lunes, 23 de enero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
La escribana contagiada...
Me gusta trasladarme a lugares lejanos sólo con cerrar los ojos. Fue así como comenzó esta aventura de narrar historias, de inventar personas, de correlacionar situaciones. Fantasear me ha proporcionado grandes beneficios: fuga, análisis, catarsis, solución. Alguien me ha enseñando a darle fluidez, aplicar sazón, condimentar de manera adecuada cada uno de mis relatos. Acudir los jueves a leer, escribir y aprender, se convirtió en algo fundamental y adictivo. Parte de lo que soy está ahí, en mis letras, al mismo tiempo, mucho de ese trabajo me es desconocido, porque sin darme cuenta, lo que escribo se forma y toma caminos que en el nacimiento de la idea no estaban planeados. Un día descubrí que cada historia tiene vida propia y en algún momento –que desconozco–, deja de ser mía para tener su propia personalidad.
Yo, la que escribe, sigue aprendiendo, principalmente continúa en la lectura, permanezco en el presente...
Recuerdo del día: Preferiría no hacerlo, dice "Bartleby el escribiente", un cuento extraordinario de Herman Melville. Bartleby, un hombre tristemente ausente, repite una y otra vez: preferiría no hacerlo. De esa manera desata, en el lector, una sensación de que algo falta, de que ese hombre está atorado en otra realidad y por consiguiente atora a los demás. La triste existencia de Bartleby es dolorosa; nos arrastra por donde él camina, hacía un sendero de angustia, entonces sufrimos el desatino de ese hombre, experimentamos una estática desesperante. Al final del relato, agradecida, terminé diciendo, prefiero mil veces mi vida... Sí, así es, como se darán cuenta, Bartleby me contagió...
jueves, 19 de enero de 2012
Contra viento y marea, te extraño...
Él fue el compañero ideal. Cautivo y a la espera. Silencioso y adictivo. Calmante y enfermizo. Fijador y estigmatizante. Estaba ahí al despertar y juntos clausurábamos el día. En la alegría, durante la tristeza y en los momentos de angustia, no me abandonó. Algunos no lo toleraban y para muchos pasaba desapercibido. Disfrutamos muchas lecturas y creamos vida a base de letras: formando personajes de cuentos y relatos. Quemamos el tiempo, sí, de ese tamaño era nuestra complicidad, y, sin remordimiento de por medio, dábamos cuerda al reloj para consumir los minutos y sahumarlos también. A su lado fui varias mujeres: la nerviosa, la pensativa, la estudiante, la novia, la intelectual, la residente, la romántica, la amante, la doctora, la sensual, la interesante, la escribana, la desafiante.
Mi amigo tuvo que irse, se convirtió en otro ausente más de mi lista. Lo extraño. Ahora me verán realmente sola, en mi eterna cafetería, sin poder acariciarlo con mi mano derecha, buscando su presencia con el olfato...
Recuerdo del día: Hace unos años hice un cuento, que por cierto tengo pendiente de editar; cuando le descubrí el final y lo escribí, experimenté un arrebato de enojo e impotencia, la misma que uno de mis lectores sintió (lo sé porque lo dijo abiertamente). Fue buena la vía que tomo el fin de ese relato.
Cuando terminé de leer la novela "Contra el viento del norte" de Daniel Glattauer, sentí la misma experiencia, tal vez porque es parecido a mi final. Emmi, la protagonista femenina, provoco mi envidia. Se trata de una novela por correspondencia al estilo moderno. Las cartas por correo electrónico le infunden lo actual sin perder lo entrañable en el aspecto epistolar. La sutileza de las palabras bien elaboradas trasmiten a través del sistema que lleva hacia la sensibilidad, entonces, se desborda la pasión y el deseo. Leo Leike es el hombre ideal que me gustaría encontrar en el ciberespacio, sí, en ese lugar donde predomina la pose, las máscaras, lo burdo, incluso lo pornográfico en el flirteo.
Otro imposible más en la suma de mis quimeras...
Mafalda desde si misma...
miércoles, 18 de enero de 2012
La herencia perdida...
Me gustan los días lluviosos, de manera extraña me traen buenos recuerdos. Lolita, una compañera de la facultad, vivía en una colonia al sur de la ciudad, en aquellos tiempos habitaba poca gente por esos rumbos. Para ir a la casa de Lolita, teníamos que llegar al metro taxqueña, tomar un camión que nos subía hasta la entrada de una unidad habitacional que constaba de casa distribuidas en pequeñas lomas. Fui varias veces, y nunca falló la lluvia o el clima nublado. Tenían una especie de chimenea, era un boquete acondicionado de tal manera que su papá metía ahí un calentador. Los compañeros de Lolita rodeábamos la boca de la chimenea y su mamá nos llevaba chocolate caliente. Se trataba de reuniones para estudiar en grupo. Fue una época difícil para todos nosotros, estudiantes de medicina, chamacos asustados, confundidos, que intentábamos aprender un nuevo idioma: el médico. Conscientes de que un buen porcentaje podría quedarse sólo en el intento, sin lograr avanzar, no llegando a realizar un sueño: terminar una carrera. Estudiábamos hora tras hora, incluso existieron días que no dormíamos, y, temprano, el papá de Lolita, nos subía a su camioneta para llevarnos a la universidad y contestar nuestro examen. Elegíamos los días lluviosos para ir "al desierto de los leones" a comer quesadillas, tirarnos en el césped, fumar, besarnos (los que éramos parejas), jugar tochito, platicar de fantasmas o simplemente caminar sin rumbo y luego, regresábamos a casa de Lolita mojados y contentos. Me gustaba ir a esa casa, la de Lolita. ¿Qué habrá sido de ella, la dubitativa Dolores?
Recuerdo del día: El análisis de una relación o de una fijación con ojo crítico sólo puede ser llevada a cabo por una mente especial e inteligente. Debo aceptar que cuando conocí a Lajos y a Eszter, personajes de la novela de Sándor Márai "La herencia de Eszter" sufrí una transformación: creo que se presentó, para mi, una probable respuesta a una de mis múltiples preguntas.
"... El bien y el mal. Son puras palabras Eszter. ¿Has pensado alguna vez en que la mayor parte de nuestras acciones no tiene ningún sentido ni ningún fin? Uno hace lo que hace, sin pensarlo, sin obtener ningún beneficio ni ningún placer por ello. Si examinas tu vida, te darás cuenta de que has hecho muchas cosas sin querer, simplemente porque se te ha presentado la ocasión para hacerlas. […] es muy incomodo reconocerlo, Eszter. Al final de la vida, uno se cansa de cualquier acción encaminada a un fin en concreto. A mí siempre me gustaron las acciones que no tienen explicación posible..."
Así de esa forma Lajos se explica hacia Eszter. Digo: se explica; refiriéndome a dar un porque a su forma de "amar" a Eszter.
"... Naturalmente, de una manera demostrable o legal, no tengo derecho a exigirte nada. Pero también hay otro tipo de derechos, otro tipo de leyes. Quizá no lo sepas todavía, pero ahora te vas a enterar de que aparte de las leyes morales hay otras, igual de poderosas, igual de válidas. ¿Cómo decirte?... ¿Lo sospechas ya? La gente corriente no es consciente de ello. Pero tú tienes que enterarte de que a las personas no solamente las atan las palabras, los juramentos y las promesas; y que ni siquiera son los sentimientos y las simpatías las que rigen las relaciones humanas. Hay algo diferente, una ley más severa, más dura, que determina si dos personas están ligadas o no… Es como la complicidad. Esa ley es la que estableció que yo tuviera que ver contigo..." "...Creo, Eszter, que en realidad, de nosotros dos, soy yo el que tiene el carácter más fuerte. Claro, no en el sentido de los manuales de moral. Pero soy yo –el errante, el infiel, el fugitivo- quien ha podido permanecer, con todo mi empeño y convencimiento interior, fiel a esa otra ley que no figura en los manuales ni en los códigos penales, y que, sin embargo, es la verdadera. Es una ley dura. Atiéndeme. La ley de la vida dicta que acabemos lo que un día empezamos. No es precisamente un motivo de alegría. En la vida nada llega a tiempo, la vida nunca te da nada cuando lo necesitas. Durante largos años, nos duele ese caos, esa demora. Pensamos que alguien está jugando con nosotros. Sin embargo, un día nos damos cuenta de que todo ha ocurrido determinado por un orden perfecto, encajado en un sistema maravilloso… Dos personas no pueden encontrarse antes de estar maduras para su encuentro… Maduras, no desde el punto de vista de sus inclinaciones y de sus caprichos, sino en su fuero más íntimo, obedeciendo la ley irrevocable de sus destinos, de sus estrellas, de la misma manera que se encuentran dos astros, en la infinitud del universo, con una exactitud perfectamente determinada, en el instante previsto, en el instante que pertenece a los dos, en la infinitud del espacio y del tiempo, según las leyes de la astronomía..." "...No basta con querer a alguien. Hay que tener valor para amar de verdad. Hay que amar de una manera tal que ningún ladrón, ninguna mala intención, ninguna ley –ni la ley humana ni la ley divina- puedan hacer nada en contra de ese amor. Nosotros no nos amábamos con valentía… ése fue el problema. Y es tu responsabilidad, puesto que el valor de un hombre resulta ridículo en materia de amor. El amor es cosa de mujeres. Sólo destacáis en eso. Y en eso fracasaste tú, y contigo fracasó todo lo que pudo haber sido, todos nuestros deberes, el sentido entero de nuestras vidas. No es verdad que los hombres sean responsables de su amor. Hubieras tenido que amarme como ama una heroína. Sin embargo, cometiste el mayor error que una mujer puede cometer: te enfadaste, te echaste atrás. ¿No lo crees así?"
Vaya usted a saber cómo ese Lajos convenció a esta lectora (yo) y calmó su alma. No hay conclusión más auténtica que la que dicta y desea nuestro propio corazón...
Mafalda desde si misma...
martes, 17 de enero de 2012
De corazones blancos y saltarines...
*Dedico esta entrada a la doctora Patricia Frontana por su profesionalismo y por ser un extraordinario ser humano. Pronto será su cumpleaños y yo le regalo esto...
Existe en mi entorno cada medicucho digno de ser convertido en personaje de novela. Yo también soy un ente raro, una mujer antisocial, tontamente territorial, pero creo, sin temor a equivocarme, que no tan fuera de lo común. Los galenos nos caracterizamos por llevar un gen mutante –ya que se revela en distintas formas y grados– de vanidad. Por supuesto que soy vanidosa, pero el grado de mutación que tengo es una variante que cargamos un porcentaje bajo de doctorcitos. Hay quienes se suicidan (un chiste frecuentes entre médicos) lanzándose desde su propio ego, imaginarán de qué tamaño es. Algunos caminan como haciéndole un favor al piso: "¿Vanidoso, yo?", estos, son los pretenciosos de mal gusto. Otros: "No me considero Dios, pero él me dotó de este don y se lo agradezco", ¡vaya pues!, estos son los típicos que transforman sus incapacidades y alienaciones en credos, puaff. "Seamos humildes y agradezcamos nuestra profesión", decimos, y estoy segura que algunos lo hacen con falsa modestia. Así vamos, ínter"actuando"; intentando equilibrar nuestra deficiencias, ausencias y traumas. Mentiría si no acepto que tengo el gusto de conocer seres humanos que merecen ser llamados DOCTORES en todo el sentido que la palabra conlleva y son pocos por cierto (uno de ellos es a quien dedico este post).
Hace unos días sucedió algo chusco, que si no fuera porque conozco al protagonista del asunto, tal vez creería que el destino, las causas y el azar, jugaron un papel fundamental. No había visto el video –que en estos momentos circula y es famoso en Youtube – del "corazón huidizo", ese, que por poco se escapa a saltitos de ser trasplantado. Jajá, ese personaje, me refiero al corazón, jeje, estoy segura que llevó a cabo el papel secundario, porque el medico al que se le cayó la víscera palpitante, ese sí que se lleva el papel principal y se podrían escribir páginas y páginas con anécdotas suyas...
Recuerdo del día: Tiene muchos años que no acudo a una boda de amigos o amigas. Los que se casaron, en la actualidad, son padres y uno que otro es abuelo y abuela. Cuando alguien se casa, ese alguien nace hacia una nueva vida. No es que se pierda o se gane algo, más bien se llega a un lugar diferente, con una perspectiva o situación novedosa. Cuando nacemos tenemos un corazón limpio, blanco. Cuando se llega al matrimonio se abre paso a una corriente nueva, de inicio blanca. Saber o no saber, es una de las cuestiones que con el tiempo, en esa nueva vida de pareja, empieza a circular en el ambiente y es una de las inquietudes que Juan Ranz, personaje de la novela "Corazón tan blanco" de Javier Marías, tiene después de su matrimonio. Una novela de secretos y tonalidades, suspenso y sobresaltos, con un final inesperado. Dice Javier Marías en voz de su personaje Juan Ranz: "Quién no ha tenido sospechas, quién no ha dudado de su mejor amigo, quién no se ha visto traicionado y delatado en su infancia...también hay un compañero que dice: he sido yo; la primera forma de reconocimiento de las responsabilidades...En la vida adulta, dominada por las palabras, no se oye un sí y un no, nadie dice: he sido yo; o: yo no he sido; las heroicidades pasan a engrosar la lista de los errores".
Mafalda desde si misma...
lunes, 16 de enero de 2012
El primer beso y un buen libro...
Mi primer beso resultó una sorpresa. Estoy segura que lo delicioso de la experiencia marcará de por vida una parte de mi erotismo. Guillermo, así se llamaba el que acarició mi boca, se encargó de infundirle arte y sensaciones a la primera expresión íntima de mi ser. Con su mano derecha rozando mi babilla acercó su nariz a mi boca, animándome a darle chupaditas. Luego se abrió paso entre mis labios con ligeros sorbitos; su lengua fue caballerosa e impulsiva también: al tiempo que existió reconocimiento entre mi intimidad y la suya, me trasladé a otro sitio donde la confusión se desbordó. Me perdí entre humedades, roces, palpitaciones, y él, Guillermo, más experto que yo, detecto el instante mismo de mi debilidad porque cuando ésta apareció, de inmediato sostuvo mi cabeza con su mano derecha y dirigió sus labios a mi cuello; ahí se montó de lleno en mi pulso, lo aspiro. Casi en la inconsciencia, logré abrir los ojos, justo en el momento que Guillermo saboreaba uno de mis pezones...
Recuerdo del día:
"...No hay que poner en orden el mundo: el mundo es el orden encarnado. A nosotros es a quienes nos corresponde ponernos en concordancia con ese orden, conocer cuál es el orden del mundo por oposición a los órdenes ilusorios que intentamos imponernos unos a otros..." "...Es una suerte que carezcamos de poder. Primero tenemos que adquirir visión, después disciplina y paciencia..." "...La posesión no es nada si no puedes entregarte..." "...La realidad más profunda y auténtica pertenece al mundo del inconsciente..." "...Una buena mentira revela más de lo que la verdad pueda revelar..." "...Debemos morir como yoes y renacer en el enjambre, no separados y autohipnotizados, sino individuales y relacionados..." "... Lo que pasa es que en la actualidad el arte es un lujo. Yo podría salir adelante sin leer nunca un libro ni mirar un cuadro. Tenemos muchas otras cosas: no necesitamos libros y cuadros. La música, sí... la música siempre la necesitaremos. No necesariamente buena música..., pero música. En cualquier caso, ya nadie escribe buena música..." "...Tal como yo lo veo, el mundo se está echando a perder. No se necesita demasiada inteligencia para salir adelante, tal como están las cosas. De hecho, cuanto menos inteligente eres, mejor posición tienes...." "...El arte te vuelve inquieto, insatisfecho..." "...Nos desnudamos y caímos en la cama de hierro, con hambre sexual de seis semanas. Nos lanzamos al asunto como un par de luchadores que se hubieran quedado a desenredarse en un ruedo vacío después de que se hubieran apagado las luces y de que la muchedumbre se hubiese dispersado. Mara luchaba frenéticamente para llegar a un orgasmo. En cierto modo había quedado separada de su aparato sexual; era de noche y estaba perdida en la oscuridad; sus movimientos eran los de un durmiente luchando con desesperación por volver a entrar en el cuerpo que había empezado a ceder. Me levanté para lavármela, para refrescarme con un poco de agua fría. No había lavabo en la habitación. A la luz mortecina de una bombilla casi extinta, me vi en un espejo resquebrajado, tenía la expresión de un Jack el destripador buscando un sombrero de paja en un orinal. Mara yacía boca abajo en la cama, jadeando y sudando, tenía el aspecto de una odalisca apaleada compuesta de pedazos de mica mellados..."
Qué es esto, dirán ustedes; se trata de uno de mis libros favoritos, que dejé subrayado y con indicaciones (flechas) distribuidas en muchas páginas. Cuando uno de mis libros termina lleno de referencias y rayones, es que me encantó. Eso sucedió con "Sexus", de Henry Miller; el primero de la trilogía: Sexus, Plexus y Nexus. Un libro sexual sin prejuicios y literario en un amplio sentido de la palabra.
Foto de Viki Kollerová (tristezza)
Mafalda desde si misma...
viernes, 13 de enero de 2012
Nada que no suceda todos los días y del niño que no crece...
Llovía mucho. Aún así no me quedó de otra que correr y alcanzar la entrada al metro taxqueña. Bien me hubiera caído una mojada de esas dimensiones en otra situación, pero en ese momento sólo enmarcó mi estado de ánimo. Lo que menos imaginé fue a Juan llegando a su casa y que todo se saliera de control. Se supone que Leticia me invitó para explicarme que él no le interesaba, y cuando Juan llegó, el mundo dejó de existir para mi. Efectivamente, Leticia no aceptó a Juan, yo amé a Juan durante mucho tiempo más y Juan, había dejado de quererme porque se enamoró de Leticia.
Esta es la historia de uno de tantos reveses en mi vida.
Nada que no suceda todos los días...
Recuerdo del día: No existe terror más auténtico que el que se experimenta al reconocer la naturaleza humana. Me sucedió con Óscar Matzerath, personaje pícaro y malévolo. El muy cínico decide no crecer y manipular a la gente con su tambor. Un personaje amoral y pragmático, acompañado de su banda de rufianes. Una novela dividida en tres libros, y cada uno de ellos estigmatizado por una muerte en la cual tiene que ver Óscar, el niño manipulador. Es una lectura encantadora y al mismo tiempo aterradora, donde no hay inocencia infantil, sino inteligencia malvada. Entrelazando personajes maravillosos: la abuela de las mil faldas; en ambientaciones entrañables: "El bodegón de las cebollas"; en tiempos externos: la segunda guerra mundial, la postguerra y la guerra fría; es que se desarrolla esta historia: "El Tambor de Hojalata" de Günter Grass.
Foto de Rafał Kurs
Mafalda desde si misma...
jueves, 12 de enero de 2012
De Pips y Estelas está cargado el mundo...
Me ha entrado la inquietud de hacer un listado de lecturas. No se trata de reseñas, sólo un recordatorio de lo poco que he leído. Una compañera de taller mencionó en una ocasión que ella olvida la trama de las novelas o cuentos que lee. Desde ese día surgió en mi la inquietud del no recuerdo. Tenemos tan poco tiempo para disfrutar tantos libros que existen, y luego, resulta que nos damos a la tarea de leer de vez en cuando alguna historia, ¿para que termine en los ríos del Alzheimer?, no me parece justo. No sabía cómo hacerlo y mucho menos cada cuándo. Decidí hacerlo así, desarrollando una idea cualquiera, sin relación con el libro o cuento del que hablaré o relacionándola, no importa eso. Lo principal es escribir y al mismo tiempo recordar mis lecturas. No tengo idea cuánto tiempo me tardaré en hacerlo. En estos pocos días de inicio, me ha encantado recordar, disfruto meterme de nuevo en la trama, incluso, estoy segura que re-leeré alguna que otra historia.
Recuerdo del día: Me encanta caminar sin dirección y sin finalidad. Fue que llegué a un puesto callejero: una librería de viejo sobre ruedas. Me entretuve mirando y terminé sentada en el suelo y rodeada de libros por todos los costados. Compré algunas gangas. Cargando mi bolsita de plástico me metí a la primera cafetería que se cruzo en mi camino. Leí "Grandes esperanzas" de Charles Dickens casi de una sentada. El local cerraba, me dejaron la cuenta en la mesa y no entendí la indirecta hasta que fue directa. Es la novela de Dickens que más me ha gustado. Para muchos el personaje de Estela les resulta aborrecible; y el amor que Pip le profesa lo perciben patético. Algunos se quejan de la excesiva descripción de algunos capítulos. A mi me gustó la psicología de los personajes, principalmente la de Pip, al cual aborrecí, odié, me enterneció, me desesperó, etcétera. Existen tantos Pips en este mundo, después de leer esta historia, reconozco los síntomas cuando los veo y además creo saber dar el tratamiento...
Foto de Aleksandra Aleks
Mafalda desde si misma...
miércoles, 11 de enero de 2012
Mi pasión por él y por la filosofía...
Resulta contradictorio que alguien cele a una persona con otra, y que esa otra sea nada más y nada menos que la mujer a la que, la celosa, le robo el novio. Espero me de a entender, porque si no, lo siento, no diré más.
Cuando lo conocí resultó que experimenté una sensación incontrolable, similar a un hervidero de sangre. El amor no se planea, simplemente surge, es el resultado de algo que sucede (el hervidero de sangre). Resulta que después de un tiempo, él se dejo robar por una cabellera más hermosa que la mía, y, desde ese momento, para mi no hubo vuelta atrás. Entonces, fue que me dediqué a caminar por la vida de manera diferente a la que había estado visualizado, tenía que encontrarle el gusto al presente, aprender del pasado y olvidarme del futuro. Hubo un tiempo en que seguí una vía fácil: no creer ni siquiera en Dios. Y, como no tendría hijos, le sonreí al no apego. Lo que me salvó por completo fue que me sumergí en el arte de las letras, de pronto, desperté ya curada del dolor. Un día de angustia extrema, recuperé la fe en algo supremo y me sentí reconfortada.
En este momento estoy segura que sé cuál es la tarea para la que nací en este mundo, estoy dispuesta a hacerla lo mejor que mis capacidades puedan. Voy a morir, porque soy mortal. Quiero que la muerte me encuentre, si no haciendo lo que me gusta, reconfortada y conforme con lo que tengo y soy.
Sigo sin entender por qué la de la cabellera hermosa me tiene celos...
Recuerdo del día: Leí que uno de los libros que marcó a Jorge Camil fue "La filosofía actual", de J. M. Bochenski, se trata de una introducción al mundo de las doctrinas filosóficas. Yo no lo he leído, eso sí, me entró curiosidad, en cuanto tenga oportunidad me haré de un tomo.
En lo que respecta a este tema, a mi me pareció encantadora una novela sobre la historia de la filosofía: "El mundo de Sofía", de Jostein Gaarder. Una idea inteligente para despertar a cualquier persona, sea de la edad que sea. La intención de despabilar a los jóvenes me resultó fascinante, abrirlos hacia la curiosidad, sacarlos de la oscuridad que es vivir al día. El adulto que descubre este libro recupera la capacidad de asombro. Y por extraño que parezca, descubre que el sólo hecho de preguntar resulta cautivador y al mismo tiempo peligroso.
Foto de Jib Peter
Mafalda desde si misma...
martes, 10 de enero de 2012
El fantasma del adulterio en ellas...
"El agrio", es el primo de un vecino. Cuando lo conocí, me produjo un estado de irritación extrema, y más porque estaba destinada a bailar con él en la fiesta, yo era la causa de que fuera invitado. Sólo de recordar el papelón que hizo mi vecino para convencerlo de ir, me provoca un torzón de tripas. Le dijo que tendría una pareja de baile simpática y excelsa en lo que respecta el movimiento de piernas. Y bueno, la cosa es que "El agrio" acepto a regañadientes. Antes de saludar, se lanzó con una lista de quejas extensa: el frío, el retumbar de vidrios por la música, el ponche caliente, la cantidad de gente, las niñas fresa, las piñatas de súper héroes, el reggaeton, la tradición de pedir posada, lo caro que está todo y el desperdicio de fruta (y eso que él no compró nada). Bailamos y durante el movimiento de esqueleto, me platicaba acerca de ballet clásico, de la ópera y yo sin decir nada, pero aunque hubiera sido experta en esos temas, aún así, me habría quedado callada. Después el vecino me pidió disculpas: "fue una mala idea de mi parte presentarte con este tipo, pensé que podrían platicar, ya que a ti te gusta la música y la lectura y a él el arte", concluyó.
Mucha gente pseudo culta y pseudo intelectual se cree tan elevada que muestran de buenas a primeras sus carencias. Algunos actúan como adultos antipáticos, otros como adultos malévolos. Este espécimen, "El agrio", es uno de los últimos, creo que en verdad no es un ser humano malo, sino que ha renegado tanto de esto, aquello, de aquel y de él mismo que la gente que lo ve (me incluyo), lo advierte como un cadáver viviente. Estos humanoides de verdad odian todas la cosas y a todas las personas, pero principalmente se odian a si mismos.
Recuerdo del día: Las mujeres adúlteras tienen un brillo especial. La frialdad y en ocasiones la crudeza de sus actos les da un aló emocionante y por momentos encantador. No todos los personajes de este tipo podrían definirse como yo lo he hecho, pero sin duda uno de los que más me han inquietado es el de Hester. Esa adúltera que dejaba en libertad su imaginación y de esa manera especulaba y actuaba en contra de lo que la sociedad le imponía; pero fuera de ese mundo propio, imaginario y solitario ella, Hester, se amoldaba sin respingar y con resignación a los reglamentos externos de esa sociedad cerrada y moralista. Cargaba el estigma de adúltera cosida en la ropa: una inmensa letra escarlata en el pecho. La novela de Nathaniel Hawthorne, "La letra escarlata", relata de manera precisa el abatimiento del alma sentenciada por la enfermedad moral y la culpa. Los vasos comunicantes existentes entre el arrepentimiento y la responsabilidad.
Foto de Philomena Famulok
Mafalda desde si misma...
lunes, 9 de enero de 2012
Recuérdame entre los cuerpos sucesivos...
—Doctora, ¿me voy a morir?
—Espero que hoy no, Don Arturo, tamaño susto me daría y además ando muy ocupada en otros asuntos.
—En serio, doctora, ¿estoy muy grave?
—A ver, de qué se trata tanto fatalismo. Ya quedó claro que usted es hipertenso, que se tomará su medicamento todos los días, que cuidará su dieta, que dejará de fumar, que iniciará un régimen paulatino de ejercicios, que cada año se realizará un chequeo cardiaco que...
—Mi compadre Rutilio falleció la semana pasada después de estar cumpliendo su deber de esposo con la comadre. Que quesque' le dio un paro cardiaco por el esfuerzo. Ni dos meses tenía de que le habían dicho que andaba mal de la presión.
—Mmm, bueno, seguramente su compadre tenía más tiempo con el problema y ...
—¿Usted me asegura que dentro de dos meses no moriré?
—...Don Arturo, lo único seguro en esta vida es la muerte. Si en realidad lo que usted me está preguntado es la fecha, permítame decepcionarlo. No la sé. Espero que no sea hoy, eso sería un revés importante tanto para usted como para las estadísticas.
Recuerdo del día: Dice Manuel Vicent en su novela "Cuerpos sucesivos": "No es el amor, sino el odio el que te hace libre. La piedad te ata. Bastaría con alimentar el odio contra quien desees liberarte para lograrlo". Se trata de la historia de Ana y David. Él, un hombre apasionado y maduro. Ana, una adolescente atormentada por ataduras y tristezas. Un romance que por momentos me recordó al de Laura Avellaneda con Martín Santomé. "Un hombre está acabado cuando la belleza lo pone triste", dice David cuando ve por primera vez a Ana. Durante la evolución de la novela se van creando lazos salvavidas para ambos, una seducción basada en la descripción de anhelos y batallas perdidas.
La novela, toda, sal pimentada con poesía, tanto de Pedro Salinas (uno de mis favoritos):
Cuando dices: "Me quieren
los tigres o las sombras"
es que estuviste en selvas
o en noches, paseando
tu gran ansia de amar.
No sirves para amada;
tú siempre ganarás,
queriendo, al que te quiera.
Amante, amada no.
Como de Cernuda:
Beber dos veces de la misma agua,
y al invocar la hondura
una imagen distinta respondía,
evasiva a la mente,
ofreciendo, escondiendo
la expresión inmutable,
la compañía fiel en cuerpos sucesivos,
que el amor es lo eterno y no lo amado.
"...había que optar entre dejar de sufrir y dejar de amar; entre el deseo y la ansiedad dolorosa se movía David y no salió de este círculo diabólico hasta que no supo que sólo se ama aquello que no se posee por completo..."
Si algún día TÚ, la lees...recuérdame...
Foto de Kirievskaya Aleksandra
Mafalda desde si misma...
viernes, 6 de enero de 2012
Quisiera ser Ludmilla...
No sé rezar, dijo, y creo que apenas logró visualizarme porque las lágrimas se lo impedían. Lloró en espasmos mucho rato, yo me movían inquieta por un lado suyo y sobre el banco de madera, sin atinar qué decir o hacer. Sus gemidos resonaban alto en el pequeño santuario. Abraham se rompía por dentro y yo, me sentía asustada al descubrirlo vulnerable. Pensé que se tiraría al suelo en cualquier momento. Hubo un lapso que percibí muy prolongado en el cual no se movió, no sollozó, no habló, incluso sospeché que se había dormido. De reojo vi que mordía su labio inferior y, un hilillo de sangre, escurrió manchando su playera color caqui. Miré sus hombros rígidos levantados y rozando sus orejas; se aferraba fuerte con las manos a sus rodillas, hasta cortarles la circulación, por eso las miré pálidas. No recuerdo bien que fue lo primero grito, estoy segura que se trató de algo raro, ya que no quedó grabado en mi cabeza asustada y loca, pero lo que siguió, eso sí que lo sé: ¡Ya estás muerta!, esto es todo, ni una lágrima más. Te debo el rezo; papá se encargará de los padres nuestros. ¡Adiós, mamá!
Así despidió Abraham a su madre que tanto amó y admiró aquel lejano 20 de junio. No volvió a llorar ni hablar de ella. Yo tampoco dije ni le pregunté más acerca de eso, porque aunque él no me lo dijera, Rebequita, se instaló para siempre en el alma de Abraham para cauterizar su dolor y proporcionarle calor...
Recuerdo del día: Me gustó el nombre de Ludmilla, me encantó el jugueteo con Marcos. Ludmilla es una auténtica hedonista, una polaquita tan quitada de la pena, atenta a las cosas tan importantes y las insignificantes también; por un momento hablando del la lucha latinoamericana y en otro instante solicitando explicación acerca de las hormigas. Ludmilla desnuda escuchando a Joni Mitchell. Ella, instalada en prosa, en verso, en segunda, en tercera y por momentos en primera persona. Recopilando, junto con Susana, Heredia, Gómez y Marcos, recortes de periódico, noticias y absurdos para el libro de Manuel. Se puede encontrar placer con dos almohadas cinco estrellas dos cobijas dos vasos la lampara en el piso la luz como de almendra y el silencio; para después entrar en escena cuatro piernas dos vientres dos manos sobre dos senos un pene dentro de una vagina y movimiento. "Libro de Manuel" de Cortázar, nos
motiva a armar y
transgredir en todos los sentidos
incluido el gramatical ...
Foto de Sylvain Norget
Mafalda desde si misma...
jueves, 5 de enero de 2012
Esteban, ¿dónde estás?..
Existe un espécimen que me ha mantenido entretenida desde hace ya varios meses. Lo observo. Acepto que la tecnología me proporciona una forma de "mirarlo" sin que él lo sepa. Hay veces que me enternece (pocas), aunque las más ¡caray! me irrita tanto. Es un especialista en la falsa autocrítica. Es tan frívolo; la frivolidad la manifiesta en su constante cinismo. El típico que le da más importancia al saber, ya que él conoce lo que se logra con el verbo y la pose de sabio: poder, incluso perdón a su arrogancia. Es el típico ingenuo contrariado que se la pasa diciendo que la pinche vida ya se la sabe de memoria, que todo está mal, que todo es mierda: el clima, el tráfico, el gobierno, sus maestros, sus compañeros, las mujeres, la ciudad, el país, el mundo.
No se confundan, él no es misántropo, hasta para ser misántropo se necesita una verdadera autocrítica...
Recuerdo del día: En "Crónica de la intervención", Juan García Ponce muestra un juego de espejos bastante interesante. Intervienen situaciones absurdas que le dan un toque especial al clímax de la novela. Los juegos olímpicos de 1968, marcando el escenario.
"...llegar al espejo, no ver su reflejo, saber que se ha ido al escuchar sólo el grito...". Cuando leí el libro, sucedió que en varias ocasiones, al mirarme en el espejo, me sentía Mariana: sensual, desprendida, intensa. La María Inés se manifestaba en mi como una sensación de inexplicable tensión, una necesidad de sacar lo animal, lo primigenio que por momentos se me esconde. Es una novela de identidad y contemplación, de intervención y de reclamo sutil, de historia y análisis, de la mirada de García Ponce hacía el erotismo femenino.
Foto de Benjamin Goss
Mafalda desde si misma...
miércoles, 4 de enero de 2012
Tengo una cita con él en "La mano de la buena fortuna"...
Contrario a lo que se espera, él me buscó a mi y no a ella. Temo pensar que la suerte jugó un papel importante, lo digo porque yo no creo en la suerte como explicación a un deseo mutuo. Si dos lo desean, las causas aparecen, se cruzan, enredan, entonces, llega el azar implacable y efectúa. El caso es que fue a por mi. Me gusta pensar que mi actitud lo convenció, no deseo restarle inteligencia, él no tiene ni la menor idea del trabajo que me costó desprenderme de todo, pero nunca sabrá que maldije hasta la madre que lo parió.
Ahora me rebano el seso pensando cómo le voy a explicar que de puritita rabieta fui y quemé las escrituras de los terrenos. Me haré taruga con lo que respecta al dinero que gasté en la terapia consabida para las mujeres tristes, esa que consiste e ir y gastar en garras y zapatos. Lo contentaré poniéndome cada noche un vestido y le bailaré en el tubo, a ver si con eso se le olvida reclamarme también lo de la camioneta chocada. Ya hablé con el amigo que les vende música pirata a mis sobrinas, a ver si me consigue, aunque sea en CDs, los acetatos de colección antigua que rompí en uno de mis ataques de furia, esos que les cuento donde maldije a la suegrita. Lo que estoy segura no lo va a enojar, es no encontrar ninguna garra suya en el closet, la regalé toda. Al fin que él siempre puntualizó que los hombres para vivir sólo necesitan un par de zapatos negros, unos tenis, un pantalón de mezclilla, uno de vestir de color negro, una camisa blanca, tres playeras (roja, azul y verde), una corbata, una chamarra de vestir y una de mezclilla, diez trusas y diez pares de calcetines y un cinturón, estoy dispuesta a acompañarlo a renovar su guardarropa. Aquí viene, miro su sonrisa desde donde estoy.
¡Ay el amor!, cosa tan, pero tan rara...
Recuerdo del día: Petrović, en su libro "La mano de la buena fortuna", habla acerca de un personaje que tuvo una idea genial, dejar "el legado", que no es más que un realidad alterna hecha de letras, o sea, un libro. Anastas, es el nombre del personaje que escribió "el legado", logró una manera de encontrarse con su amada por medio de la lectura simultánea. Más que leer, Petrović te invita a vivir dentro de lo escrito, palpitar en el centro mismo de las cosas que se describen, formar parte en la historia. El tiempo y el lugar del que lee con convicción desaparecen en el momento que se coincide con otras personas en ese mundo alterno, que sólo puede ser habitado por lectores.
Hace poco conocí a un niño (en ocasiones los niños son mejores lectores que los adultos) que aseguraba haberme visto montada en un columpio frente a las letras que Adam hizo en bajorrelieve en el frontón de la casa, y repitiéndolas una y otra vez: *Verba volant, scripta manent.
*Las palabras vuelan, lo escrito permanece.
Foto de Antonio Palmerini
Mafalda desde si misma...
martes, 3 de enero de 2012
Raptada por Oliver...
El olor a vainilla y madera anunciaban su presencia. Lo primero que hacía al llegar era prender su pipa atiborrada de tabaco y darle la primera calada, entonces, nos sahumaba a todos. Me gusta conocer personas que se distinguen por un estigma. El de él era su aroma y su pipa. Yo le decía, por supuesto: "hombre pipa". Su voz, otra extravagancia: rasposa, sensual, penetrante. Peinaba de lado su pelo entrecano. Al entrar a la sala, sólo su figura alta y huesuda era, para mi, todo el panorama: el mástil de la embarcación.
Los demás a su alrededor, sólo marineros, no más.
Lo miraba de lejos. Me distraía analizando sus movimientos, la fortaleza de sus manos y admirando ese perfil grotesco, enmarcado de pipa y nariz gibosa. Lo descubrí un día mirándome, y desde ese momento se extravió mi cordura. Hicimos tantas cosas juntos y separados que en estos tiempos no sé cuáles fueron realidad y cuántas producto de mi ansiedad juvenil.
Me gusta recordar al "hombre pipa", y más cuando me rodean personas que creen que la personalidad sólo consiste en echarse litros de perfume, sin tener un mínimo de esencia propia.
Recuerdo del día: Al leer "El rapto del cisne", me encontré con un personaje masculino (Oliver), que dicho sea de paso, me enloqueció, y no por contagio. Sugiero a cualquier lectora que tenga a bien leer la obra de Kostova, y que además le atraigan los hombres complejos, misteriosos, inteligentes y artísticos en varios sentidos; tener cuidado. Porque pasó que durante varias semanas encontré a Oliver pintándome en paisajes donde yo aparecía vistiendo mis sombreros y gorras, que tanto me gusta usar. Además, agudicé mi rechazo hacía los hombres poco apasionados.
Foto de Mr. Flawless
Mafalda desde si misma...
lunes, 2 de enero de 2012
Estuve en Macondo...
Los Mayas han inquietado al mundo. Mientras eso sucede, habrá que hacer cosas.
Hay quien se anima a colocarse botas y mallas calientitas, acudir a trabajar, sentarse por un lado de su compañera de trabajo (ambas con sus respectivas computadoras), leer libro y periódico del día, tuitear en algún momento. Burlarse de la frustración de los vanidosos que se empeñan en mostrar lo que no son y reafirmarse en su necesidad de ser importantes. Desearles que les vaya como quieran que les vaya, aunque no depende del deseo de otros, el porvenir propio y viceversa. Mostrar la ironía en imágenes literarias. Beberse los tres cafés rutinarios de la mañana. Viajar por minutos en compañía de la irresponsabilidad mental, prima hermana del anhelo: recordando el pecho florido del ausente y su columna vertebral, sólo hasta el intervalo que comprende el inicio de las nalgas, ya que estas últimas tiene su momento especial. Bajar del ensueño en el instante que el rubor le delate.
Recuerdo del día: Cuando leí "Cien años de soledad", realicé, en una libreta y a mi manera, un árbol genealógico de la familia Buendía, de esa forma iba a mis apuntes para no desorientarme durante la lectura. Ahora aconsejo hacer eso a cualquiera que se adentre en el pueblo imaginario de Macondo. Aquel que logre detectar su rabito de cochino, es que logró meter su persona en alguna de las siete generaciones.
Foto de Leslie Moroney
Mafalda desde si misma...
viernes, 23 de diciembre de 2011
Pajareando en Navidad...
En el intento de sortear actitudes y de sopesar acciones, no tuve otra opción que sacar a flote mi elocuencia. Así que me dediqué a oír, mirar y hablar poco. Dije una que otra cosa, pero no lo fundamental, eso sí, lo poco que dije y diré será puntual y sin el menor brillo de duda.
Antes que la idea se enajene y se enclaustre, debemos, como sujetos portadores de la misma, no enajenarnos o enclaustrarnos. Sumo a Hegel con Marx, tal vez es una manera tramposa de encerrarlo todo; no me importa que los puros, en lo que respecta a definiciones, frunzan el ceño.
Para ejemplo de lo anterior mencionaré un momento que llevo guardado en mi cartera de fina seda, donde escondo actitudes interesantes para sacarlas en situaciones adecuadas. Sucedió una tarde en la que mi sentido del humor se encontraba rayando la nulidad. Quería terminar algunos encargos y regresar corriendo a mi cueva, lugar que desde hace varios meses me es tan placentero. El centro comercial, escenario del evento que contaré, albergaba multitud de jóvenes y muchachitas que hacían ruido: semejante a un cántico aborigen. Hoy las plazas de ventas se hacen competencia unas a otras, para ganar en tamaño y opciones de venta, esa es la única meta establecida. Me dirigí al segundo piso para comprar en la tienda de mascotas alimento para ninfa. Mi ave tiene el porte de la aristocracia volátil, come con soltura sin dejar regadas migajas ni semillas. Tiene un copete de colores que crece coordinado y a la par con el tiempo. Su cola es una auténtica maravilla, reposa desde el final de su lomito y abarca casi toda la jaula, es por eso que la ninfa, tiene que dar saltitos coquetos para voltear de un lado a otro, protegiendo su larga colita. Sólo por esto y por los jolgorios que cada mañana alegran el patio de la casa, tolero ir a comprar su alimento. Imagínense que cada kilo de semillas cuesta un dineral, y la avecilla en cuestión no traga otra cosa más. Mi perico es más como yo, un plebeyo que disfruta de la vida, canta la marcha todas las mañanas, mira detenidamente a la complicada ave copetuda, como analizándola, y come lo que ese día se nos ocurre dejarle en la bandeja de su encierro; en esta temporada navideña le va bien: cacahuates, cañas, limas, mandarinas, tejocotes, jícamas, guayabas y si nos descuidamos, hasta el pavo se come el tragón.
Entré a la tienda y lo primero que vi fue a un animal vestido de muchacho; hay que reconocer que ciertos animales se mimetizan fácilmente con algunas personas. Posando en un antebrazo, descansaba una guacamaya de colores vivos y pupilas giratorias, su pico giboso de color azul me recibió; por precaución me retiré a buena distancia, no en balde sé lo que pueden hacer esos picos en la epidermis y dermis de una persona, mi perico me ha dado lecciones de vida muy profundas. El antebrazo pertenecía a un chico con nariz aguileña, que seguro utiliza un frasco completo de gel para lograr un parado perfecto del poco pelo que la naturaleza le proporcionó, agregado a ese efecto tieso estaba el color: rojo pasión. El uniforme que vestía era de un verde carnavelesco. Ambos coloridos (animal, hombre) hacían juego. ¿Quién se parecía a quién? En identificar a las dos especies me distraje varios minutos. "Y la asociación protectora de animales, ¿permite el tráfico de influen... Mmm, de especies animales? O, ¿por ser centro comercial se le cambia de apelativo y en lugar de ser tráfico es "ya pico y ya chingó?" La vocecita inquisitiva resultó salir de un cuerpo delgado, una jovencita con lentes en peligro de rebotar en el piso y con dentadura frenada por rieles metálicos. "Bueno, ese es mi punto de vista", dio vuelta y salió del local. Quede en pausa, mirando al chico-guacamaya, lanzándole fuego con la mirada a la interesante muchachita.
Aquí hago pausa para rebobinar.
Alienarse, enajenarse es perder una parte de si mismo, alelarnos en pensamiento y comprometer lo bueno sin analizar lo conveniente.
Cuando descubro que el inconsciente colectivo es sacudido por algo puro y objetivo, siento que las tripas se me vacían pero al mismo tiempo recupero la esperanza. Diarrea mental de puritita alegría es lo que me sucede, y más en estos tiempos, tan escasos de mentes jóvenes y lúcidas.
Compré el alimento de la aristócrata voladora y salí con una sonrisa estúpida en la cara, espero encontrarme sacudidas de ese tipo con más frecuencia.
Esta Navidad habrá escasez de muchas cosas: equidad, paz, democracia, pavos en la mesa de los pobres, intelecto para los políticos, congruencia para los humanos.
Deseo que sacudan su consciencia de vez en cuando, la alienación es una plaga que debemos contrarrestar con uñas y dientes.
Yo por el momento me divierto recibiendo y proporcionando abrazos y besos.
FELICES FIESTAS
Foto de Andreas Heumann
Mafalda desde si misma...
viernes, 2 de diciembre de 2011
Mi vida según Octavio Paz...
En varias ocasiones me han preguntado acerca de mi poeta favorito. Cuando les contesto, algunos levantan el entrecejo en connotación de desconocimiento. Otros, los conocedores, sonríen y hacen ademan de acuerdo. Un compañero de trabajo un día se adelantó a mi respuesta asegurando: Benedetti. Mi negativa lo dejó pasmado. Es que a las mujeres siempre les gusta Benedetti, terminó decepcionado.
Mi poeta favorito es John Keats. El segundo de a bordo es Octavio Paz, el tercero es Pablo Neruda, el cuarto es Pedro Salinas, y luego, muchos más. Pero siempre menciono a estos cuatro como los primeros de mi lista.
Hace varios años, para ser exacta fue el nueve de agosto del 2009, se realizó un ejercicio entretenido en Facebook, sí, ahí, no han leído mal. Con eso que ahora tener Facebook te resta intelectualidad. Bueno, ahí, en ese sitio del demonio, se llevo a cabo esta tarea interesante, la cual respondí como verán si siguen leyendo.
Debo advertirles que si no les gusta la poesía, o les cansa la mirada un post largo, despídanse desde este momento.
Aquí les dejo el ejercicio y el que guste realizarlo, bienvenido...
Usando sólo los títulos de poemas, cuentos o libros de UN POETA o ESCRITOR (o escritora, claro está), responde de forma ingeniosa las preguntas que siguen. Pásalas a 14 personas de tu agrado. No puedes usar el escritor o poeta que yo usé. Trata de no repetir títulos. Es bastante más difícil de lo que parece.
1. Elige tu escritor o poeta:
Octavio Paz.
2. ¿Masculino o femenina?
Niña.
“Entre la tarde que se obstina
y la noche que se acumula
hay la mirada de una niña.
Deja el cuaderno y la escritura,
todo su ser dos ojos fijos.
En la pared la luz se anula.
Nunca sabrá que lo miraba”.
3. Descríbete:
La llama doble. Amor y erotismo (ensayo)
4. ¿Cómo te sientes?
Nuevo rostro.
“La noche borra noches en tu rostro,
derrama aceites en tus secos párpados,
quema en tu frente en pensamiento
y atrás del pensamiento la memoria.
Entre las sombras que te anegan
otro rostro amanece.
Y siento que a mi lado
no eres tú la que duerme,
sino la niña aquella que fuiste
y que esperaba sólo que durmieras
para volver y conocerme”.
5. ¿Dónde vives actualmente?
Piedra de sol.
“[…]
quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a seco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado más danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
México 1957.
6. ¿Si pudieras ir a cualquier otra parte, a dónde irías?
La casa de la mirada.
“Caminas adentro de ti mismo y el tenue reflejo serpeante que te conduce
no es la última mirada de tus ojos al cerrarse ni es el sol tímido golpeando tus párpados:
es un arroyo secreto, no de agua sino de latidos: llamadas, respuestas, llamadas,
hilo de claridades entre las altas yerbas y las bestias agazapadas de la conciencia a obscuras.
Sigues el rumor de tu sangre por el país desconocido que inventan tus ojos
y subes por una escalera de vidrio y agua hasta una terraza.
Hecha de la misma materia impalpable de los ecos y los tintineos,
la terraza, suspendida en el aire, es un cuadrilátero de luz, un ring magnético
que se enrolla en sí mismo, se levanta, anda y se planta en el circo del ojo,
géiser lunar, tallo de vapor, follaje de chispas, gran árbol que se enciende y apaga y enciende:
estás en el interior de los reflejos, estás en la casa de la mirada,
has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo a ti mismo por un puente de latidos:
EL CORAZÓN ES UN OJO.
Estás en la casa de la mirada, los espejos han escondido todos sus espectros,
no hay nadie ni hay nada que ver, las cosas han abandonado sus cuerpos,
no son cosas, no son ideas: son disparos verdes, rojos, amarillos, azules,
enjambres que giran y giran, espirales de legiones desencarnadas,
torbellino de las formas que todavía no alcanzan su forma,
tu mirada es la hélice que impulsa y revuelve las muchedumbres incorpóreas,
tu mirada es la idea fija que taladra el tiempo, la estatua inmóvil en la plaza del insomnio,
tu mirada teje y desteje los hilos de la trama del espacio,
tu mirada frota una idea contra otra y enciende una lámpara en la iglesia de tu cráneo,
pasaje de la enunciación a la anunciación, de la concepción a la asunción,
el ojo es una mano, la mano tiene cinco ojos, la mirada tiene dos manos,
estamos en la casa de la mirada y no hay nada que ver, hay que poblar otra vez la casa del ojo,
hay que poblar el mundo con ojos, hay que ser fieles a la vista, hay que
CREAR PARA VER.
La idea fija taladra cada minuto, el pensamiento teje y desteje la trama,
vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio infinito,
eres un hilo de la trama y un latido del minuto, el ojo que taladra y el ojo tejedor,
al entrar en ti mismo no sales del mundo, hay ríos y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,
en tu sangre navegan imperios, turbinas, bibliotecas, jardines,
también hay animales, plantas, seres de otros mundos, las galaxias circulan en tus neuronas,
al entrar en ti mismo entras en este mundo y en los otros mundos,
entras en lo que vio el astrónomo en su telescopio, el matemático en sus ecuaciones:
el desorden y la simetría, el accidente y las rimas, las duplicaciones y las mutaciones,
el mal de San Vito del átomo y sus partículas, las células reincidentes, las inscripciones estelares.
Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemos estado,
el lugar del encuentro entre esto y aquello está aquí mismo y ahora,
somos la intersección, la X, el aspa maravillosa que nos multiplica y nos interroga,
el aspa que al girar dibuja el cero, ideograma del mundo y de cada uno de nosotros.
Como el cuerpo astral de Bruno y Cornelio Agripa, como las granes transparentes de André Breton,
vehículos de materia sutil, cables entre éste y aquel lado,
los hombres somos la bisagra entre el aquí el allá, el signo doble y uno, V y ^ ,
pirámides superpuestas unidas en un ángulo para formar la X de la Cruz,
cielo y tierra, aire y agua, llanura y monte, lago y volcán, hombre y mujer,
el mapa del cielo se refleja en el espejo de la música,
donde el ojo se anula nacen mundos:
LA PINTURA TIENE UN PIE EN LA ARQUITECTURA Y OTRO EN EL SUEÑO.
La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no es la tierra,
el hombre no es este mundo ni los otros mundos que hay en este mundo y en los otros,
el hombre es la boca que empaña el espejo de las semejanzas y dice sí,
el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda floja de una sonrisa,
el espejo universal que refleja otro mundo al repetir a éste, el que transfigura lo que copia,
el hombre no es el que es, célula o dios, sino el que está siempre más allá.
Nuestras pasiones no son los ayuntamientos de las substancias ciegas pero los combate y los abrazos de los elementos riman con nuestros deseos y apetitos,
pintar es buscar la rima secreta, dibujar al eco, pintar el eslabón:
El Vértigo de Eros es el vahído de la rosa al mecerse sobre el osario,
la aparición de la aleta del pez al caer la noche en el mar es el centelleo de la idea,
tú has pintado al amor tras una cortina de agua llameante
PARA CUBRIR LA TIERRA CON UN NUEVO ROCÍO.
En el espejo de la música las constelaciones se miran antes de disiparse,
el espejo se abisma en sí mismo anegado de claridad hasta anularse en un reflejo,
los espacios fluyen y se despeñan bajo la mirada del tiempo petrificado,
las presencias son llamas, las llamas son tigres, los tigres se han vuelto olas,
cascada de transfiguraciones, cascada de repeticiones, trampas del tiempo:
hay que darle su ración de lumbre a la naturaleza hambrienta,
hay que agitar la sonaja de las rimas para engañar al tiempo y despertar al alma,
hay que plantar ojos en la plaza, hay que regar los parques con risa solar y lunar,
hay que aprender la tonada de Adán, el solo de la flauta del fémur,
hay que construir sobre este espacio inestable la casa de la mirada,
la casa de aire y de agua donde la música duerme, el fuego vela y pinta el poeta”.
7. Tu medio favorito de transporte:
Concorde.
“Arriba el agua
abajo el bosque
el viento por los caminos
Quietud del pozo
El cubo es negro El agua firme
El agua baja hasta los árboles
El cielo sube hasta los labios”
8. Tus mejores amigos son:
Prójimo lejano.
“Anoche un fresno
a punto de decirme
algo –callóse”.
9. Tu color favorito es:
Escrito con tinta verde.
“La tinta verde crea jardines, selvas, prados,
follajes donde cantan las letras,
palabras que son árboles,
frases que son verdes constelaciones.
Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran
como una lluvia de hojas a un campo de nieve,
como la yedra a la estatua,
como la tinta a esta página.
Brazos, cintura, cuello, senos,
la frente pura como el mar,
la nuca de bosque en otoño,
los dientes que muerden una brizna de yerba.
Tu cuerpo se constela de signos verdes
como el cuerpo del árbol de renuevos.
No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa:
mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas”
10. ¿Cómo está el clima?
Como quien oye llover.
"Óyeme como quien oye llover
ni atenta ni distraída,
pasos leves, llovizna,
agua que es aire, aire que es tiempo,
el día no acaba de irse,
la noche no llega todavía,
figuraciones de la niebla
al doblar la esquina,
figuraciones del tiempo
en el recodo de esta pausa,
óyeme como quien oye llover,
sin oírme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia dentro,
dormida con los cinco sentidos despiertos,
llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan:
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante,
tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
óyeme como quien oye llover,
relumbra el asfalto húmedo,
el vaho se levanta y camina,
la noche se abre y me mira,
eres tú y tu talle de vaho,
tú y tu cara de noche,
tú y tu pelo, lento relámpago,
cruzas la calle y entras en mi frente,
pasos de agua sobre mis párpados,
óyeme como quien oye llover,
el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
es la niebla errante en la noche,
es la noche dormida en tu cama,
es el oleaje de tu respiración,
tus dedos de agua mojan mi frente,
tus dedos de llama queman mis ojos,
tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
manar de apariciones y resurrecciones,
óyeme como quien oye llover,
pasan los años, regresan los instantes,
¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
no aquí ni allá: los oyes
en otro tiempo que es ahora mismo,
oye los pasos del tiempo
inventor de lugares sin peso ni sitio,
oye la lluvia correr por la terraza,
la noche ya es más noche en la arboleda,
en los follajes ha anidado el rayo,
vago jardín a la deriva
—entra, tu sombra cubre esta página”.
11. Tu momento favorito del día:
Antes del comienzo.
“Ruidos confusos, claridad incierta
Otro día comienza.
Es un cuarto en penumbra
y dos cuerpos tendidos.
En mi frente me pierdo
por un llano sin nadie.
Ya las horas afilan sus navajas.
Pero a mi lado tú respiras;
entrañable y remota
fluyes y no te mueves.
Inaccesible si te pienso,
con los ojos te palpo,
te miro con las manos.
Los sueños nos separan
y la sangre nos junta:
somos un río de latidos.
Bajo tus párpados madura
la semilla del sol.
El mundo
no es real todavía,
el tiempo duda:
sólo es cierto
el calor de tu piel.
En tu respiración escucho
la marea del ser,
la sílaba olvidada del Comienzo”.
12. Si tu vida fuese un programa de televisión se llamaría:
Fábula de Joan Miró.
“El azul estaba inmovilizado entre el rojo y el negro.
El viento iba y venía por la página del llano,
encendía pequeñas fogatas, se revolcaba en la ceniza,
salía con la cara tiznada gritando por las esquinas,
el viento iba y venía abriendo y cerrando puertas y ventanas,
iba y venía por los crepusculares corredores del cráneo,
el viento con mala letra y las manos manchadas de tinta
escribía y borraba lo que había escrito sobre la pared del día.
El sol no era sino el presentimiento del color amarillo,
una insinuación de plumas, el grito futuro del gallo.
La nieve se había extraviado, el mar había perdido el habla,
era un rumor errante, unas vocales en busca de una palabra.
El azul estaba inmovilizado, nadie lo miraba, nadie lo oía:
el rojo era un ciego, el negro un sordomudo.
El viento iba y venía preguntando ¿por dónde anda Joan Miró?
Estaba ahí desde el principio pero el viento no lo veía:
inmovilizado entre el azul y el rojo, el negro y el amarillo,
Miró era una mirada transparente, una mirada de siete manos.
Siete manos en forma de orejas para oír a los siete colores,
siete manos en forma de pies para subir los siete escalones del arco iris,
siete manos en forma de raíces para estar en todas partes y a la vez en Barcelona.
Miró era una mirada de siete manos.
Con la primera mano golpeaba el tambor de la luna,
con la segunda sembraba pájaros en el jardín del viento,
con la tercera agitaba el cubilete de las constelaciones,
con la cuarta escribía la leyenda de los siglos de los caracoles,
con la quinta plantaba islas en el pecho del verde,
con la sexta hacía una mujer mezclando noche y agua, música y electricidad,
con la séptima borraba todo lo que había hecho y comenzaba de nuevo.
El rojo abrió los ojos, el negro dijo algo incomprensible y el azul se levantó.
Ninguno de los tres podía creer lo que veía:
¿eran ocho gavilanes o eran ocho paraguas?
Los ocho abrieron las alas, se echaron a volar y desaparecieron por un vidrio roto.
Miró empezó a quemar sus telas.
Ardían los leones y las arañas, las mujeres y las estrellas,
el cielo se pobló de triángulos, esferas, discos, hexaedros en llamas,
el fuego consumió enteramente a la granjera planetaria plantada en el centro del espacio,
del montón de cenizas brotaron mariposas, peces voladores, roncos fonógrafos,
pero entre los agujeros de los cuadros chamuscados
volvían el espacio azul y la raya de la golondrina, el follaje de nubes y el bastón florido:
era la primavera que insistía, insistía con ademanes verdes.
Ante tanta obstinación luminosa Miró se rascó la cabeza con su quinta mano,
murmurando para sí mismo: Trabajo como un jardinero.
¿Jardín de piedras o de barcas? ¿Jardín de poleas o de bailarinas?
El azul, el negro y el rojo corrían por los prados,
las estrellas andaban desnudas pero las friolentas colinas se habían metido debajo de las sábanas,
había volcanes portátiles y fuegos de artificio a domicilio.
Las dos señoritas que guardan la entrada a la puerta de las percepciones, Geometría y Perspectiva,
se habían ido a tomar el fresco del brazo de Miró, cantando Une étoile caresse le sein d’une négresse.
El viento dio la vuelta a la página del llano, alzó la cara y dijo, ¿Pero dónde anda Joan Miró?
Estaba ahí desde el principio y el viento no lo veía:
Miró era una mirada transparente por donde entraban y salían atareados abecedarios.
No eran letras las que entraban y salían por los túneles del ojo:
eran cosas vivas que se juntaban y se dividían, se abrazaban y se mordían y se dispersaban,
corrían por toda la página en hileras animadas y multicolores, tenían cuernos y rabos,
unas estaban cubiertas de escamas, otras de plumas, otras andaban en cueros,
y las palabras que formaban eran palpables, audibles y comestibles pero impronunciables:
no eran letras sino sensaciones, no eran sensaciones sino Transfiguraciones.
¿Y todo esto para qué? Para trazar una línea en la celda de un solitario,
para iluminar con un girasol la cabeza de luna del campesino,
para recibir a la noche que viene con personajes azules y pájaros de fiesta,
para saludar a la muerte con una salva de geranios,
para decirle buenos días al día que llega sin jamás preguntarle de dónde viene y adónde va,
para recordar que la cascada es una muchacha que baja las escaleras muerta de risa,
para ver al sol y a sus planetas meciéndose en el trapecio del horizontes,
para aprender a mirar y para que las cosas nos miren y entren y salgan por nuestras miradas,
abecedarios vivientes que echan raíces, suben, florecen, estallan, vuelan, se disipan, caen.
Las miradas son semillas, mirar es sembrar, Miró trabaja como un jardinero
y con sus siete manos traza incansable —círculo y rabo, ¡oh! y ¡ah!—
la gran exclamación con que todos los días comienza el mundo”.
13. Tu regalo ideal de cumpleaños sería:
La vida sencilla.
“Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes ?papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento?
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos...
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo”.
14. ¿Qué es la vida para ti?
Vida entrevista.
“Relámpagos o peces
en la noche del mar
y pájaros, relámpagos
en la noche del bosque.
Los huesos son relámpagos
en la noche del cuerpo.
Oh mundo, todo es noche
y la vida es relámpago”.
15. Cómo es tu relación:
Carta de creencia.
CANTANTA
1
“Entre la noche y el día
hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
es tiempo.
Hora, pausa precaria,
página que se obscurece,
página en la que escribo,
despacio, estas palabras.
La tarde
es una brasa que se consume.
El día gira y se deshoja.
Lima los confines de las cosas
un río obscuro.
Terco y suave
las arrastra, no sé adónde.
La realidad se aleja.
Yo escribo:
hablo conmigo
—hablo contigo.
Quisiera hablarte
como hablan ahora,
casi borrados por las sombras
el arbolito y el aire;
como el agua corriente,
soliloquio sonámbulo;
como el charco callado,
reflector de instantáneos simulacros;
como el fuego:
lenguas de llama, baile de chispas,
cuentos de humo.
Hablarte
con palabras visibles y palpables,
con peso, sabor y olor
como las cosas.
Mientras lo digo
las cosas, imperceptiblemente,
se desprenden de sí mismas
y se fugan hacia otras formas,
hacia otros nombres.
Me quedan
estas palabras: con ellas te hablo.
Las palabras son puentes.
También son trampas, jaulas, pozos.
Yo te hablo: tú no me oyes.
No hablo contigo:
hablo con una palabra,
Esa palabra eres tú,
esa palabra
te lleva de ti misma a ti misma.
La hicimos tú, yo, el destino.
La mujer que eres
es la mujer a la que hablo:
estas palabras son tu espejo,
eres tú misma y el eco de tu nombre.
Yo también,
al hablarte,
me vuelvo un murmullo,
aire y palabras, un soplo,
un fantasma que nace de estas letras.
Las palabras son puentes:
la sombra de las colinas de Meknès
sobre un campo de girasoles estáticos
es un golfo violeta.
Son las tres de la tarde,
tienes nueve años y te has adormecido
entre los brazos frescos de la rubia mimosa.
Enamorado de la geometría
un gavilán dibuja un círculo.
Tiembla en el horizonte
la mole cobriza de los cerros.
Entre peñascos vertiginosos
los cubos blancos de un poblado.
Una columna de humo sube del llano
y poco a poco se disipa, aire en el aire,
como el canto del muecín
que perfora el silencio, asciende y florece
en otro silencio.
Sol inmóvil,
inmenso espacio de alas abiertas;
sobre llanuras de reflejos
la sed levanta alminares transparentes.
Tú no estás dormida ni despierta:
tú flotas en un tiempo sin horas.
Un soplo apenas suscita
remotos países de menta y manantiales.
Déjate llevar por estas palabras
hacia ti misma.
2
Las palabras son inciertas
y dicen cosas inciertas.
Pero digan esto o aquello,
nos dicen.
Amor es una palabra equívoca,
como todas.
No es palabra,
dijo el Fundador:
es visión,
comienzo y corona
de la escala de la contemplación
—y el florentino:
es un accidente
—y el otro:
no es la virtud
pero nace de aquello que es la perfección
—y los otros:
una fiebre, una dolencia,
un combate, un frenesí, un estupor,
una quimera.
El deseo lo inventa,
lo avivan ayunos y laceraciones,
los celos lo espolean,
la costumbre lo mata.
Un don,
una condena.
Furia, beatitud.
Es un nudo: vida y muerte.
Una llaga
que es rosa de resurrección.
Es una palabra:
al decirla, nos dice.
El amor comienza en el cuerpo
¿dónde termina?
Si es fantasma,
encarna en un cuerpo;
si es cuerpo,
al tocarlo se disipa.
Fatal espejo:
la imagen deseada se desvanece,
tú te ahogas en tus propios reflejos.
Festín de espectros.
Aparición:
el instante tiene cuerpo y ojos,
me mira.
Al fin la vida tiene cara y nombre.
Amar:
hacer de un alma un cuerpo,
hacer de un cuerpo un alma,
hacer un tú de una presencia.
Amar:
abrir la puerta prohibida,
pasaje
que nos lleva al otro lado del tiempo.
Instante:
reverso de la muerte,
nuestra frágil eternidad.
Amar es perderse en el tiempo,
ser espejo entre espejos.
Es idolatría:
endiosar una criatura
y a lo que es temporal llamar eterno.
Todas las formas de carne
son hijas del tiempo,
simulacros.
El tiempo es el mal,
el instante
es la caída;
amar es despeñarse:
caer interminablemente,
nuestra pareja
es nuestro abismo.
El abrazo:
jeroglífico de la destrucción.
Lascivia: máscara de la muerte.
Amar: una variación,
apenas un momento
en la historia de la célula primigenia
y sus divisiones incontables.
Eje
de la rotación de las generaciones.
Invención, transfiguración:
la muchacha convertida en fuente,
la cabellera en constelación,
en isla la mujer dormida.
La sangre:
música en el ramaje de las venas;
el tacto:
luz en la noche de los cuerpos.
Trasgresión
de la fatalidad natural,
bisagra
que enlaza destino y libertad,
pregunta
grabada en la frente del deseo:
¿accidente o predestinación?
Memoria, cicatriz:
—¿de dónde fuimos arrancados?,
memoria: sed de presencia,
querencia
de la mitad perdida.
El Uno
es el prisionero de sí mismo,
es,
solamente es,
no tiene memoria,
no tiene cicatriz:
amar es dos,
siempre dos,
abrazo y pelea,
dos es querer ser uno mismo
y ser el otro, la otra;
dos no reposa,
no está completo nunca,
gira
en torno a su sombra,
busca
lo que perdimos al nacer;
la cicatriz se abre:
fuente de visiones;
dos: arco sobre el vacío,
puente de vértigos;
dos:
Espejo de las mutaciones.
3
Amor, isla sin horas,
isla rodeada de tiempo,
claridad
sitiada de noche.
Caer
es regresar,
caer es subir.
Amar es tener ojos en las yemas,
palpar el nudo en que se anudan
quietud y movimiento.
El arte de amar
¿es arte de morir?
Amar
es morir y revivir y remorir:
es la vivacidad.
Te quiero
porque yo soy mortal
y tú lo eres.
El placer hiere,
la herida florece.
En el jardín de las caricias
corté la flor de sangre
para adornar tu pelo.
La flor se volvió palabra.
La palabra arde en mi memoria.
Amor:
reconciliación con el Gran todo
y con los otros,
los diminutos todos
innumerables.
Volver al día del comienzo.
Al día de hoy.
La tarde se ha ido a pique.
Lámparas y reflectores
perforan la noche.
Yo escribo:
hablo contigo:
hablo conmigo.
Con palabras de agua, llama, aire y tierra
inventamos el jardín de las miradas.
Miranda y Fernand se miran,
interminablemente, en los ojos
—hasta petrificarse.
Una manera de morir
como las otras.
En la altura
las constelaciones escriben siempre
la misma palabra;
nosotros,
aquí abajo, escribimos
nuestros nombres mortales.
La pareja
es pareja porque no tiene Edén.
Somos los expulsados del Jardín,
estamos condenados a inventarlo
y cultivar sus flores delirantes,
joyas vivas que cortamos
para adornar un cuello.
Estamos condenados
a dejar el Jardín:
delante de nosotros
está el mundo.
Coda
Tal vez amar es aprender
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
como el tilo y la encina de la fábula.
Aprender a mirar.
Tu mirada es sembradora.
Plantó un árbol.
Yo hablo
porque tú meces los follajes”.
16. Tu miedo:
Insomnio.
“Quedo distante de los sueños.
Abandona mi frente su marea,
avanzo entre las piedras calcinadas
y vuelvo a dar al cuarto que me encierra
aguardan los zapatos, los lazos de familia,
los dientes de sonreír
y la impuesta esperanza:
mañana cantarán las sirenas.
(Y en mi sangre
Otro canto se eleva: Yo no digo
mi canción sino a quien conmigo va…)
Sórdido fabricante de fantasmas,
de pequeños dioses oscuros,
polvo, mentira en la mañana.
Desterrado de la cólera y de la alegría,
sentado en una silla, en una roca,
frente al ciego oleaje: tedio, nada.
Atado a mi vivir
y desasido de la vida”.
17. ¿Cuál es el mejor consejo que puedes dar?:
Conversar.
“En un poema leo:
conversar es divino.
Pero los dioses no hablan:
hacen, deshacen mundos
mientras los hombres hablan.
Los dioses, sin palabras,
juegan juegos terribles.
El espíritu baja
y desata las lenguas
pero no habla palabras:
habla lumbre. El lenguaje,
por el dios encendido,
es una profecía
de llamas y una torre
de humo y un desplome
de sílabas quemadas:
ceniza sin sentido.
La palabra del hombre
es hija de la muerte.
Hablamos porque somos
mortales: las palabras
no son signos, son años.
Al decir lo que dicen
los nombres que decimos
dicen tiempo: nos dicen.
Somos nombres del tiempo.
Conversar es humano”.
18. Si pudieras elegir otro nombre, ¿cuál sería?
Salamandra.
“[…]
Salamandra
dardo solar
lámpara de la luna
columna del mediodía
nombre de mujer
balanza de la noche.
(El infinito peso de la luz
un adarme de sombra en tus pestañas)
Salamandra
llama negra
heliotropo
sol tú misma
y luna siempre en torno de ti misma
granada que se abre cada noche
astro fijo en la frente del cielo
y latido del mar y luz ya quieta
mente sobre el vaivén del mar abierta
Salamandra
saurio de unos ocho centímetros
vive en las grietas y es color de polvo
Salamandra de tierra y de agua
piedra verde en la boca de los muertos
piedra de encarnación
piedra de lumbre
sudor de la tierra
sal llameante y quemante
sal de la destrucción
y máscara de cal que consume los rostros
Salamandra de aire y de fuego
avispero de soles
roja palabra del principio
La salamandra es un lagarto
su lengua termina en un dardo
su cola termina en un dardo
Es inasible Es indecible
reposa sobre brasas
reina sobre tizones
Si en la llama se esculpe
su monumento incendia.
El fuego es su pasión es su paciencia
Aguamadre
Salamadre”
19. Un pensamiento para hoy:
La calle.
“Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie”.
20. Cómo quisieras morir:
Ejercicio preparatorio.
(Díptico con tablilla votiva)
Meditación
(Primer tablero)
La premeditación de la mort est premeditación de la
liberté. Qui a apris à mourir, il a desapris à desapris á servir.
Michel de Montaigne
“La hora se vacía.
Me cansa el libro y lo cierro.
Miro, sin mirar, por la ventana.
Me espían mis pensamientos.
Pienso que no pienso.
Alguien, al otro lado, abre una puerta.
Tal vez, tras esa puerta,
no hay otro lado.
Pasos en el pasillo.
Pasos de nadie: es sólo el aire
buscando su camino.
Nunca sabemos
si entramos o salimos.
Yo, sin moverme,
también busco —no mi camino:
el rastro de los pasos
que por años diezmados me han traído
a este instante sin nombre, sin cara.
Sin cara, sin nombre.
Hora deshabitada.
La mesa, el libro, la ventana:
cada cosa es irrefutable.
Sí,
la realidad es real.
Y flota
—enorme, sólida, palpable—
sobre este instante hueco.
La realidad
está al borde del hoyo siempre.
Pienso que no pienso.
Me confundo
con el aire que anda en el pasillo.
El aire sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara,
sin decir: he llegado,
llega.
Interminablemente está llegando,
inminencia que se desvanece
en un aquí mismo
más allá siempre.
Un siempre nunca.
Presencia sin sombra,
disipación de las presencias,
Señora de las reticencias
que dice todo cuando dice nada,
Señora sin nombre, sin cara.
Sin cara, sin nombre:
miro
—sin mirar;
pienso
—y me despueblo.
Es obsceno,
dije en una hora como ésta,
morir en su cama.
Me arrepiento:
no quiero muerte de fuera,
quiero morir sabiendo que muero.
Este siglo está poseído.
En su frente, signo y clavo,
arde una idea fija:
todos los días nos sirve
el mismo plato de sangre.
En una esquina cualquiera
—justo, omnisciente y armado—
aguarda el dogmático sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara:
la muerte que yo quiero
lleva mi nombre,
tiene mi cara.
Es mi espejo y es mi sombra,
la voz sin sonido que dice mi nombre,
la oreja que escucha cuando callo,
la pared impalpable que me cierra el paso,
el piso que de pronto se abre.
Es mi creación y soy su criatura.
Poco a poco, sin saber lo que hago,
la esculpo, escultura de aire.
Pero no la toco, pero no me habla.
Todavía no aprendo a ver,
en la cara del muerto, mi cara”.
21. El estado actual de tu alma:
Entre irse y quedarse.
“Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.
Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.
Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.
La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.
En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.
Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa”.
22. Tu mayor secreto:
Identidad.
“En el patio un pájaro pía,
como el centavo en su alcancía.
Un poco de aire su plumaje
se desvanece en un viraje.
Tal vez no hay pájaro ni soy
ese del patio en donde estoy”.
23. Tu lema:
La palabra dicha.
“La palabra se levanta
de la página escrita.
La palabra,
labrada estalactita,
grabada columna,
una a una letra a letra.
El eco se congela
en la página pétrea.
Ánima,
blanca como la página,
se levanta la palabra.
Anda
sobre un hilo tendido
del silencio al grito,
sobre el filo
del decir estricto.
El oído: nido
o laberinto del sonido.
Lo que dice no dice
lo que dice: ¿cómo se dice
lo que no dice?
Di
tal vez es bestial la vestal.
Un grito
en un cráter extinto:
en otra galaxia
¿cómo se dice ataraxia?
Lo que se dice se dice
al derecho y al revés.
Lamenta la mente
de menta demente:
cementerio es sementero,
simiente no miente.
Laberinto del oído,
lo que dices se desdice
del silencio al grito
desoído.
Inocencia y no ciencia:
para hablar aprende a callar”.
Mafalda desde si misma...
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