• Quisiera ser Ludmilla...





    No sé rezar, dijo, y creo que apenas logró visualizarme porque las lágrimas se lo impedían. Lloró en espasmos mucho rato, yo me movían inquieta por un lado suyo y sobre el banco de madera, sin atinar qué decir o hacer. Sus gemidos resonaban alto en el pequeño santuario. Abraham se rompía por dentro y yo, me sentía asustada al descubrirlo vulnerable. Pensé que se tiraría al suelo en cualquier momento. Hubo un lapso que percibí muy prolongado en el cual no se movió, no sollozó, no habló, incluso sospeché que se había dormido. De reojo vi que mordía su labio inferior y, un hilillo de sangre, escurrió manchando su playera color caqui. Miré sus hombros rígidos levantados y rozando sus orejas; se aferraba fuerte con las manos a sus rodillas, hasta cortarles la circulación, por eso las miré pálidas. No recuerdo bien que fue lo primero grito, estoy segura que se trató de algo raro, ya que no quedó grabado en mi cabeza asustada y loca, pero lo que siguió, eso sí que lo sé: ¡Ya estás muerta!, esto es todo, ni una lágrima más. Te debo el rezo; papá se encargará de los padres nuestros. ¡Adiós, mamá!

    Así despidió Abraham a su madre que tanto amó y admiró aquel lejano 20 de junio. No volvió a llorar ni hablar de ella. Yo tampoco dije ni le pregunté más acerca de eso, porque aunque él no me lo dijera, Rebequita, se instaló para siempre en el alma de Abraham para cauterizar su dolor y proporcionarle calor...



    Recuerdo del día: Me gustó el nombre de Ludmilla, me encantó el jugueteo con Marcos. Ludmilla es una auténtica hedonista, una polaquita tan quitada de la pena, atenta a las cosas tan importantes y las insignificantes también; por un momento hablando del la lucha latinoamericana y en otro instante solicitando explicación acerca de las hormigas. Ludmilla desnuda escuchando a Joni Mitchell. Ella, instalada en prosa, en verso, en segunda, en tercera y por momentos en primera persona. Recopilando, junto con Susana, Heredia, Gómez y Marcos, recortes de periódico, noticias y absurdos para el libro de Manuel. Se puede encontrar placer con dos almohadas cinco estrellas dos cobijas dos vasos la lampara en el piso la luz como de almendra y el silencio; para después entrar en escena cuatro piernas dos vientres dos manos sobre dos senos un pene dentro de una vagina y movimiento. "Libro de Manuel" de Cortázar, nos

    motiva a armar y

    transgredir en todos los sentidos

    incluido el gramatical ...




    Foto de Sylvain Norget



    Mafalda desde si misma...


0 locos como ella comentando: