Es la segunda semana que coincido por la tarde en el lugar donde entreno, con un corredor venezolano que llega acompaƱado de su hija. Se trata de una loca bajita que carga aproximadamente 3 aƱos de edad, de inquietud intensa, ojos negros, pelo rizado y con un acento caribeƱo muy marcado y simpĆ”tico. ĀæYa puedo entrenar con vos?, me dijo ayer cuando terminaba mis kilĆ³metros del dĆa. Me sorprendiĆ³ escuchar el "vos", desconocĆa que lo utilizarĆ”n en Venezuela. El miĆ©rcoles mi coach y yo tambiĆ©n coincidimos con ellos, incluso se enojĆ³ cuando nos fuimos: y ahora quiĆ©n me va a cuidar, protestĆ³. No he platicado mucho con el papĆ”, ella, la loca bajita, tal vez aleccionada no dice ni su nombre. Pregunta a mi padrrree, me contesta cada que intento saber aunque sea su mote. El viernes pasado no lo acompaĆ±Ć³, el venezolano fue solo a la pista. Terminamos de entrenar Ć©l y otro corredor casi al mismo tiempo. Mientras enfriĆ”bamos los tres platicamos, fue que me enterĆ© que correrĆa con un grupo de amigos el medio maratĆ³n de la Ciudad de MĆ©xico y, de acuerdo a cĆ³mo le fuera y se sintiera, a lo mejor se sortearĆa el maratĆ³n, nos estuvo regalando consejos para correr el medio del DĆa del padre y nos hablĆ³ acerca del grupo de venezolanos que son sus amigos runners.
Ayer, el demonio enano de 3 aƱos, se colgĆ³ de mi mano durante mis vueltas de recuperaciĆ³n, llevaba cargando un muƱeco pelĆ³n. ĀæCĆ³mo te llamas?, insistĆ. No cediĆ³. Se dedicĆ³ a platicarme acerca de su juguete y de que le gustaba cuando su padre la lleva a los juegos. Yo estiraba y ella tambiĆ©n. Mientras eso sucedĆa, el papĆ” daba vueltas en la pista. ĀæQuieres que te tome una foto?, me dijo de repente, le extendĆ mi celular y clic, clic, clic. Por ahĆ aparece en una el padre de la loca bajita, que no es tan mala para sacar fotos por cierto. A ella no le tomĆ© ninguna, no lo pienso hacer sin el permiso del papĆ”.
Me inquieta que lleven niƱos y los dejen por ahĆ, mientras los padres andan entrenado. Son tiempos difĆciles. Ayer, cuando me fui, la dejĆ© en la arena que utilizan para entrenar salto, estĆ” en un extremo de la pista, se quitĆ³ los zapatos y se puso a hacer castillos. Nos vemos luego, me gritĆ³, meneando su manita...
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