• De por qué no fui Psiquiatra...








    Hablaba acerca de sus viajes a lugares lejanos. Describía ciudades y experiencias a detalle. La colección de autos antiguos de su padre, se convirtió en el sueño dorado de varios. Sus padres conocían Europa como la palma de su mano; pronto viajaría con ellos a Tokio. Les traeré unas postalitas, un día nos dijo despectiva.
    Le pondré por nombre Rebeca a esta mujer que conocí en la facultad de medicina, el verdadero me lo guardo en el baúl de los recuerdos. 
    Rebeca tenía una memoria prodigiosa, característica elemental y necesaria para poder recrear con detalle y sin contradicción, la infinidad de cosas que ella decía conocer y hacer. Fruncía la nariz cuando alguien le invitaba a por una torta, unos tacos o tamales; decía no con un movimiento leve y rápido de su dedo índice. Sentaba su corpulencia regordeta y compacta de tal forma, que parecía temer contagiarse de alguna especie rara de acaro asesino que vivía en las bancas y sillas. Contraía su cuerpo a la mínima expresión, por supuesto no lo lograba, y retenía por momentos el aliento, para luego, sacarlo en soplitos lentos. Todas estas poses eran con la finalidad de mostrar una actitud de sofisticación. Fumaba con boquilla y la manera de cruzar las piernas, le extendía las caderas hacia los lados, haciéndola ver muy ancha.
    Rebeca era mitómana. Desde el primer momento que la escuché y miré lo supe y  al mismo tiempo también, descubrí que yo no tendría la paciencia de un Psiquiatra.  Cuando Rebeca empezaba con sus delirios de grandeza, yo daba media vuelta y dejaba al grupito tolerante ahí, escuchando fantasías. Intenté no sentirme irritada cuando descubrí que Rebeca esperaba hasta que todos nos retiráramos de la facultad, para ir a buscar a su padre anciano, que aguardaba en un volkswagen viejo, cerca de la facultad de filosofía y letras para llevarla a casa: Rebeca se avergonzaba de él.  Esa buena memoria y capacidad de retención le ayudó para sacar notas sobresalientes. En sexto semestre tomamos diferentes caminos. Hoy no sé si logró ser y tener lo que anhelaba en sus delirios: casarse con un extranjero, culto y millonario.
    Admito que no tolero a los mitómanos, a los que no se aceptan tal como son, a los acomplejados: son tan infelices. Y mucho menos los soporto, cuando en aras de ser aceptados y tener credibilidad en sus poses falsas, provocan un ambiente que perjudica a terceros.   Decía Antístenes: su propio carácter los corroe tanto como la herrumbre al hierro. 


    Recuerdo del día:  Para esas “faltas” habrá que comprar el relleno.  Me hubiera gustado delinear su sombra y después, a través de ella, crear uno igual a él para dormir en sus brazos cada noche.
    El fetiche que no habla. “Las violetas son flores del deseo” de Ana Clavel es una historia acerca del proceso de sustitución. Julián Mercader sustituye con muñecas la pasión por su hija y que lo enloquece. Un libro sensual y sexual. 
    Inicia Ana Clavel: “La violación comienza con la mirada”. 
    Una recomendación para los que disfrutan la psicología de los personajes.


    Foto de The Big Sis





1 locos como ella comentando:

  1. Champy dijo...

    Chingonsisimo inicio. Ya lo quiero. Maybe voy a tu huge city pa'que me lo tengas.
    Y que bueno que no fuiste loquera, porque entre la Debe and moi te hubiéramos desquiciado.....mas.

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