción sino a quien conmigo va…)


Sórdido fabricante de fantasmas,

de pequeños dioses oscuros,

polvo, mentira en la mañana.

Desterrado de la cólera y de la alegría,

sentado en una silla, en una roca,

frente al ciego oleaje: tedio, nada.

Atado a mi vivir

y desasido de la vida”.



17. ¿Cuál es el mejor consejo que puedes dar?:


Conversar.

“En un poema leo:

conversar es divino.

Pero los dioses no hablan:

hacen, deshacen mundos

mientras los hombres hablan.

Los dioses, sin palabras,

juegan juegos terribles.


El espíritu baja

y desata las lenguas

pero no habla palabras:

habla lumbre. El lenguaje,

por el dios encendido,

es una profecía

de llamas y una torre

de humo y un desplome

de sílabas quemadas:

ceniza sin sentido.


La palabra del hombre

es hija de la muerte.

Hablamos porque somos

mortales: las palabras

no son signos, son años.

Al decir lo que dicen

los nombres que decimos

dicen tiempo: nos dicen.

Somos nombres del tiempo.

Conversar es humano”.



18. Si pudieras elegir otro nombre, ¿cuál sería?


Salamandra.

“[…]

Salamandra

dardo solar

lámpara de la luna

columna del mediodía

nombre de mujer

balanza de la noche.

(El infinito peso de la luz

un adarme de sombra en tus pestañas)


Salamandra

llama negra

heliotropo

sol tú misma

y luna siempre en torno de ti misma

granada que se abre cada noche

astro fijo en la frente del cielo

y latido del mar y luz ya quieta

mente sobre el vaivén del mar abierta


Salamandra

saurio de unos ocho centímetros

vive en las grietas y es color de polvo

Salamandra de tierra y de agua

piedra verde en la boca de los muertos

piedra de encarnación

piedra de lumbre

sudor de la tierra

sal llameante y quemante

sal de la destrucción

y máscara de cal que consume los rostros


Salamandra de aire y de fuego

avispero de soles

roja palabra del principio


La salamandra es un lagarto

su lengua termina en un dardo

su cola termina en un dardo

Es inasible Es indecible

reposa sobre brasas

reina sobre tizones

Si en la llama se esculpe

su monumento incendia.

El fuego es su pasión es su paciencia

Aguamadre

Salamadre”



19. Un pensamiento para hoy:

La calle.

“Es una calle larga y silenciosa.

Ando en tinieblas y tropiezo y caigo

y me levanto y piso con pies ciegos

las piedras mudas y las hojas secas

y alguien detrás de mí también las pisa:

si me detengo, se detiene;

si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.

Todo está oscuro y sin salida,

y doy vueltas y vueltas en esquinas

que dan siempre a la calle

donde nadie me espera ni me sigue,

donde yo sigo a un hombre que tropieza

y se levanta y dice al verme: nadie”.



20. Cómo quisieras morir:


Ejercicio preparatorio.

(Díptico con tablilla votiva)


Meditación

(Primer tablero)


La premeditación de la mort est premeditación de la

liberté. Qui a apris à mourir, il a desapris à desapris á servir.

Michel de Montaigne


“La hora se vacía.

Me cansa el libro y lo cierro.

Miro, sin mirar, por la ventana.

Me espían mis pensamientos.

Pienso que no pienso.

Alguien, al otro lado, abre una puerta.

Tal vez, tras esa puerta,

no hay otro lado.

Pasos en el pasillo.

Pasos de nadie: es sólo el aire

buscando su camino.

Nunca sabemos

si entramos o salimos.

Yo, sin moverme,

también busco —no mi camino:

el rastro de los pasos

que por años diezmados me han traído

a este instante sin nombre, sin cara.

Sin cara, sin nombre.

Hora deshabitada.

La mesa, el libro, la ventana:

cada cosa es irrefutable.

Sí,

la realidad es real.

Y flota

—enorme, sólida, palpable—

sobre este instante hueco.

La realidad

está al borde del hoyo siempre.

Pienso que no pienso.

Me confundo

con el aire que anda en el pasillo.

El aire sin cara, sin nombre.

Sin nombre, sin cara,

sin decir: he llegado,

llega.

Interminablemente está llegando,

inminencia que se desvanece

en un aquí mismo

más allá siempre.

Un siempre nunca.

Presencia sin sombra,

disipación de las presencias,

Señora de las reticencias

que dice todo cuando dice nada,

Señora sin nombre, sin cara.


Sin cara, sin nombre:

miro

—sin mirar;

pienso

—y me despueblo.

Es obsceno,

dije en una hora como ésta,

morir en su cama.

Me arrepiento:

no quiero muerte de fuera,

quiero morir sabiendo que muero.

Este siglo está poseído.

En su frente, signo y clavo,

arde una idea fija:

todos los días nos sirve

el mismo plato de sangre.

En una esquina cualquiera

—justo, omnisciente y armado—

aguarda el dogmático sin cara, sin nombre.


Sin nombre, sin cara:

la muerte que yo quiero

lleva mi nombre,

tiene mi cara.


Es mi espejo y es mi sombra,

la voz sin sonido que dice mi nombre,

la oreja que escucha cuando callo,

la pared impalpable que me cierra el paso,

el piso que de pronto se abre.

Es mi creación y soy su criatura.

Poco a poco, sin saber lo que hago,

la esculpo, escultura de aire.

Pero no la toco, pero no me habla.

Todavía no aprendo a ver,

en la cara del muerto, mi cara”.



21. El estado actual de tu alma:

Entre irse y quedarse.

“Entre irse y quedarse duda el día,

enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:

en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,

todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz

reposan a la sombra de sus nombres.


Latir del tiempo que en mi sien repite

la misma terca sílaba de sangre.


La luz hace del muro indiferente

un espectral teatro de reflejos.


En el centro de un ojo me descubro;

no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,

yo me quedo y me voy: soy una pausa”.



22. Tu mayor secreto:

Identidad.

“En el patio un pájaro pía,

como el centavo en su alcancía.

Un poco de aire su plumaje

se desvanece en un viraje.

Tal vez no hay pájaro ni soy

ese del patio en donde estoy”.



23. Tu lema:


La palabra dicha.

“La palabra se levanta

de la página escrita.

La palabra,

labrada estalactita,

grabada columna,

una a una letra a letra.

El eco se congela

en la página pétrea.

Ánima,

blanca como la página,

se levanta la palabra.

Anda

sobre un hilo tendido

del silencio al grito,

sobre el filo

del decir estricto.

El oído: nido

o laberinto del sonido.

Lo que dice no dice

lo que dice: ¿cómo se dice

lo que no dice?

Di

tal vez es bestial la vestal.

Un grito

en un cráter extinto:

en otra galaxia

¿cómo se dice ataraxia?

Lo que se dice se dice

al derecho y al revés.

Lamenta la mente

de menta demente:

cementerio es sementero,

simiente no miente.

Laberinto del oído,

lo que dices se desdice

del silencio al grito

desoído.

Inocencia y no ciencia:

para hablar aprende a callar”.






Mafalda desde si misma...


martes, 15 de noviembre de 2011

Erizo trabajando...





Algunas veces no me entiendo. Lo peor, nunca entiendo a los otros. Voy a un lugar y luego de vuelta al sitio de salida. Me encuentro a mis anchas en mi burbuja, salgo de ella cuando me viene en gana. En este momento escucho a Peter Gabriel : "In yours eyes"; tomo un café; leo; escribo. No entiendo, es seguro que este "no entender" sea secundario a no aceptar que otros no me entienden y yo no los comprendo. Cada quien en su mundo y en sus cuatro paredes de egoísmo. Si le diéramos forma al egoísmo tendría cuatro paredes y, eso sí, ninguna ventana. No ver más allá porque en el mundo del egoísmo no existen las ventanas.

Es la tercera vez que me sucede esto, ahora no me siento como antes, no, hoy me encuentro cansada de la repetición. Yo, la erizo colorada está agotando sus reservas para no tocar el techo, donde se encuentra la intolerancia.

Por favor no me toquéis, puedo hacerte daño con las espinas. Hoy aprendí algo, eso de las sorpresas es algo que no todas las personas sabemos dar. Siempre he sido muy torpe en ese aspecto, con los novios, con los amigos, con la familia: o digo sin querer lo que era un secreto, o no lo digo y se jode el asunto y me quedo de un palmo.



Pasaré a lo mejor de este día, espero que con esto se me aplaque el pelambre:

Hoy recibí alegría, enseñanza y apoyo, gracias.

Pronto estrenaré cueva remodelada.

En unas semanas no caminaré tanto para comprar mi café, lo que no me gusta de esto último es que no es "De la selva", digo, por qué no dar esa oportunidad a los nuestros, ¡carajo!

Me pasearé, independientemente (ufff, qué palabra tan larga) de todo...s.



Tengo un recuerdo chido y al mismo tiempo melancólico. Hace algunos años me encontraba decepcionada de dos personas que idealicé, llovía, era otoño; llegué al primer café que se me atravesó y me puse a escribir un cuento. Ahora ese cuentito, que por cierto publiqué en un blog colectivo donde fui invitada y que sólo una persona fue a leer y es probable que con el ceño fruncido haya colocado su comentario; ese cuentito, ganó para ser publicado en una reseña.

¿Será que, con un estado de ánimo similar me salga algo digno de publicación?, jeje, a ponerle empeño pues...

Por cierto, no molestar...erizo trabajando...



Foto de Katia Chausheva




Mafalda desde si misma...


viernes, 11 de noviembre de 2011

11-11-11, a las 11:11 ...





Día once, es por demás, tendré que sacar el dinero del banco y largarme por el primer camino que se pose frente a mis ojos. No se acabó el mundo, son fregaderas, tanto aviso y promesas de irnos derechito a colgar nuestros despojos a quién sabe cuál lugar de tantos que existen en este universo, y nada, purititas mentiras. Ahora tendré que seguir viva, y sin puta idea de qué carajos hacer con el tiempo limitado. Porque para acabarla de joder, vivimos limitados de tantas cosas: edad, dinero, espacio, ideas, salud, etcétera.



Me senté frente a el ordenador a las diez cincuenta y cinco horas, esperando el flachazo, o el tronido, o el zumbido, o el calor o... eso, que nos destrozará en millones de pedazos. Llegó el tan nombrado 11-11-11 y dieron las 11:11 y nada reventó. Eso sí, en caso de haber sucedido, el fin me hubiera encontrado: leyendo el diario por internet, ideando cosas en letras, imaginando...mejor manera de terminar no hay por lo menos para mi antes del medio día, ya habrá quien tenga la oportunidad de hacer otras cosas placenteras a las once de la mañana.



Sigamos adelante, buen 11-11-11 para tod@s, buscaré otras locuras que realizar, por si el cálculo de la hora les falló...







Mafalda desde si misma...


miércoles, 9 de noviembre de 2011

El escribano de pasiones...







¿Dónde habitarán las palabras que escribió su corazón? Él creerá que están en ese lugar oscuro arropadas de olvido. Porque fue y las regó allí, en esos sitios diferentes, a costa de palos y gritos; por momentos rozando la angustia y la locura. Lo imagino en solitario, arrastrando sus miserias afectivas, sus sentimientos fragmentados. Buscando el TODO en todas las bocas sin lograr encontrar el centro, ese, donde nace y se desborda la saciedad, la felicidad, el amor; aquel día, amando unos ojos verdes; otra semana, en el anhelo de ese cuerpo joven, irrepetible; un mes cualquiera, resbalándose entre el vientre maduro de una esposa ajena; el año siguiente, jurando amor eterno, permitiéndose un hasta siempre.


Sonrío al recordar sus asociaciones locas para explicar la atracción de dos cuerpos. Ahora sé que él es el deseo constante y personificado. Un hombre carne y fuego. ¿Era sueño o realidad lo que le motivaba en su eterna búsqueda? Porque estoy segura, ahora más que nunca, que él creía en su necesidad como explicación al vacío interno. Que incompleto sentía su pecho a un lado de un cuerpo vestido de rutina, pero al mismo tiempo, jugaba a las asociaciones para responder adecuadamente en el momento obligado.


Me gusta recopilar información y más en en estos tiempos que tengo que fabricar marionetas, jalarles los hilos, vestir muñecos con ropajes diferentes. Un buen día me descubrí actuando así, como el escribano de pasiones, como él, el insaciable buscador, el que creía en el magnetismo, en el misterio de la muerte, en la entropia, en las acciones perfectas, en el sexo sin mediocridad; el que estaba seguro que la felicidad eterna era aquello que encontraba en una sonrisa, en una cabellera, en unas piernas, en una canción, en un escote, en una tarde cálida y sencilla; el que creía estar más allá del bien y el mal.


Ahora, esa felicidad que encuentro en pedacitos, la guardo en letras, en recuerdos. No la dejo habitar en el olvido, la escribo. Me gusta disfrutar de algunos labios y, cuando nuestras bocas arden al contacto, me acuerdo del escribano, entonces, voy y lo plasmo en metáforas. Sé, como él, que esos momentos son cortos, pero que vendrán otros a remplazarlos, por eso no me preocupo. Salgo de vez en cuando a sentir en lugar de brindar. Movida por la emoción, me reflejo en espejos y cálidamente me dejo llevar. Luego, cuento la historia, me desgarro, permito que mi piel desborde amor. La rutina también me proporciona ideas, lo abochornado del ambiente lo acoplo a la estabilidad. Ahora no deseo, así como el escribano, esclusividades; cuando detecto cadenas, corro. Soy un colibrí, libre, que sólo toma la miel y se olvida del sabor amargo de las espigas.



Hoy, el recuerdo me ayuda a vivir. El día que yo muera, lo haré suficientemente viva...



Foto de Yavor Ivanov



Mafalda desde si misma...


domingo, 6 de noviembre de 2011

Dante, Virgilio y Beatriz...





No he tenido la experiencia de visitar el infierno –metafóricamente hablando. Lo más cercano fue en 1992, durante mi residencia médica, de eso hablé hace muchos posts: se trató de un juego de ideas y asociaciones, nada que ver con la permanencia en el inframundo.


Hace algunos días recordé cuando arrastraba penas, dormía dolorida, abría los ojos y tenía resaca de llanto, iba al laburo empujada por la inercia y, al regresar, el mismo círculo. Ni en esa época de tristeza sentí, estoy segura, haber sido huésped del averno.


Hoy visité la gran cueva donde guardo, en pequeños baúles, mis recuerdos. Desempolvé y limpié un poco el lugar. Leí algunos papeles doblados con empeño y protegidos en fina seda: no lloré, sólo fue que me sorprendí porque, en esos días, en medio del dolor y el abatimiento, analizaba, no tenía compasión de mi misma. Aunque en ningún momento hablé de estar o sentirme en el infierno, ni siquiera cuando alguien intentó cargar en mi consciencia una decisión dolorosa, la cual enfrentaré siempre con la cara en alto.


Qué tan atormentada puede estar una persona para sentir que habita en el infierno. Mucho, infiero y al mismo tiempo me entra una curiosidad enorme de imaginarme en el averno de Dante y darme un paseo. En internet existen video-juegos, incluso apps para celulares y tabloides.



Habrá que introducirse en los nueve niveles:

Nivel 1. (El limbo) están los muertos no bautizados

Nivel 2. Los lujuriosos

Nivel 3. Los glotones

Nivel 4. Los avaros

Nivel 5. Los iracundos

Nivel 6. Los herejes y epicúreos

Nivel 7. Los violentos divididos en grupos: violentos contra el prójimo, contra sí mismos, y contra Dios

Nivel 8. Los fraudulentos, divididos en diez hoyos concéntricos o `'bolsas''

Nivel 9. Con cuatro zonas, donde se encuentran los gigantes traidores agrupados por el objeto de su traición


Con qué propósito: el caos. Cuando las cosas a nuestro alrededor –incluso la moral– pierden su identidad, y no se logra visualizar la belleza del universo, se entra al caos, a la nada. Experimentar los nueve niveles del infierno nos introduce a un lugar muy peligroso. Pero al fin de cuentas, se trata de una travesía liberadora, un recorrido para lograr llegar a la montaña de la felicidad. Quién sería mi Virgilio (personifica la razón) y quién esa Beatriz (personifica la fe), para acompañarme en la aventura.


Al mismo tiempo imagino a uno que otro de nuestros inútiles personajes de la política metidos ahí, en el mismísimo infierno. Atorados entre el nivel ocho y nueve –o en niveles aún más iniciales–, ahogándose en su penas y tormentos. Obispos, cardenales, sacerdotes y tal vez algún papa, sin lograr avanzar por ese terreno en forma de cono (descrito así por Dante), desesperados, achicharrándose en medio de sus miserias y sus malas acciones, las cuales visualizaran de forma repetitiva, hasta que sus ojos, desorbitados, no puedan discernir los bordes ni las limitaciones, porque se han mezclado allí y se han convertido ellos en un todo; nada más y nada menos que con el propio averno. Digo propio porque así es, cada quien tiene su infiernillo en llamas de grado variable. El mío es virtual en este momento, y espero que así siga siendo hasta el final de mis días.



Y el tuyo, ¿qué tal?



Foto de Gordana Popovic



Mafalda desde si misma...


sábado, 29 de octubre de 2011

¡Qué tiempos aquellos!..





Se acerca el invierno y yo sin lograr disfrutar del otoño, ni mucho menos me bronceé en verano. Dediqué una buena parte de mi tiempo, este último año y medio, en tranquilizar familia e infundirme ánimos. La calma no ha llegado por completo, pero el horizonte se percibe con buenos derroteros y adecuado pronóstico -con lo que respecta a salud y la economía familiar.


Mi hermana vive. Mi madre permanece. Mis hermanos trabajan. Mis sobrin@s maduran. Yo, escribo, aunque muy poco.


Se acercan vientos muy complicados para mi país. Recuerdo que inicié este blog en el año de la elecciones del 2006. ¡Qué tiempos aquellos!, dicen. Conocí a bloggers intensos, comprometidos, inteligentes, misteriosos, conocedores, panistas, priístas, perredistas, acomodados, desacomodados, desorientados, locos, impacientes, cultos, etcétera.


Me encantaba leer debates en el blog de Erat Hora (http://erathora.blogspot.com/) donde, Beam, ahora un twittero popular (@Beam) y además columnista de deportes (www.nwla.tv), no tenía misericordia, aplastaba con burlas intensas a los derechistas. La Toncha, ¿alguien la recuerda?, era implacable con el enemigo. Pero Erat (periodista y escritor), con esa inteligencia pausada, siempre ponía orden. Porque en esos días existieron fregadazos, mentadas de madre, sangre derramada, piedrazos, lagrimeos, desgreñados, berrinches, cachetadas con guante blanco y con negro también, pero todo fue virtual, cibernéticamemte hablando.


Sospecho con el pecho y calculo con... el pie derecho, que en el 2012 será mejor. Por cierto, debo decirles que hasta me estoy sobando las manos. Mmm, bueno, eso es además por mi artritis, pero de que me estoy saboreando con anticipación, no les quepa la menor duda. Me dediqué estos días a buscar esas páginas (blogs), que sé, pronto, abrirán sus puertas a los debates y comentarios. ¡Ah! qué tiempos aquellos, Don Vicente, ¡ah, no!, fue Don FECALoide, ¿verdad?


Ahora deseo también, conocer a gente comprometida con la información, con su decisión, con su país. Que entren a leer, a informarse, a tratar de entender, a preguntar. Porque la política es complicada. Hace unos meses, un compañero médico muy inteligente se cuestionaba a si mismo con lo que respecta a la información que trasmiten los medios de televisión, ¿qué hacer si nos mienten?, decía. Habrá que leer periódicos mi querido Julián, investigar, desechar absurdos, aprender a discernir y desmenuzar la mentira. Madurar en el sentido político es nuestra obligación ciudadana, mientras no lo hagamos seguiremos impartiendo nuestro voto con irresponsabilidad, con palos de ciego y, los resultados, seguirán siendo nefastos.



El país se ha complicado de tal manera que temo escuchar en la radio anuncios acerca de cursos obligatorios para la población en lo que respecta a: "Reacción inmediata ante peligro inminente", "Curso intensivo de RCP (resucitación cardio pulmonar) a persona con herida por arma de fuego", "Qué hacer si el ejercito te confunde con narcotraficante o con capo". Lo digo por que escuché hace unos días acerca de un taller : "Qué hacer ante fuego cruzado", ¡vaya pues!



Este post será mi antesala a las próximas madrinas... Jeje, que se suscitarán en blogger, twitter y facebook.



Los espero, pónganse guantes.





Mafalda desde si misma...


miércoles, 31 de agosto de 2011

Día del Blog...






En 2006, mes de abril, abrí éste blog. No imaginé que después inventarían el día mundial del blog. Hoy Twitter es la inmediatez en su máxima expresión cibernética. El blog, la vía para el desarrollo y planteamiento de la idea. Ay de aquel que no esté en esta actualidad, aunque sea para decir y trasmitir tonterías; les aseguro que se pierden de una experiencia fabulosa.

Coloco por un lado el sentimentalismo y quiero dejar aquí mi firma: manifestación legítima de lo que opera en mi cabeza. Letras que dibujan mi sombra, componente primordial de mi paseo por éste mundo. Cada entrada a mi Casa, se acompaña de un aleteo, y cada vuelo, les dejará la idea.

Algún día dejaré de escribir, cerraré la Casa de Ateh, por hoy…aquí permanezco.

 
FIRMA: Un ser de este mundo.
 
 
 
 
 
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jueves, 3 de febrero de 2011

Hasta siempre...




Regresé a nuestro lugar común. Planté el paso, segura de no claudicar. Existen sitios que nos pertenecen porque allí estuvo nuestra sombra. Descalcé mis pies, abrí completos los dedos y luego los hundí en la tierra húmeda de ese jardín secreto, entonces, logré el contacto. No me estremecí cuando el viento lanzó grosero tu olor ni cuando las hojas secas me recordaron tu paso austero y lento.

Hola, amor, estoy aquí como siempre, dijimos los dos.

 
 
Firma:  Un ser de este mundo.
 
 
 
 
 
 
 
 
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lunes, 3 de enero de 2011

Lo bizarro...



Por fin llegó el 2011, lo recibí trabajando. El pitar de monitores acompañó las doce campanadas. Pasar la navidad o el año nuevo de guardia cuidando enfermos me resulta un poco bizarro. Los que no están familiarizados con el ambiente médico idealizan a las batas blancas.  Auté dice: “Así sabrás que la rosa es rosa por bella y no porque en ella respire una flor”, los invito a moderar su entusiasmo cuando conozcan a algún medicucho .



Durante la residencia médica me acostumbré a realizar el brindis a la carrera, o colocando un catéter, o intubando un paciente o… ¿ya son las doce? decía e interrumpiendo el teclear en la máquina de escribir, me levantaba apresurada para ir a la probada de pavo, romeritos, pierna, pozole, ensalada de manzana, etc., que llevaban las enfermeras. De pronto aparecían las botellas de vino, tequila, ron, etc. Se organizaba el bailongo y bueno, no faltó el que se puso saleroso y terminó tumbado en alguna cama de la residencia médica y en abrazo conyugal.



Un festejo bizarro porque, entre cuerpos mórbidos, se establece una inmediatez inexplicable. Entonces, se mezcla por un momento: el dolor y la alegría; la muerte y la vida; la desesperanza y la ilusión.



Escucho con frecuencia elogios al trabajo médico, al “sacrificio” de una vida “normal” por el cuidado a otros. Muchos médicos prefieren pasar la navidad y recibir un nuevo año trabajando en algún hospital, a estar con su familia. Y creo, sin temor a equivocarme, que muchísima gente odia estas festividades por desapego familiar o por la mercadotecnia. Tal vez les gustaría tener un pretexto mayor (un trabajo nocturno) para evitarse el papelón de andar dando abrazos y buenos deseos.



Cada año escucho las mismas quejas, observo las mismas actitudes.



Mis primeros recuerdos de estas festividades son a lado de mi madre y mis hermanos. Han desfilado otros personajes, pero los fijos son ellos, mi familia cercana, que poco a poco va creciendo en número y edad. Y por cierto, estamos juntos no sólo en diciembre sino cada fin de semana.



Soy afortunada de tener la familia que tengo, de sentirlos y disfrutarlos.



He pasado navidades y años nuevos cuidando enfermos, pero sucede que en cuanto me desocupo, corro hacia mi gente. Voy con los que amo y me aman.



Soy afortunada.




: )



FIRMA: Un ser de este mundo






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lunes, 20 de diciembre de 2010

De la ausencia, del olvido...






Abandoné la secuencia. Deje de leer a muchos. Me ausenté por semanas. Un día quise cerrar los comentarios. Otro más decidí no dejar huella de mi paso en ningún blog.

Por semanas he disfrutado de la lectura. El stress se acompañó de fatiga que sólo logré mitigar con imágenes provenientes de relatos, novelas y cuentos. Tuve insomnio y para no desesperar, leí.

Me llegó cierta tranquilidad, entonces, intenté retomar el hilo de posteo, visita y comentarios. No lo logré y descubrí que no me preocupa volver a hacerlo.

Se acerca un año nuevo y este espacio se hará más viejo. Es mi lugar de reflexión y manifestación. Es donde habita mi yo acompañado de soledad.

Agradeceré al que se pasee por la biblioteca, al que elija alguna canción de la rocola, al que le regale un terrón de azúcar a mi Cornelio, al que me visite en silencio, al que de vez en cuando deje un saludo.

Me disculparé de antemano por no ser recíproca. Así es, no lo seré. Aquí estaré en la casa pintada con té sólo porque es MI hogar.  El que me visite lo hará por deseo sincero de estar presente y no por obligación o interés de que yo pasee por su blog. 


¡Hey, amigo(a)!, si me necesitas ya sabes en dónde encontrarme.



¡FELICES FIESTAS!




FIRMA: Un ser de este mundo.







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lunes, 13 de diciembre de 2010

Mudanza...




He dedicado algunos días a escribir microficciones. No entiendo cómo lo hice, no son fáciles para mi.  Ojalá alguna sea buena.
Les comparto esta.
¡Ah!, y la imagen es para ustedes, escriban de ella lo que quieran...




Mudanza



por Mafalda



¿Cómo pudiste amar a una desconocida? No lo entiendo. Allí había silencio. Huertas sembradas de osadía. Devaneos ataviados de imágenes trucadas. Y te fuiste, hipnotizado, hacia la pantalla; al diálogo que parecía un manual de cortejo donde cada uno se inventa una historia. La palabra edificó magia, cercándolos. Fue una obra elaborada desde lo imaginario a través de la necesidad. Traspasaste la ventana de ese mundo. Ahora, busco tu nombre en la sección amarilla; te he perdido.


FIRMA:  Un ser de este mundo





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sábado, 13 de noviembre de 2010

Aferrada a tu abrazo...




Estoy seca. No logro archivar en casa las ideas. Le daré vacaciones a la palabra. Hablarán las imágenes por un tiempo. Cornelio los acompañará en el recorrido. Él también sabe de mis gustos musicales, así que se encargará de darle vuelo a la rocola.  Los invito a dejarse llevar a través de la mirada.  Imaginen qué deseo trasmitirles y plasmenlo en letras. Creen historias, microficciones, relatos, locuras.


FIRMA:  Un ser de este mundo





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lunes, 18 de octubre de 2010

Ella y la otra...



Ser una mujer territorial puede provocar guerras incomprensibles. Aislarse en su caso tiene una finalidad: evitar chismes en ambiente hostil.  Le incomoda andar llevando y trayendo información. Su personalidad es solitaria, nunca le gustó el protagonismo ni la popularidad. Conoció compañeras que sufrían mucho cuando se percibían amenazadas por otras populistas o protagonistas. Salían pelos y uñas volando durante los agarrones.  No le había tocado protagonizar una guerra laboral donde el enojo de una parte lleva escondida una razón patética. 

Ella es una isla, la otra un bullicio. En todo este tiempo ella no se preocupó, ni le interesó la necesidad de la otra de ser vista. Ella brilla a su manera y sin pitos ni serpentinas de por medio, eso lo sabe desde siempre. Tienen una afinidad (el laburo), no más.

La otra piensa que la gente está al pendiente de lo que hace. Su “perfección” es más bien preocupación de ser criticada y eso la angustia de sobremanera. Cada cosa que dice y hace tiene una finalidad: agradar y recibir aplausos, si no sucede…¡sufre!

Ella piensa: ¡Qué inseguridad!  La toleró por mucho tiempo.  Ella también tiene defectos y muchos por cierto. Por momentos la otra raya en lo superficial. Incluso a ella le divierte la inmadurez de la otra.

Ella se enteró que la otra, indaga cómo la definen -a ella- otros:   Es “ligth”, dicen.  Entonces, ella cree que la autoestima de la otra depende de andar preguntando, ya que no le encuentra sentido a ese tipo de cuestionamientos.

A ella el protagonismo de la otra le resulta risorio y por momentos incómodo.  La otra a su  protagonismo le dice “responsabilidad”.  La otra es capaz de hundir a ella por una dosis de vanidad o de salirse con la suya.  "Antes muerta que perder una batalla verbal", piensa la otra. 

La tolerancia de ella terminó cuando la otra intentó curar el no respeto que le manifiestan en otros lugares y  muchas personas, a costa de humillarla.

Lo bueno de esto es que ella descubrió que es imitable, envidiable. Por momentos su personalidad silenciosa, de manera secundaria, muestra la falsedad humana de otros.

"¡Lástima!", piensa ella, " la otra nunca aprenderá el significado de amistad, por eso está sola, sin amigas".  Ella, continuará observándola en su necesidad de ser aceptada.



FIRMA: Un ser de este mundo






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lunes, 11 de octubre de 2010

Una lucha de hermanas...




Arreglaba mis ojos y dos pestañas marcaron líneas al costado de mi nariz. Es frecuente que durante el arreglo pierda tres o cuatro por ojo. Uno de mis encantos son los ojos. Tengo semanas con mirada triste. Por más que intento imprimirles el brillo que les caracteriza no es posible, continúo con mirada triste.

Me llegaron novedades buenas que no he compartido abiertamente en este blog. Uno de mis cuentos ganó: Fue elegido y se publicará en una antología de relatos fantásticos de  Small Beer Press  en los estados unidos. Luego, se me entregó un reconocimiento de manos de Hernán Lara Zavala en la “Fundación Samperio”. Después, promocionada por el INBA, una noche leí algunos de mis relatos en "El centro de lectura condesa" . Mi maestro y cómplice (como le dice mi amiga W a Guillermo Samperio ) me dice escritora  frente al público. Y aún así continúo con mirada triste.

Ayer mi amigocha Alejandra me recordó que Mario Vargas Llosa dijo que la escritura es una disciplina de constancia. Juan Gelman mencionó también: “Pensar que el dolor o la alegría o lo que fuera es el motor del poema no es verdad. Hay grandes poetas a los que nunca les pasó nada, que nunca tuvieron un golpe; y al revés”.  Y yo sin golpe y con él; sin diciplina ni constancia no logro terminar algunos relatos que están ahí, a la mitad, a tres cuartos o casi concluidos…y con mirada triste.

No soporto ver triste a una mujer que ha dedicado su vida entera a brindar amor. Una dama que está llena de nobleza, que es desprendida, que aún en estos tiempos difíciles se atreve a creer en el ser humano, que no critica, que no guarda rencores, que se brinda sin reservas a los demás, que trasmite serenidad en cada uno de sus movimientos. Ella, con su escaso sueldo de maestra, pagó mi carrera de médico. No sé cómo quitarle el miedo a lo desconocido, cómo inyectarle confianza para superar los efectos secundarios que experimentará durante varios días. Ya logró dar el paso más difícil, aún le faltan semanas de lucha.

Ahí estaré a tu lado hermana mía como siempre hemos estado desde pequeñas…tomadas de la mano…

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Hace unos días escribí en mi twitter :  Esto 
Era bello tener tu abrazo, tu apoyo...




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martes, 28 de septiembre de 2010

En el mundo de las ideas y de los sueños...





Ser fiel a un sentimiento es una peculiaridad de pocos que muchos se adjudican. Cuando se relaciona sentimiento y fidelidad, el primero le resta seriedad al segundo. Con eso de que los sentimientos son efímeros: por lo tanto se trata de utopías, dirán los pragmáticos.

Si nos referimos a deseos o expectativas y de la fidelidad de nuestras acciones para llegar a ellos, los literales entonces dan saltos y votan acuerdos concisos y directos para reafirmarlos. Conozco a personas que marcan una línea de meta y no paran hasta que la cruzan con las manos en alto. Estoy segura que también saben de personalidades así, a lo mejor ustedes forman parte de ese grupo.

“Es fiel a sus sentimientos” dice alguien refiriéndose a determinado sujeto que en medio de las tempestades (no patológicas ni dependientes) continúa afianzado a un sentimiento; a aquel que reafirma su afecto echando mano del difícil arte de ajustar el equilibrio y, a partir del mismo, logra mantenerse nivelado.

La fidelidad es un acuerdo, de primera instancia, a uno mismo y de manera secundaria a la contraparte. No se debe confundir con aferración ni mucho menos con obligación.

¿En qué momento ser fiel a un deseo se convierte a los ojos de los otros en egoísmo?


Conocí una historia:
Una mujer de provincia que deseaba dejar atrás el estereotipo de ama de casa criadora de hijos; en su primera salida para conocer el mundo, se embaraza de un profesionista quien la convence para ser madre y esposa. Tiene con él dos hijos más y también, en secreto, persiste fiel a su deseo: volar, ser independiente, mirar lugares lejanos. La imposibilidad la transforma en sombra taciturna. Trabaja hora tras hora primero para sus hijos (eso se repite una y otra vez), después, cuando los hijos son profesionistas, para lograr ese deseo al que sigue siendo fiel en contraparte a la infidelidad de su esposo.

“No me conoció, no sabe quién soy, siempre estaba trabajando”, dice su hijo mayor quien la admira por su empuje. Aunque al mismo tiempo y cuando la ocasión lo amerita, menciona la valentía e inteligencia del padre profesionista para convencerla de no abortarlo a él, el primogénito. “Yo no estaría aquí, agradezco la oportunidad”, finaliza diciendo con cierto grado de emotividad.



Este es un ejemplo de fidelidad de un deseo, que si bien para algunos resultaría fuera de lugar y tiempo, para otros con mentes volátiles, les motiva a imaginar lo sucedido si la mujer hubiera abortado. De estos últimos: habrá quienes la critiquen, pensando que es un claro ejemplo de egoísmo, llevándola por los caminos intrincados del castigo divino. No olvidemos a los hijos, ¡juzgadores puntuales!

Se cargan las acciones como costal en la espalda; se cargan las consecuencias de las mismas en las plantas de los pies. Los deseos y sentimientos los guardamos bien doblados por debajo de la almohada, para actuarlos en ese otro lado...en el mundo de las ideas y de los sueños.

Pertenezco a las que saben ser fieles a ciertos sentimientos y uno que otro deseo.



¿What about you?



FIRMA: Un ser de este mundo

Imagen de inicio cargada en flickr por Helen Sotiriadis






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martes, 21 de septiembre de 2010

Analfabetismo incipiente...



“Voy a ir, quiero ver qué tal se siente andar entre intelectuales”, me dijo un amigo por correo después que lo invité. Incluso me interrogó: “¿Darán café o vino?"  Éste cree que se trata de un congreso médico donde se derrocha chupe y comida. Se me ocurrió decirle que se comprara un capuchino en el Starbucks que está cerca del Centro de Lectura, y de paso uno para mi. Con lo que respecta a saber si se “siente” la intelectualidad, no supe que decirle. El gremio médico se acompleja cuando le hablan de literatura (no generalizo, conozco algunos garbanzos de a libra).

Estoy cohibida. Pocos saben que por momentos me siento a inventar historias. Son escasos los que tienen conocimiento de que asisto, desde hace varios meses, a un taller de cuento y microficción. Un grupo reducido ha sido al que le revelé que uno de mis relatos ganó para ser publicado en una antología de cuento (en diciembre 2011), junto con escritores reconocidos en  Small Beer Press  en los EU.

Estaba merodeando en internet para ajustar el ansia, y un twittero recomendó este fragmento de un libro de Jorge Ibargüengoitia, muy a doc con lo que siento en estos momentos.


Lo comparto con ustedes está fabuloso.

Mañana será mi debut.







¿USTED TAMBIÉN ESCRIBE?
Analfabetismo incipiente

Según parece, en los Estados Unidos el número de personas que han escrito una novela es monstruoso. Muchas veces mayor, por supuesto, al número de personas que han publicado una novela. En nuestro medio, inclusive, a pesar del elevado número de analfabetismo que tenemos, el número de personas que creen que podrían escribir una novela con las experiencias que han tenido en su vida, es tremendo. Un soneto es algo mucho más difícil porque hay que aprender a rimar y a contar sílabas. Pero una novela. ¡en prosa! es la cosa más fácil del mundo. Basta con sentarse frente a una hoja de papel y contar todo lo que nos ha pasado en nuestra vida, que es tan interesante. Lo malo es que no tiene uno tiempo, porque hay que trabajar para sostener a la familia, llevar a los niños a la escuela, ir a fiestas, lambisconear al jefe, etcétera. En realidad, escribir novelas es un trabajo de ociosos. Pero eso no quita que la mayoría de la gente tenga un talento novelístico innato, o mejor dicho, literario. La prueba está en las composiciones que hacíamos en la escuela y las dedicatorias que poníamos el día de las madres.
Eran geniales. 



Esta situación, la de vivir en un medio de novelistas potenciales, no frustrados, porque nunca han intentado ejercitar sus talentos, ni fracasado en el intento, hace que personas como yo, que no hacemos más que lo que todos podrían hacer, seamos considerados como una raza parasitaria, superflua y, francamente, de muy poco talento, porque nos cuesta un trabajo horrible hacer lo que todos harían en sus ratos de ocio. Por otra parte, esto de usar para expresarse un medio que todos conocen a la perfección desde primero de primaria, hace que los escritores tengamos una cantidad de críticos exactamente igual al número de personas que saben leer y escribir. El de lectores, en cambio, es mucho más reducido, porque la mayoría de los críticos son apriorísticos.



— ¡Novelas, las mías!— dicen, y no compran las nuestras. Criticar a un pintor o a un músico es más difícil. Al primero porque sus cuadros no los ven más que los culteranos que van a las exposiciones, y porque, además, ése sabe mezclar los colores, que requiere cierta ciencia; al segundo, porque nadie sabe leer música. Esos son desechados por locos que, en nuestro medio, es lo mismo a ser desechado por genio. Pero nosotros, los escritores, estamos en la línea de fuego.




—Oye, ¿cómo no me habías dicho que eras escritor?— me preguntó una mujer con quien he tenido la desgracia de trabajar varias veces en congresos—. A ver qué día me regalas uno de tus libros.
Ha de creer que uno tiene que andar anunciándose, y que los libros los escribe uno para regalarlos. Yo nunca le pregunté si era casada, y si me enteré de que tenía una tortillería automática, fue por boca de terceros.
Además, nunca se me hubiera ocurrido pedirle una tortilla. 



—Oiga, patrón, ¿cuándo escribe un libro de veras bueno?— me preguntó un mimeografista a quien cometí la torpeza de regalarle un libro—. Digo, porque ése es de relajo.
Pasa uno muchas vergüenzas.



—Tus libros me parecen superficiales— me dijo una culta, y por supuesto, mal educada—. Pero mi yerno dice que tienen mucho porvenir, y él es argentino.
Fue un consuelo.




Pero veamos cómo se comportan las demás profesiones. Un ingeniero se pone Ing. antes del nombre, y cuando su mujer llega a la casa, le pregunta a la criada: ¿ya llegó el ingeniero?Ninguna esposa de escritor le ha preguntado nunca a ninguna criada si ya llegó el escritor. Entre otras cosas, porque lo más probable es que no tenga criada, y porque sabe que su marido no ha salido; está en su cuarto, frente a la máquina, devanándose los sesos. 



Un Lic., un Arq., un Dr., un Ing. antes del nombre, o un CPT después son signo de que alguien se ha pasado años leyendo libros que nadie leería de motu proprio. ¿Pero nosotros? para escribir novelas no se necesita más que leer novelas, que, después de todo, se supone que la gente lee por gusto.
Así que además de parásitos superfluos, somos hedonistas.


Pero como para adquirir prestigio no podemos recurrir a la aridez, porque sería contradecir los principios mismos de nuestro arte, podemos acudir a otras profesiones, que además de lo difícil del estudio, tengan otras características que provoquen respeto por parte del público.Un psicólogo, por ejemplo, es, en sociedad, mucho más aplastante que un ingeniero, aunque sea más difícil calcular un edificio que sentarse media hora a escuchar lo que dice un paciente. Todos le tienen miedo porque creen que les va a descubrir un defectazo. La mecánica de este proceso es que el ignorante no sabe qué signos pondrán en evidencia qué cosa. La magia del psicólogo está en que él descubre lo que nadie ve y llega a conclusiones que nadie entiende.
La base del prestigio es la incomprensión. 



Esto puede ser la salvación del escritor. Si, por ejemplo, en vez de contar la novela de principio a fin, la cuenta del fin a principio, si repite la misma escena desde tres puntos de vista diferentes, si quita del diálogo los nombres de los interlocutores, si describe una mesa como si fuera un paisaje, y un paisaje como una mesa, logrará confundir completamente al lector. Es posible que éste nunca termine de leer la novela, pero respetará al que lo escribió.
De ahora en adelante escribiremos así y dejaremos de ser parias. 



Primer capítulo del libro: "Ideas en venta" de Jorge Ibargüengoitia



FIRMA: Un ser de este mundo






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