lunes, 26 de julio de 2010

Ecléctica...




En este lugar (blog) casi nadie me conoce. Puedo escribir barbaridades; inventarme novios y decir que muchos hombres me flirtean; relatar sin disimulos, sin juego de manos. Por momentos se me olvida contar esa historia que todos llevamos dentro. Otras veces se me complica el cómo hacerlo. Repaso mis letras antiguas y sonrío. Soy la misma y otra, me leo y digo no, y luego pienso sí.
Así continuo.

Es necesario escribir, decir, confirmar.
Tú, léeme si gustas, palpitando desde un púlpito.

Sé de disturbios, de ciclones y turbulencias. Conozco el sonido de los besos y de las lágrimas. Permanecí muchos años en la mentira y logré sobrevivir cuando llegó la verdad.

Hay días difíciles, me aburro. Dedico el tiempo a leer libros, blogs, twitts, correos, etc. ¡Ah! También escribo: hoy un cuento, mañana le agrego una cuartilla a esa historia que no termina de ajustarse. Por momentos siento que se me ha detenido la máquina, que olvidé el movimiento de la mano que prende el ordenador, que se me zafó un perno o un tornillo. Y así, desorientada, me atrevo a colocar palabras en los blogs de otros. Eso sí, con gran cariño. Por semanas se me enquista el silencio del tiempo, porque me falta, entonces me desaparezco. Me aburro.

De pronto parece que me sobran las ventanas. Por una lo vi escondiéndose de todos y con deseo de ser encontrado. En otra la sorprendí enmascarada, acuclillada. Tengo momentos que me gusta casi todo, o bastante, o nada. Los recuerdos llegan y me tocan tan fuerte que me duele la piel al sentirlos. Me rindo ante ellos, se derriten y queman; porque los abrazos son también espirituales, la emoción tiene forma, el deseo sigue vivo.

Tengo tentación de libertad. Me iré algunos días a los campos. Recolectaré alcatraces gigantes, deshojaré montones de cenizas. El río de las convicciones me mostrará varios caminos. Flotaré por la afluente de tranquilidad.

A mi retorno solucionaré los problemas de ajuste de la máscara, el nudo de las cintas en la nuca. Tengo que centrarme en la no-historia para soportar vivirla.
Mmm, o tal vez para disfrutarla.

Upss, por cierto, a ustedes, ¿cómo les suena la vida?


Foto de inicio cargada en Flickr por purplebeats



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jueves, 8 de julio de 2010

Nuevo viaje...



Una vez más estás preparando el equipaje. Dos años allá, otro allí, tres aquí. La maleta no cambia de tamaño. Tú no eres otro. Leí la carta muchas veces. Creíste que no te descubriría. Esa forma de decir te quiero sin decirlo te mostró de nuevo ante mis ojos. Tus palabras llegaron resbalándose por el tapete de la entrada, descubrí el sobre cuando alistaba el sillón y una mesa pequeña frente al televisor: iba a comer y al mismo tiempo vería Cinema paradiso. Ahí estaba la carta en un sobre. Cuánta incertidumbre cabe en dos hojas, aguardando la estocada certera.

Te dirigías a mí diciéndome amiga; luego hablaste de los sueños. Por un momento no entendí a qué te referías con eso de: “te miré soñándome”. Luego recordé que siempre me encontrabas montada en nubes de ideas, estoy segura que a eso te referías. No te gusta el orden, así que sin el detallaste cómo es el lugar que abandonas. Es una casa con gatos, con libros, con música, con gestos, con llantos, con sexo, sin niños, sin certidumbre, sin magia.

Sé cómo eres, lo bueno es que no leí lamentos y justificaciones. Se terminó de nuevo y habrá que caminar. No te soñé, sólo confieso que antes de la llegada de tu carta, las hojas crujieron, avisando tu paso…




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martes, 29 de junio de 2010

Vuelos de verano...



El día que decidí escribir acerca de ti, no encontraba el sitio adecuado. Caminé por varias calles y con los pies adoloridos, por fin me senté en un bar y pedí una cerveza. La ley del 11° mandamiento: NO FUMARÁS, aún no llegaba por estos rumbos; así que encendí un pitillo. Fumo desde los veinte años y disfruto cada cigarro; esta vez no fue la excepción, así que en ese lugar con sillas de madera y rock metálico de fondo, dejé escapar la espuma del corazón.

Los días pares que pasamos juntos, se contaron con ayuda de gorriones amaestrados; vale decir que los impares se anotaron con el empuje de rasguños de guitarra. Estaba allí escribiendo acerca de ti, entonces, el lugar se llenó de alas y relámpagos. Algunas estatuas aparecían y de inmediato se desintegraban, dejando montoncitos de arena. El viento me despeinaba y recorría el bar de un lado a otro; servilletas y mantelillos volaron como si fueran almas en pena. Un espectro de mantel se asomó por mi hombro y leyó palabras, incluso esas que se quedaban escondidas en las grietas de la prisa, en la impunidad del que lee y no lee. Fui dejando en letras nuestra historia, ese momento puntual en que llegaste, las expectativas no cumplidas, los errores. El frío congeló algunos momentos, decidida, consideré replantearlos y lo logré.

Terminé el relato con dos cajetillas de cigarros vacías, ocho envases de cerveza sobre la mesa consumidos y veinte cuartillas con caligrafía delgada.

Salí de nuevo a caminar. La niebla acompañaba el salpicar de la lluvia. Me descalzé y pisé el frescor del adoquín. Sentada en el suelo por fuera de una posada hundí la cabeza en mi eterna soledad. Como alondra perdida supe que era el momento de buscar ser libre.

Tengo muchos tesoros, me sostengo de ellos y de esa manera no se escapan por ninguna rendija de la memoria. Seguiré escribiéndolos.


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lunes, 14 de junio de 2010

sábado, 12 de junio de 2010

Desde mi almena y sin cruzar la línea...




Se me ocurrió escribirte. Inicié por el extremo superior derecho de la hoja en blanco y permití que las verdades se deslizaran una por una hasta distribuirse al azar y también, a lo largo y ancho del papel. En el centro, salpiqué un número considerable de mentiras; las muy cínicas, se acomodaron por los costados de las verdades, para desafiarlas.

Por cierto, ¿sabías que escribir es abrir la puerta oculta de un espejo para que el que lee salte hacia este otro lado? Creo que fue por eso que se me ocurrió escribirte.

Soy tan feliz. Así inicié. Luego, me esmeré en explicar el porqué de mi felicidad: Cada noche le cuento a la luna que soy un botón de rosa roja. No me importa que los demás me vean como rosa y no como botón. Tú me conociste y aspiraste mi aroma.

Frente al espejo pienso: “que linda rosa vestida de botón”. Ya no duele esta soledad porque me siento llena de ti. Estoy segura que bebí lo mejor que tenías, es por eso que no te reflejaste en otros ojos. El sol descubrió que no tengo secuelas es por eso que escurre sus mechas amarillas a través de mi ventana. Dice la gente que no soy la de antes, por supuesto porque soy un botón de rosa roja.

Caí en la madurez y la boca se me llenó de sonidos raros. Estoy segura que sucedió cuando aprendí a recolectar algunos fragmentos de vacío y los atiborré de letras. Fue entonces que entré en mí, lo hice a través de los oídos y así sin más ni más llegué a la garganta, dejándome caer hasta los pulmones. Entré a mi corazón resbalando por las venas. Vaya músculo romántico que adivina y siente. Balanceándome sobre la aorta –lugar privilegiado- planté la mirada en mi pequeño hígado; ahí puse varios tiestos rojillos y alguno que otro sentimiento. Por último, corrí de nuevo por mis venas hasta el lugar inicial y decidí salir por la mirada.

Ahora ordeno y clasifico trozos de alma, no lo hago como si fueran despojos; lo que hago es cantar y escribir cada sentimiento. En cada palabra, frase, párrafo…está el yo. Tú me lees, espectador atónito. Corre hacia el espejo, te invito a entrar las veces que quieras verme.

Hay un horizonte allá en la lejanía. Caen las hojas desde nuestra acacia, me arrodillo a recogerlas…mañana será otro día.



Foto inicial cargada en flickr por Keithimmyfoto


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martes, 8 de junio de 2010

Rayo






El padre dormita solitario sobre la cama que compartieron. Su cuerpo, apenas tapado por una sucia sábana, se estremece como si una corriente de aire frío lo abrazara; al moverse, despide un olor desagradable: nadie podría imaginar al ver esos desechos que alguna vez fue un hombre imponente. La penumbra de la habitación lo obliga a forzar los ojos, cuyas venas parecen salirse. Tiene las pupilas dilatadas debido al deseo insatisfecho y quisiera traspasar esa oscuridad para yacer de nuevo con Judith.



Ella espera de pie en el pórtico, mirando hacia las montañas; una brisa suave le ondea la cabellera, mientras trata con dificultad de aquietarla con las manos y descubrir su cara. A pesar de los años y el maltrato, las profundas marcas en el rostro no desmerecen la belleza que tiene. Aprieta los músculos de las quijadas para contener la furia en el cuerpo; está implorando a Dios que de una vez por todas termine con él y con la vida de perversión que le obligó a llevar.



Su rencor no tiene límite, ella recuerda su fallido intento por escapar; se iría con Alberto, en su velero de tres palos. El padre peleó contra el marinero, lo dejó tendido en el muelle, detrás de la iglesia, desangrándose, con la faca clavada en el vientre; después la regresó amarrada sobre la grupa sin montura de un caballo tan negro como su destino.



El silencio de la noche es alterado por un estruendo proveniente de la habitación, mezclándose con el resplandor de un rayo, el cual enciende las montañas. El rostro de Judith se suaviza; al tiempo de enrojecer por el destello. Las sábanas se van tiñendo del mismo color.



*Roberto Carreño Colorado (México D.F., 1949). Estudió la carrera de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional y la carrera de Antropología Social en la E.N.A.H..

Ha participado en los talleres de cuento de Guillermo Samperio, Alejandro Toledo y Erika J. Báez entre otros. Ha escrito ensayo, cuento y crítica. Ha publicado en antologías latinoamericanas. Dentro de sus actividades está la literatura, fotografía y vitralismo.




Foto de inicio cargada en flickr por Zseike







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miércoles, 19 de mayo de 2010

La Recoleta







La Recoleta, barrio de Buenos Aires





Camino sola en la madrugada de viento por las calles de La Recoleta. Me pongo las medias negras de red y perfumo mis piernas de jazmín. Me hago rizos en el cabello negro espeso y lo adorno con un clavel rojo. Dejo las pantaletas de seda en el bolso, debajo de las monedas. Me confundo con cualquiera o con todas las prostitutas del barrio, de vientres aroma tabaco rubio. Me pierdo en la oscuridad porteña silbando una tonadita de tango. Escucho el eco de mis pasos que quiebran el pavimento. Me paro debajo de una solitaria farola. Enciendo un cigarrillo y dejo que el humo oculte mi rostro. Siento cómo el aire frío me eriza los pezones. Espero a que alguien se anime a levantarme y me desnude en el asiento trasero de un viejo taxi. Observo la lujuria de los paseantes. Les guiño el ojo a las mujeres bien educadas por sus padres, saludo a extraños y le sonrío a obesos. Me preparo para la gran noche.

Checo puntual mi entrada al cabaret. Pido una melodía del arrabal al hombre del bandoneón. Bailo en la pista con las luces tenues. Coqueteo con el último hombre de la barra. Me siento con los machos. Escucho vulgaridades, me convierto en una de ellas. Río a carcajadas. Me abro por debajo de la mesa y uso la liga como monedero. Entrelazo mis dedos con el de la sortija. Bebo de otros vasos colmados de licor de caña. Entro al baño de los caballeros. Orino mientras me observan. Jadeo en los privados. Me maquillo una y otra vez con el polvo mate y me delineo los labios de carmesí. Saco ventaja de mi género y gano el dinero por las que se quedan en casa. Me regocijo por el bien que hago a la humanidad.

Camino lento hacia los cuartos traseros de terciopelo azul de afortunados encuentros. Toco a un hombre y permito que otro me toque, hasta desconocer en las caricias las manos. Dejo la vergüenza en el ropero, a un lado de la culpa, debajo del arrepentimiento. Me olvido de los rostros y recuerdo al que un día me abandonó, mientras beso con los ojos cerrados. Me cambio el nombre: cortesana, acompañante o ramera. “Llamame como vos querés”; y me ensucio con lascivia: “No se ha inventado el jabón que limpie el amor”.

Entro en los hoteles donde se enamora la gente enferma de desdicha, lleno la soledad de un extraño con un poco de mi humedad y aprendo de memoria un poema de amor. Me deslizo con suavidad las medias. Camino descalza sobre la alfombra. Pregunto si mis senos son lo suficiente grandes o ¿qué es lo que más te excita de mí? Bebo del cuello de la botella hasta derramarla sobre mis tetas. Me pellizco los pezones. Me siento desnuda en una silla y poso como la Minelli. Enciendo la lámpara de la esquina. Observo cómo mi sombra se alarga en la habitación y se retuerce como serpiente. Abro las cortinas y también la ventana. Rompo el silencio con un grito. ¡Bailo la milonga! ¡Me siento poderosa!

Me desvanezco en un sillón de forro viejo y me toco frente al espejo. Gateo y me arrastro hasta que mis rodillas enrojezcan. Me hago la inocente y después la caprichosa; Lolita o dominatriz. Me pinto las uñas de los pies para los fetichistas y humillo a los masoquistas. Toco mi sexo para los voyeristas y me visto de hombre para los machistas.

Prometo, mientras dure la plata, amor eterno y digo que algún día dejaré todo por él, que tendremos dos hijos y que el primero será varón.

Me escondo entre unas piernas. Lleno mi boca. Escurro mi cuerpo entre las sábanas, bajo un cuerpo extraño. Me asfixio e inhalo del aliento. Nado en saliva. Digo las palabras precisas y calculo los gemidos correctos. Finjo que finjo y me entrego como si fuera el último de mis amantes. Migro mis sentimientos a un lugar seguro, donde la realidad no me alcance y dejo las lágrimas para los orgasmos, que por ellos sí vale la pena llorar. Al final, recompenso con una caricia, aunque ésa la pague yo.

Espero desnuda en la ventana de un cuarto extraño a que amanezca y le robo a la luna algunas horas, de todas las que me debe el sol. Fumo el último cigarrillo que sobró en mi cajetilla de piel marrón y veo cómo el crepúsculo matutino difumina las últimas luces de Buenos Aires.





*Faustino López Rangel. Egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Sus cuentos han sido publicados en las revistas Eme equis, La Revista de El Universal, Onexpo y Veintitantos –donde colaboró un año escribiendo cuentos eróticos-, así como en diferentes sitios de Internet. También ha colaborado escribiendo reseña cinematográfica para el diario del Festival de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO).
Finalista del decimocuarto Certamen Internacional de Narrativa Breve organizado por Editorial Nuevo Ser, de Buenos Aires, Argentina, donde fue incluido en la antología Nueva literatura de habla hispana 2006.





Imagen de inicio tomada de internet.




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lunes, 17 de mayo de 2010

Posicionándose...




Días más, oportunidades menos. Aquí estoy. Sigo en esta página entre flojera, sorpresas, espanto, inquietud, fastidio pero principalmente desilusión.

Meses atrás descubrí a algunas personalidades pasadas que, tras mi espalda, tejían planes y actitudes. Yo, como es mi costumbre, en la distracción total. Estoy convencida que si hubiera sospechado esto en otros momentos, un hoyo como mínimo, sería la secuela gástrica, cicatrizando como recuerdo.

Hoy el descubrimiento de esa telaraña de intrigas y mentiras la tomo como bálsamo curativo. De pequeña disfrutaba sacar los cubitos de hielo del refrigerador, colocarlos en un plato, exprimirles un limón y salpicarles sal. Mirando la televisión chupaba con singular alegría el hielo salado. Hoy realizo esta analogía de saborear mis errores con la mente fría y con la hiel que le pone sabor: entre vengativo y sal-pimentado.

El escenario de repeticiones me resulta conmovedor. Pero me ha quedado claro que me deshice de co-dependencias turnándolas al mejor postor jejeje. Dejé la puerta abierta y el paso libre a otras personas que como yo, querían equivocarse…experimentar en carne propia.

No me gustó que se movieran las piezas del ajedrez mientras yo miraba el arcoíris. Me irrita la gente maquiavélica y canalla que después de descubierta, niega la acción. Está claro que es parte de esa misma actitud negar los hechos, lo que no me cuadra es la búsqueda hipócrita de reivindicación.

El ensimismamiento y análisis que he ido narrando en post previos se trato de esto que mencioné. Preveía escribir largo y tendido acerca de un deslumbramiento y quemón. De la venganza en plato frío. Ahora existen otros acontecimientos buenos y malos que se sobreponen a esto. Mí blog logró durante estos años un cometido que no planeé. Me ayudó a expresar ideas. Pocas veces escupí el dolor del engaño y la traición. Muchas otras me sirvió para conocerme y reconocerme. Sin buscarlo ni ser lo que me impulsó a tener un blog, también conocí a hombres y mujeres inteligentes y valiosos.

Cargando la tristeza, la melancolía, las experiencias (buenas y malas) y el conocimiento (poco aún) de mis aciertos y errores, daré paso total a crear fantasías reales. De algo me sirvió haberme equivocado, llorado, perdido, ganado, amado, etc. En cada letra, línea, párrafo, relato, cuento o novela, habrá un pedacito de ti y de mí.

La reglas de comentarios permanecerán ahí descritas, porque estoy segura que cargaré con el tufo eterno de fantasmas, los cuales regresarán y tal vez molestos por verse reflejados, impriman su coraje en alguna misiva.

Las redes sociales como facebook y twitter han ganado espacio y seguidores a los blogs. El primero lo abrí para jugar e interactuar con mis sobrinitas. El segundo lo abrí por curiosidad. Le encontré el chiste (lo que a mí me resulta interesante) y ahora mientras escribo, dejo abierta mi cuenta y leo, casi no interactúo pero me gusta echarle un ojo a lo que recomiendan algunos twitteros.

Bloggear me gusta más. Este espacio-casa, estará para que ustedes pasen, opinen, saluden, lean mis letras y en ocasiones algunos textos de amigos o de mi maestro Samperio.



Es mi casa. Están invitados a llegar y tomarse un café, un té, un vino. Pueden coger algún librito de los que vean bien colocados o mal posicionados. Escuchen musiquita, espero tener tiempo y abastecerles de diferentes melodías para que elijan.  Llegen con un turrón de azucar para mi Cornelio y algo de alimento para peces.  Mi colibrí de pecho colorado es algo tímido, tal vez muchos de ustedes no logren verlo.   Entren al estudio y dejen su turrón en el platito que está por un lado del saxofón. Si tienen suerte, mientras leen, escuchan música o simplemente descansan, Cornelio llegará con su corazóncillo acelerado y su aleteo hipnótico a hacerles un poco de compañía.

Aún en estos tiempos difíciles, son bienvenidos a la Casa pintada con tiza y té.



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Foto de inicio cargada en flickr por LauraNelPaeseDelleMeraviglie




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lunes, 10 de mayo de 2010

"Con responsabilidad" no viene a ser lo mismo que "a ultranza"...




He levantado la mano para solicitar tiempo. No sé si se me concederá.

Hoy es día de las madres. Yo no soy ni seré madre. Años atrás hubo un leve brillo de oportunidad para serlo, me ganó la cobardía y además el hombre en turno no adornó con flores el camino de mi duda, entonces, el miedo tomó el mando y el título se quedó en quimera.

Respeto a las valientes que a ultranza, son madres; les dejo de aplaudir cuando descubro que la ultranza no las hace responsables. Me quito el sombrero ante las que no sólo paren un hijo rasguñando las piedras, sino que lo alimentan con el calostro sabio de las causas y los efectos. Vitoreo a las que no utilizan a los hijos de estandarte protector o de trofeo.

Yo amo a mi madre, soy capaz de dar la vida por ella. No me pesa velar su enfermedad a un lado de su cama. Lo mucho o poco que gano es en gran parte para esa mujer morena. Temo perderla.

Hay a quienes les aterra llegar a la tercera edad y necesitar ayuda hasta para limpiarse después de defecar, o para mover la cuchara hacia la boca. Y qué me dicen de los que les aterra cuidar, limpiar y alimentar a su madre, padre, hijo(a), esposo(a). El amor es activador y procesador de este tipo de actitudes. Aquel que se preocupa o huye en el momento crucial, claudicó o nunca en realidad amó.

Hoy es día de la madre, eso que nunca seré.

Lo que sí soy es: una hija que amará a su chata hasta el último día que se le conceda tenerla a su lado.

Soy también una mujer que solicito más tiempo… ¿para qué? ¡Vaya dilema! ¿Será que se me conceda?



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Foto de inicio cargada en flickr por =anja=





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lunes, 26 de abril de 2010

Plan de vuelo para un futuro incierto...



Ella se levanta y  lava su cara. Sigue las recomendaciones para ocultar la melancolía que reseca la piel. Espía su propia mirada y no logra descifrar lo que otros le pueden leer. Lo que sí ve es el baúl viejo y largo a su espalda. Ese baúl que encierra otro más pequeño que es adonde guarda frases hiladas. Dentro de ese baúl de letras hay otro que atesora cenizas y, envuelto en franela roja está un baúl con silencios; tiene varios meses que ha notado que de los bordes mohosos se resbalan algunos silencios panzones que no logran acomodo dentro de la valija.



El destiempo la tiene molesta e inconforme. A su alrededor los otros juegan al juego de reír y ella ya está harta de resistirse a disfrutar del carnaval que satura las calles. Hay escases dé máscaras, por eso a sus conocidos no les quedó  más que disfrazarse de ellos mismo. 



Desde mi trono la observo.  Con decisión abre el baúl de frases, luego esculca en el fondo del closet hasta que encuentra una tiza. Se sienta en el suelo con la valija de frases en un costado, y lentamente empieza a escribir el plan de vuelo para un futuro incierto:



Llegar precavida a la cita y por el lado más oscuro de la calle. Acicalarse el pelo y colocarle un broche que brille con las luces de neón. Arreglarse el escote donde caerá su mirada sin remedio. Aguardar la llegada de su paso demorado y cauteloso. No demostrar la ansiedad aún y cuando se desborde en sístoles y diástoles. Estar consciente de lo inconsciente que es salir con él. Poner de pretexto la amistad e intentar sin mucho esfuerzo colocarle distancia al amor. Premeditar sin alevosía y aventajar con las semejanzas. Mirar de soslayo el furtivo deleite que siente cuando huele mi pelo y fingir que no lo noto. Evitar decir más de lo que pienso y siento. Oír con atención su grito silente que dice: “Chiquilla, me cuesta trabajo aceptarlo pero… desde que te vi traigo colgado tu peso en mi sexo. Duele, sé lo que te digo, me duele, pero estoy disfrutando este juego. Me he disfrazado y ese del espejo convexo es el que soy hoy, mañana…¿Quién lo sabe?” Entonces, después de escuchar, fumarse el cigarrillo de la duda. Espantar como moscas los recuerdos de vuelos equivocados, aviones volando bajo, lluvia en el Golfo y entrar de lleno a la niebla del Distrito Federal. Permitir que adivine  gustos, que lea a Neruda, que crea que enseña nuevos rumbos. Compartir el vino en vasos improvisados y comer por primera vez en el jardín de un Edén personal. Morder la manzana y atenerse a los acontecimientos. Oírlo murmurar: “Por cierto, preciosa, empiezo a tener miedo ¿estás segura que alguien no nos ha visto entrar al jardín?” y cerrar los oídos a la realidad. Regresar a casa y rezar la letanía: “Un solo beso no importa que sea breve, un beso a destiempo, uno solo”.

Continurá...


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Foto de inicio cargada a flickr por Noretta






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viernes, 23 de abril de 2010

Hoy en tú día...





Interrumpo el ensimismamiento para homenajear al mejor amigo del hombre…

EL LIBRO



Mi amiga Florenzano, la bella Ale, me decía hace algunos años: “Gachita, con eso de que ahora todo el mundo lee y es bien culto”.

Mi gremio tiene un porcentaje tristemente bajo de cultura general. Conozco a pocos (los cuento con una mano) que les gusta la literatura.

Entré a blogger en 2006 y me sorprendió encontrar por todos lados (cibernéticos) personas que crecieron rodeadas de libros. Gente que antes de caminar, gateaba hacia los libros, así, al más estilo  Matilda  (la de la película) ¡sopas!

Recuerdo que un bloggero al que yo era asidua mencionó en uno de sus comentarios algo más o menos así: “las mujeres se ven re’ chulas e interesantes con un libro entre las manos”.

Sospecho que la pose de ente-libro se ha convertido en lugar común , para de esa forma sentirse interesante, atractivo, misterioso, cautivador y no del montón.

En mi infancia me entraron las letras a golpe y porrazo. El gusto por las mismas lo obtuve en la preparatoria y no por mi mamá, que antes de andarme comprando un libro, mejor se abastecía de leche, pan y carne para alimentar a cuatro chamacos. Fue mi amigo Abraham el que abrió la puerta de la curiosidad y entré a ese mundo. Muchos años leí de prestado. Cuando gané mi dinero, lo primero que hice fue ir a comprar “Cien años de soledad” y lo guardé como mi primer tesoro (ya lo había leído de prestado).



Hoy, el regalo que deseo brindarle a EL LIBRO en su día, es quitarle el maquillaje de lugar común y vestirlo de autenticidad.



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Foto de inicio cargada en flickr por Fabienne Lin





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miércoles, 21 de abril de 2010

Con los pies desnudos…




Tiene sus ventajas protegerse para ver el sol, después, cada quien elige: silla, suelo, cama, etc,. Yo quise columpio. Pero no cualquier columpio. El indicado lo encontré a diez horas de distancia. Lo bueno es que ahí se puede beber o fumar, incluso llorar; cuando esto último suceda yo sé que de inmediato cada gota salada de llanto se convertirá en cristal, tin, tin, tin, así sonarán al caer sobre el suelo.

Pasaré al momento inicial, podría excusarme diciendo que se trató del más importante, en la lejanía del momento cualquier escenario dista de asemejarse al que se pisó en otro presente y, que desde el trono, ahora se visualiza con detalle.

Iniciaré entonces...

Ella entra en escena para actuar y yo desde mi trono le veo los tobillos desnudos, enseñando un tatuaje de gena en su pie derecho. Tanto le ha llovido que lleva una máscara de llanto, de esas que tienen una sonrisa franca al tiempo que comprimen  los ojos anegados de lágrimas. "Puede que la vida me dé alguna oportunidad", le decía cada tarde a su amiga Mara. El mundo se le caía en grandes trozos y le llovían pedazos de truenos desde los rascacielos.

Mira la hora y la máscara se le retuerce. Se percata de la fecha al mirar el calendario que cuelga en la pared. “De nuevo tarde”, murmura. Descuelga el calendario y le da vuelta como buscando momentos pasados. “¿Dónde estaba yo antes de este día? Anda, contéstame tragón de tiempo, mandilón de suertudos, marcador de ironías. ¡Méndigo informal!”, en ese momento se arranca la sonrisa y deja que le llueva la frustración a borbotones.



Continuará…





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Foto de inicio cargada en flickr por daniloFiore





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miércoles, 14 de abril de 2010

Fotogramas con besos...



Los columpios son transbordadores instantáneos, desde pequeña los utilizo para concentrarme y pensar. Me impulso una y otra vez; cuando el cosquilleo en la panza desaparece sé que estoy volando, entonces, miro desde mi posición privilegiada.

A diez horas de distancia, untada de bloqueador, con lentes polarizados, en el lugar adecuado, meciéndome sobre el columpio y con el sol reposando, logré mirarlo de frente.

Los frutos maduros tuvieron un proceso. Las ideas maduran con el análisis. Los humanos maduramos con ciertos trucos: Uno de ellos es la frialdad. El calor del momento coloca el punto de análisis, sólo es cuestión de dejarlo enfriar, sentarse y mirarlo con detenimiento y tranquilidad. Congelados los momentos clave, me mezo en el columpio y, despreocupada, dejo correr la cinta 8mm. El columpio cumple una función indispensable, es un trono. Frente a él, desfilan las imágenes como fotogramas tirados: un beso robado, una mentira, una duda, etc,.


Continuará…




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Foto de inicio cargada en flickr por alex in wonderland 





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miércoles, 7 de abril de 2010

Bloquear al sol...




Llegué de buen humor. Estoy segura que a muchos le ha sucedido así: un día se levantan sin dolor en el alma y sin ese peso adicional que les aplasta el ánimo, entonces, abren los brazos y se lanzan con la cara como primicia de entrada. Ya dije antes, mi finalidad era ver al sol de frente.

Bajándome del autobús me dirigí a la primera farmacia que se cruzó por mi camino para comprar alguna crema protectora.
-Señorita, me da un bronceador con factor de protección cincuenta, por favor –le solicité a una morena mal encarada que atendía el mostrador.
-Dirá usted bloqueador –contestó y de inmediato fue por la mercancía a los estantes.

Me bloqueé la cara, los brazos, las piernas y, con el pie derecho, di el primer paso hacia la aventura, no sin antes limpiar bien mis gafas de sol.

No chequé la hora, iba retrasada… de unos años a la fecha me sucede con frecuencia, llego tarde a muchas cosas, fue por eso que no me apresuré. De nuevo seré sincera, más que aventura se trató de curiosidad. Y sí, así fue, marqué el primer trazo de este viaje a destiempo.


Continuará…



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Foto de inicio cargada en flickr por dream_maze






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jueves, 1 de abril de 2010

Viajé a destiempo hacia el sol...





Hoy brilló el sol de una manera diferente. Tal vez se trata de la posición y el lugar adonde me acomodé para verlo; pero… ¡no, no tengo duda!, al sol le escurren obleas de miel por los costados. Me coloco abundante bronceador, lentes polarizados y decido mirarlo de frente. Planeé esta visita de un día para otro. Mmm, tengo que ser franca; confieso no haberlo planeado, solo sucedió.   

Preparé la maleta de prisa y con lo necesario. La central de camiones semejaba regenteo urgente de humanos desesperados. Logré comprar un boleto con asiento en ventanilla. Fueron diez horas de camino en donde intercalé música y lectura. Dormí lo que duró una película que se trataba de dos idiotas que no podían capturar a un niño altivo e insoportable. Temperatura ambiente a mi llegada: treinta y tres grados centígrados a la sombra.

“Escúchame por favor. Hasta siempre”, así terminaba el correo que me impulsó a ir y ver el sol de frente. Pero esta ocasión voy protegida. Espero no quemarme.



Continuará…



Firma:  Un ser de este mundo.

Foto inicial cargada en flickr por TJ Scott
 
 
 
 
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lunes, 22 de marzo de 2010

Laberintos y placeres...






Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.

Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.

Jorge Luis Borges





Hace una semana arreglé mis manos y masajearon mis pies. El adorno que coloqué en las uñas luce sobrio y elegante.  En un post previo hablé acerca del ritual ancestral que dedico a mis extremidades. Me gusta la discreción y creo que a un buen número de hombres les agradan las manos coquetas que no rayan en lo vulgar. Los pies y los voyeristas es un punto aparte. Yo anduve con alguien que besaba las plantas de mis pies y mis deditos uno por uno. Me siento feliz cuando me veo bien y no se diga cuando me siento igual.


El paraíso para Borges podía compararse con un laberinto de libros. Él sí nació entre ellos. Yo, una humilde lectora, se maravilla con frases, historias, sonidos, imágenes. La biblioteca pequeña a la que tengo acceso, no tiene forma de laberinto, pero siento que es un paraíso. Las paredes de mi habitación son libreros. Sentada en la cama, -en medio del cuarto- puedo recorrer con la mirada los lomos de mis libros, elijo alguno o continúo con el de turno. Descalzo mis pies, unto eucalipto en cada uno y me dejo llevar entre callejones, campos, cavernas, mares, incluso he llagado a volar. Por momentos la Teoría de las supercuerdas se queda corta.


Me cuesta trabajo pero me agrada mucho: descifrar tormentos; encontrarle fascinación a las dudas; disfrutar los ángulos oscuros de varios pasajes con salidas casi imposibles; enjugar lágrimas; redimir al culpable; darle la razón al enemigo; permanecer impávida ante el asesino de ideas y el violador de fantasías; consolar al engañado; llorar con el solitario. En el transcurso de cada historia descubro algo de mi propio laberinto.


Ahora que me he visto en muchas historias y me he creado en unas cuantas, tengo la seguridad que sentirse es algo parecido al paraíso. Puedo hacerlo de varias formas, una de ellas es leer y sacar melodías con el saxofón. Otro más: excitarme y llegar al orgasmo.

Y… ¿por qué no?, el placentero ritual de mis manos y pies, que mes por mes, experimento.



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martes, 16 de marzo de 2010

Despertar o reafirmar...






Un padre y una madre centauros contemplan a su hijo, que juguetea en una playa mediterránea. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: –¿Debemos decirle que sólo es un mito?
Lo real y lo imaginario - Kostas Axelos







Real. Así se llama el soundtrack de la película Realidades. Compramos los boletos, nos abastecimos de bebida y palomitas de maíz y, sentados en cuarta fila, nos dio la bienvenida tanto la fatalidad como el desasosiego.
Despertar o reafirmar -Mafalda


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viernes, 5 de marzo de 2010

Una carrera inútil...





En el intento de ser otra persona hay que barrerse el alma, así dice Giovanni Papini.


[…] -Acuérdate, amigo, de aquel médico que buscaba la mula mientras cabalgaba sobre ella. Esta noche eres un poco como él. Buscas ser otro. Pero quien tiene un deseo que nadie tuvo está ya, ante todos los hombres, en el mejor camino para no ser lo que es. Y tú estás en ese caso, excelente e inquieto amigo. Estás ya en el ubral de tu alma y acaso -¿quién sabe? -, acaso salgas de ella, si no te da demasiado miedo la oscuridad que hay afuera. […]


Fragmento Ya no quiero ser lo que soy, Giovanni Papini



El espejo que huye





Una imposible mañana de invierno, en una estación bien conocida, un hombre al que no conozco –con abrigo y dos violetas en el ojal- quería demostrarme que los hombres son felices, que la vida es grande y que el mundo es bello. Yo lo escuchaba con interés, sacudiendo a cada momento la ceniza de mi cigarrillo, que se consumía al viento sin que nunca me lo llevara a la boca. Lo escuchaba y sonreía, y el Hombre que no conozco se acaloraba cada vez más y ya del humour pasaba al sentimiento, al entusiasmo, al delirio. La fuga de sus rápidas palabras, escurridizas, duras, como acabadas de fundir, como acuñadas de nuevo en algún sitio, hacía poco tiempo, me llenaba de una embriaguez muy parecida a la que da el champaña. Algo picante y saltarín; una necesidad de abrazar y de llorar, de bailar, de reír a pequeños impulsos.

A un cierto momento, su voz dijo:

-Piense, caballero, piense en la grandeza del progreso que se realiza bajo nuestros ojos, en el progreso que lleva a los hombres del pasado al futuro, de aquello que ya no es a lo que no es todavía, de aquello que se recuerda a aquello que se espera. Los salvajes no prevén el futuro, no piensan en lo por venir; no prevén y no previenen. Pero nosotros; nosotros, hombres civilizados; nosotros, hombres nuevos, vivimos para el futuro y gracias al futuro. Toda nuestra vida está dirigida hacia lo que tiene que venir, está construida en vista a lo que sucederá. Nuestros hombres consagran el hoy al mañana, siempre, cada día que pasa al mañana que pasará, respetuosamente y valerosamente.

Este enorme progreso de espíritu profético es lo que hace desvanecerse los peligros, que nos da fuerzas, que hace descubrir nuevas posibilidades, que nos convierte en dueños de la tierra, del mar y del cielo, y de una cosa que vale más que todo eso, caballero: ¡nosotros mismos! Pero en aquel momento un tren expreso llegó a la estación. Su solemne ruido en las cruces de las vías, su breve silbido, decidido e irritado, interrumpieron el discurso del Hombre que no conozco. Cuando el tren estuvo tranquilo y sólo se oyeron los sordos bufidos de la máquina y los viajeros huyeron, el Hombre quiso seguir hablando, pero yo se lo impedí:

-Señor Hombre –le dije -, este tren que ha llegado ahora, ¿no le ha dicho nada que convenga a nuestro asunto? ¿No ha entendido su respuesta? ¿Quiere que se la repita yo, humilde traductor, ya que sé traducir la lengua de los trenes y de muchas otras cosas?

Hasta hace pocos minutos este tren corría a una velocidad media de ochenta kilómetros por hora, pequeño mundo repleto e iluminado, a través de la campiña solitaria y neblinosa. Y he aquí que, de repente, se ha detenido, los habitantes de esta pequeña ciudad en fuga han desaparecido y el maquinista se seca la frente con aire poco satisfecho. Las ruedas están quietas perezosamente en las vías y los vagones, vacíos y oscuros, añoran el parloteo de los viajeros y las maletas de variados colores. Así termina una fuga cuando se viaja sobre vías. Pero dejemos el tren y volvamos a los hombres. En este omento yo pienso en una cosa absurda y se la digo a usted, señor Hombre, y la digo porque no hay aquí multitudes que puedan oírme. Si estuvieran aquí todos los que deseo, diría:

“Imaginad, hombres, una cosa imposible, una cosa absurda, loca increíble y terrible. Imaginad que todo el mundo se detuviera de repente, en un instante determinado, y que todas las cosas se quedaran en el punto en que estaban y que todos los hombres se volvieran inmóviles, casi estatuas, en aquella actitud en que estaban en aquel momento, en el acto que estaban realizando… Si esto sucediera y, a pesar de ello, continuara en los hombres el pensamiento, y pudieran recordar y juzgar lo que hicieron y lo que estaban haciendo, y pudieran considerar todo lo que han realizado desde su nacimiento y volver a pensar en lo que querían realizar antes de la muerte, ¡imaginaos cuánta desesperación ardería bajo el tétrico silencio de este mundo detenido de improviso!

“Yo no sé si tenéis el valor de sentir todo lo terrible que sería esto. Esforzaos durante unos momentos por ver a todos estos hombres inmovilizados mientras estaban atentos a su trabajo, jadeando detrás de sus sueños, instigados por sus sucias pasiones, empujados rudamente por sus deseos. Vedlos aquí, esparcidos por el mundo, como suspendidos por una catástrofe que los hubiera transformado en fantoches pensantes, en estatuas desesperadas Vedlos en las más asquerosas posiciones y en las más ridículas, en las más fatigosas y en las más estúpidas. He aquí al hombre sorprendido en el sueño pesado, con la boca entreabierta como un cadáver borracho; he aquí al hombre en el acto amoroso, tendido como una bestia jadeante sobre la mujer de ojos cerrados; he aquí el hombre que robaba en las tinieblas, con sus ojos falsos y la linterna que nunca más se apagará; he aquí al juez vestido de negro que dispensa el infierno y la sangre desde su alto asiento; he aquí al miserable que se arrastra por el fango de la ciudad buscando un hueso y un céntimo; he aquí a la mujer que sonríe lascivamente, con su cara blanca de polvos un poco reclinada hacia un lado; he aquí al mercader de manos huesudas que gesticula por tener diez céntimos más; he aquí al campesino afanoso con el aguijón en la mano dirigido hacia sus inmóviles bueyes; he aquí al elegante orador detenido en mitad de una sonrisa y de un cumplido; y el soldado que estaba con la bayoneta calada ante una puerta cerrada; y el homicida que estaba preparando sus venenos en un desván; y el obrero soñoliento curvado sobre las enormes máquinas untuosas, inmóviles y siniestras; y el científico que no puede apartar su ojo cansado del microscopio en el que han interrumpido su danza los monstruos invisibles…

“Imaginad ahora, si no os falta corazón los pensamientos de todos estos hombres condenados en un mismo instante a la conciencia de su muerte. ¿Creéis que habrá un solo hombre –uno solo, ¿comprendéis? -, uno solo que esté contento y satisfecho de aquel momento en que el destino lo ha inmovilizado? ¿Creéis que para uno solo de estos hombres fue aquél el momento de Fausto, el momento bello que quisiéramos detener, fijar y conservar para toda la eternidad? ¡No lo creéis, no podéis creerlo!

“El señor Hombre (usted, aquí presente, ante mí) ha dicho una gran y tremenda verdad. Los hombres piensan en el futuro, viven para el porvenir, consagran perpetuamente todos los hoy a los mañanas que tienen que llegar. Todo hombre sólo vive para aquello que prevé, que espera. Toda su vida está hecha de manera que cada instante tiene valor para él solamente en cuanto sabe que ese instante prepara un instante sucesivo; cada hora, otra hora que llegará; cada día, otro día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de esperanzas; todo su presente está hecho de pensamientos sobre su futuro. Todo lo que es, que está presente, nos parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nosotros solamente nos consolamos pensando que todo este presente no es más que un prefacio, un largo y fastidioso prefacio a la hermosa novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepan o no, viven por esta fe. Si de repente se les dijera que dentro de una hora tienen que morirse, todo lo que hacen y han hecho no tendría para ellos ningún gusto, ningún sabor, ningún valor. Sin el espejo del futuro, la realidad actual parecería torpe, sucia, insignificante. Sin el mañana que hace esperar en los desquites, en las victorias, en las ascensiones, en los ascensos y en los aumentos, en las conquistas y en los olvidos, los hombres no quisieran vivir. Sin el lejano perfume del mañana, no quisieran comer el negro pan del hoy.

“Pensad, pues, en estos hombres detenidos de repente, que ya no pueden actuar, pero que todavía piensan. Pensad en estos hombres aprisionados en un eterno hoy, sin la liberación de la conciencia. ¿Qué deben de pensar estos hombres? ¡Qué dolor debe de roer sus entrañas y desgarrar sus nervios! Inmóviles en sus actitudes vergonzosas y delictuosas, tristes e idiotas, sin posibilidad de esperanza, sin luz de ensueños, sin dulzura de proyectos, con las alas cortadas, las piernas atadas, las manos encadenadas, como una enorme multitud de esclavos miguelangelescos ceñidos por los lazos de su vida mezquina, asquerosa, por los lazos de esa vida que toleran solamente con la esperanza de vidas más bellas y mayores, estos condenados a la perpetua inacción reconocerán, con infinita rabia,, toda la absurda estupidez de su vida anterior. Pensarán que sacrificaban todo el presente a un futuro que a su vez se convertiría en presente y a su vez sería sacrificado a otro futuro y así hasta el último presente, hasta la muerte. Todo el valor de hoy residía en el mañana, y el mañana valía solamente por otro mañana, y se llegaba ahí hasta el último hoy, el hoy definitivo, y así toda la vida transcurría para preparar, de día en día, de hora en hora, de momento en momento, lo que no llega nunca. Y descubrirán esa tremenda cosa: que el futuro no existe como futuro, que el futuro sólo es una creación y una parte del presente, y que soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida dolorosa, por este futuro que de día en día huye y se aleja, es la estupidez más dolorosa de esa estupidísima vida.

“Hombres, nosotros perdeos la vida por la muerte, nosotros consumimos lo real por lo imaginario. Nosotros valoramos los días sólo porque nos conducen a días que no tendrán otro valor que el de llevarnos otros días semejantes a ellos…Hombres, toda nuestra vida es un fraude atroz que vosotros mismos tramáis en perjuicio vuestro, y sólo los demonios pueden reír fríamente de vuestra carrera hacia el espejo que huye”.

Otro expreso gritando y atronando, entró en la estación, y, una vez más, los viajeros huyeron y el maquinista se secó la frente con aire poco satisfecho. El Hombre que no conozco seguía delante de mí –con su abrigo con sus dos violetas en el ojal – aunque me había olvidado de él por completo.

-He aquí –le dije- mis ideas sobre el progreso, sobre el porvenir y sobre la vida. Usted no está de acuerdo conmigo, pero yo estoy de acuerdo con alguien, por ejemplo con la niebla, que suele intentar cubrir el mundo y esconder al hombre del hombre, a la miseria del desprecio, a la fealdad de la melancolía. Y a mí me gustan muchísimo, señor Hombre, , los trenes que se detienen después de sus inútiles fugas y la niebla que cubre aquello que no se puede destruir.

El Hombre que no conozco se había puesto nervioso y todo su entusiasmo había desaparecido como un mechón de humo. En lugar de contestarme se quitó del ojal una violeta y me la ofreció. Yo la cogí con una inclinación, me la acerqué a la nariz y su leve olor me agradó.

Giovanni Papini, Lo trágico cotidiano, editorial Hyspamérica Ediciones Argentina, S.A., Buenos Aires 1985

 
 
Firma:  Un ser de este mundo.

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viernes, 19 de febrero de 2010

La Gioconda in bicicletta...



Cuando piso lugares nuevos intento no crearme expectativas. Así fue también con mi aventura en el taller de cuento y microficción. El día previo al inicio del mismo, descubrí por internet quién era el maestro, entonces, unas horas antes de acudir a la primera clase estuve a punto de no hacerlo. Pero no fue así, tomé el camino hacia un lugar nuevo y nada común. Llegué temerosa, sin la menor idea de lo que me encontraría. Mi personalidad cínica y directa, creo, me ayuda para tomar las críticas de una manera sana, sin sentirme ofendida. Tengo claro en mi cabeza lo que es para mí escribir, lo que espero de mis letras. Si la crítica me es desfavorable, no existe conflicto de ningún tipo, incluso, por momentos me sorprendo cuando algún cuento mío le gusta a Samperio.


Hoy me encuentro a meses de distancia de mi primer día de taller. Guillermo aún me enseña a escribir. La semana pasada al término de la clase fuimos (todos sus alumnos) a tomar un café con él. Nos informó que se iría a Italia para presentar una de sus recopilaciones.


Esto es él, esto es lo que escribe. Sin palabras más, ni párrafos menos. A Guillermo no le sucedió hoy, han sido años de empeño y esfuerzo. Me gusta acudir a sus clases. Para aquellos que no lo conocen y que algún día se animarán a ser orientados por su pluma, debo decirles que no esperen desplantes groseros, ni mucho menos poses intelectuales; lo que van a experimentar son puntos de vista directos, quisquillosos y bien fundamentados. Regaños juguetones e inteligentes. ¡Ja! Y quién diría, debo decirles que aún así existe quién de pronto pierde su ego en esas tardes-noches de taller con Guillermo Samperio.





Presenta Samperio traducción al italiano de La Gioconda en bicicleta




Roma, 18 Feb (Notimex).- El escritor mexicano Guillermo Samperio presentó en esta capital su libro de cuentos 'La Gioconda en bicicleta', la primera de sus obras traducidas al italiano y que en México fue publicada en 2001.

'Para mí es una sorpresa que una editorial italiana se haya atrevido a publicar un libro mío', dijo el autor durante la presentación, la noche del miércoles, en la embajada mexicana en Roma.

Señaló sentirse muy honrrado por estar traducido al italiano y publicar en un país con una tradición cultural 'tan importante'.

'Las letras y el arte grecorromanos han sido para mí fundamentales', añadió.

Confirmó que 'La Gioconda en bicicleta' fue elegido para su publicación en Italia por la editorial Aljon, porque era el único de sus libros que se encontraba libre de derechos de autor.

La obra fue resultado de una de esas 'dinámicas oscuras' a las que se refería el escritor cubano José Lezama Lima, es decir, los 'racimos' de inspiración interior a los que recurre un autor.

Samperio de 61 años, reivindicó su independencia creativa y su alergia a los grupos literarios.

'Mi problema es que no me gusta recibir órdenes de las cabezas de esos grupos para, por ejemplo, escribir una nota periodística contra un buen escritor de otro grupo editorial', dijo.

'Yo he confiado en mi literatura, no he tenido nunca prisa para ser incorporado en antalogías en el extranjero o en ser traducido fuera de mi país, pero gracias a Dios he estado desde los 30 años en antologías al lado de autores como Cortázar, Borges, u otros grandes escritores', anotó.

Confirmó que en los últimos cinco años han sido publicados cinco de sus libros en España, ha sido traducido al francés, al alemán y ahora al italiano, además de que su obra también ha visto la luz en Estados Unidos.

El autor recordó que su maestro fue el guatemalteco Augusto Monterroso que 'no encontraba cosas que criticar en mis cuentos' y confirmó que ha acabado de escribir un libro de cuentos y otro de novelas breves, además de que trabaja en una novela inicida hace más de 10 años.

Samperio opinó que actualmente la literatura mexicana y la latinomericana 'están muy vivas' y citó, en ese sentido, a los escritores del 'crack', como Jorge Volpi, Ignacio Padilla o Pedro Angel Palau.

También alabó la obra de Francisco Hinojosa y Hernán Lara Zavala.

Ahora hay muchas opciones que antes no había', declaró.

Por su parte, Mariagrazia Scarnecchia, directora de la editorial Aljon, expresó su disponibilidad a continuar publicando obras de Samperio.

'Esperemos que Guillermo nos envié libros para traducirlos al italiano', dijo.

'La Gioconda en bicicleta' fue presentada por las expertas Rosalba Campra, de la Universidad La Sapienza de Roma y la escritora Rosa Romano Toscani, para quienes el libro ofrece 'perplejidad transformada en estupor' o 'vuelo imaginativo que vislumbra maravillas entre las pequeñas cosas cotidianas'.




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