Hoy no me desgarraré con el inútil ejercicio del recuerdo. No es que no estén despiertos los pellejos y las sombras, lo que sucede es que no me da la gana andar tirando ansia y puchero. En la hoja en blanco, se colaron sonrisas y se ha incrementado el barullo. Los renglones tienen saltos y pasos de baile con ritmos alegres. Los glaciares se derriten al son del brillo de mis ojos.
Ustedes, no lean mis olores y no canten mis sonrisas. No se atrevan a escuchar el contenido de esta hoja en blanco, si no se encuentran en condiciones para deleitarse con una dosis adecuada de locura.
Desde hace muchos meses, las aves me hablan, las letras me bailan y mis dedos se impulsan sobre el teclado, para crear conflictos del color del fuego (naranja, azul y rojo), para dramatizar sentimientos, para desbordar por el filo de la hoja, imágenes y sonidos. Mujeres y hombres desfilan a través de su drama. La magia aparece, la realidad se impulsa, lo surreal flota, la poesía camina en puntas.
Mantengo gorda la imaginación con el alimento del día que es soñar, mirar y leer. No hay musos ni musas. Este principio con su respectiva definición me preocupó un tiempo. Mi solitario recorrido no incluía individuos, los evitaba. Ahora creo haber descubierto a la inspiración y la asocio al fundamento y si me late y además, amanezco con capricho, le echo la culpa al muso. Y si me forra el pragmatismo me defino inspirada. Lo que sea que me hace escribir locuras de colores no tiene nombre ni apellido.
Alguien me dijo que sólo necesitaba una tribuna para soltar el enorme discurso que traigo en el alma, puede que sea cierto. Pero también ese alguien me dijo, que por la pantalla de la computadora, vuelco muy cabrón mi melancolía, en esto sí le doy la razón. La mayoría de mis letras cargan melancolía.
Me pasa que inicio una historia y los personajes me indican el camino. Aunque tengo que reconocer que cuando llego al final, me convenzo de que ellos –mis personajes- saben más acerca de mi, que lo que yo sé de mi misma. Un ejemplo cruento de lo que les digo, es esta historia loca que inició en Enero del 2009. Decidí contarla de a poco, para rellenar el espacio de ideas que es mi blog. En esta historia participa lo ilógico y la magia. Los tropos hablan para esconder definiciones. Entonces, ustedes llegan y leen, se identifican con algo en especial o, sólo se dejan llevar. Hay algunos que insisten en querer encontrarle lógica a la ubicuidad con la que en ocasiones juegan mis personajes. Algunos la entienden, otros, la asocian a errores. Yo, solo la escribo. Nunca he llevado un curso de literatura universal, ni algún diplomado en literatura.
Soy una visionuda más de este mundo, un ser de este mundo.
Les contaré un secreto:
Cornelio, el ave de pecho colorado, es la ingenuidad de Ateh.
Los peces de colores, representan la indiferencia al medio de Ateh.
Dorotea, es el otro yo de Ateh, su voz interna, su otredad, su alteridad.
Emilio, es él y los muchos otros que existen que Ateh no ha conocido.
La casa pintada con tiza y té, son los logros de Ateh.
No es bueno explicar detalles. Así como tampoco es adecuado dar exactitud a las artes.
Estoy aprendiendo a escribir. Estoy aprendiendo a darle forma a la idea. Estoy aprendiendo…y, esta historia, es ejercicio para mi pluma. Ejercito voces narrativas, imágenes, ambientes, conflictos, escenarios, tramas…
Agradezco a todo aquel que siga la historia, gracias al que lea más allá de lo que dice.
Pasan las horas… los días, y yo no avanzo hacia otro lado que no sea donde estuvimos cantando nuestra historia. Tú, me verás con los brazos abiertos y las manos escurriendo palabras que hablan de dudas. De nada me sirve anegarme de humores, de pieles, suspiros y sombras distintas; si al final regreso al olor de tus pasos y al musical respiro de tu cuerpo.
Lleno de sensaciones, voy y vengo. Por momentos quiero saber quién vive en mí, porque parecería que me he perdido en alguno de los senderos recorridos. Y la persona que se mueve, habla, come y piensa, es otra muy diferente a la que, con la pierna izquierda, dio la primera zancada para partir hacia la aventura.
Me he visto muchas veces extraviado, golpeando mi cabeza en la barda de la indiferencia. Pum, pum, una y otra vez. Intento controlar a ese otro. Entonces, pongo mi mano en el hombro de mí confundido yo, lo sacudo con enérgica paciencia. Cuando logro su atención, es que comprendo su aburrida monotonía de pescar aves blancas, de no atreverse a caminar por fuera de la línea establecida, de sacar el mismo cascajo cada día, de mirar la grieta en la escultura de la soledad.
Pero mi orgullo es ancho comparándolo con la humildad. Mi necedad es circular comparándola con lo cuadrado de la resignación.
Shhh,… ¡Tú! No lo cuentes a nadie. Lo cierto es que hay días en que me acomodo en el sillón de los recuerdos: le canto al oído, le narro aventuras, acaricio sus ojos, saboreo su lengua, me meto en su culo, muerdo sus pechos, me trago el momento… Y quién iba a decir… me preocupa no saber si vive o muere… pero en mí.
Otawa Canada 1921
Querida Ateh:
He estado preocupada por ti. Primero por la melancolía que percibí en tu última misiva. Y segundo por las hordas negras que caen del cielo. Bueno, eso es lo que me decías en nuestro sueño.
Recuerdo que mi bisabuelo me contó su experiencia con la peste y la fiebre amarilla, de la sensación de terror martillando miradas.
Mi pequeña, me preocupé mucho por ti. Por tus enormes ojos, por tu sentido del tacto y del paladar. No pierdas la cordura y no te amargues los momentos. Digiere el sentido de las cosas y voltéalos hacía el lado adecuado. Verás que el color de las cosas puede cambiar, si le proporcionamos la combinación perfecta.
No cubras tu rostro, mejor protégelo. No talles tus manos, mejor límpialas.
No escondas tu alma… ¡Cuídala!
Te quiere, Dorotea.
-¡Hey , Cornelio! Acércate –le dice Ateh, al ave inquieta que chupa el néctar de las flores en el jardín-. Voy a leerte un bello poema.
Cornelio entra de inmediato. En su pico cuelga un listónamarillo, que deja caer sobre las piernas de Ateh.
-¿Y esto? ¿Qué es? -Ateh coloca el listón en la mesa de centro y Cornelio se agazapa encima-. Pon atención, Cornelio, verás qué bella cosa te leeré.
*"Ya no será/ ya no/ no viviremos juntos/ no criaré a tu hijo/ no coseré tu ropa/ no te tendré de noche/ no te besaré al irme/ nunca sabrás quién fui/ por qué me amaron otros.
No llegaré a saber/ por qué ni cómo nunca/ ni si era verdad/ lo que dijiste que era/ ni quién fuiste/ ni qué fui para ti/ ni cómo hubiera sido/ vivir juntos/ querernos/ esperarnos/ estar.
Ya no soy más que yo/ para siempre y tú/ ya/ no serás para mí/ más que tú. Ya no estás/ en un día futuro/ no sabré donde vives/ con quién/ ni si te acuerdas.
Hay una fiesta de máscaras en la ciudad–les platica Cornelio a los peces. Son máscaras simpáticas: decoloresy he visto que algunas son de tela. La de Ateh es blanca con liguitasamarillas. La del vecino(sí) esazulcon listones de agujeta. Hasta los niños tienen su máscara. El perro melenudo del anciano que vive en la esquina, presume la suya –que esazul- , muy erguido y meneando el rabo. Hoy le pedí la mía a Ateh, se carcajeo de mí, pero tengo su promesa que me hará una en cuanto llegue de la cafetería. ¡Lástima! Ustedes no podrán usar alguna, se les mojaría.
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Lo veo angustiado. La incertidumbre y el miedo no son una adecuada combinación. La circunstancia y la reacción. Binomio que nos define. La mujer rubia de la mesa de entrada, no se cubre la boca, y mira con burla a los que sí lo hacemos. El hombre de las gafas que lee por horas, mueve inquieto su pierna, fuma un cigarro tras otro. Por momentos despega los ojos del libro y mira hacia un lugar indefinido, al tiempo que toca con la yema de sus dedos el cubre-bocas que cuelga de su cuello. Los chicos que atienden la cafetería bromean, pintan bocas y dientes sobre el protector que utilizan en su cara. La dueña del local les ordena cada determinado tiempo, con una señal, el momento de ir a asearse las manos. Hay una pareja leyendo el periódico, ella tiene el protector de diadema y él de collar. Lo veo angustiado. El vecino(sí) se cuestiona si es realidad o fantasía lo que sucede. Estoy segura de eso. Escribe y escribe. Yo, observo y pinto letras en hojas de abedul. Hoy toca pintar la letra t.
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La reacción ¿es defensa? No entiendo porque está tan tranquila. Intentaré relajarme, no me gusta mostrar vulnerabilidad e incertidumbre. Mejor escribo. Espero que tenga la oportunidad de conocerla en otro momento fuera de este caos.
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La muchedumbre de los negros pájaros había nublado la ciudad ese jueves y, durante varios días, el plap, plap, plap, inundó las calles. Leyendas fueron despojadas del polvo. Se trata del mal esperado secundario a nuestras acciones -pensaban algunos. Otros más discutían acerca de venganzas y conveniencias. Mientras las conclusiones eran analizadas, sobre el horizonte, seguían apareciendo hordas de cuervos, que por momentos, detenían su vuelo posándose sobre algún lugar disponible. Caminar por la aceras era semejante a traspasar a un lugar misterioso, donde cada uno de nosotros éramos representantes de una estela funeraria.
Hoy ya no se escuchaba ni un solo batir de alas, estamos saliendo del infierno...
Ateh no despega los ojos del libro. No parpadea. ¿Respira? ¿Llora? La miro desde la ventana del salón de lectura. Por más que aleteo y mantengo en equilibrio mis alas, no voltea hacia acá. Hoy no he logrado entrar a lacasapintada. Ateh la mantuvo con candado durante la mañana. Ojalá no esté molesta por mi ausencia. Tengo tanto que contarle acerca del vecino(sí) que estoy seguro que me perdonará por haberla dejado sola. Creo que lloverá de nuevo, tendré que meterme en la casita del correo…Ufff, no hay azúcar, me toca ayunar.
*"[…]- ¿Dónde están tus límites Lajos? […]
-[…]-Todo eso son puras palabras –observó, con un movimiento de la mano de aburrimiento-. Límites, posibilidades. El bien y el mal. Son puras palabras Eszter. ¿Has pensado alguna vez en que la mayor parte de nuestras acciones no tiene ningún sentido ni ningún fin? Uno hace lo que hace, sin pensarlo, sin obtener ningún beneficio ni ningún placer por ello. Si examinas tu vida, te darás cuenta de que has hecho muchas cosas sin querer, simplemente porque se te ha presentado la ocasión para hacerlas. […] es muy incomodo reconocerlo, Eszter. Al final de la vida, uno se cansa de cualquier acción encaminada a un fin en concreto. A mí siempre me gustaron las acciones que no tienen explicación posible. […] ¡Límites! ¡Límites interiores! Pero si la vida carece de límites. Compréndelo de una vez. Nunca he decidido mis acciones. Al fin y al cabo, uno sólo es responsable de lo que decide, de lo que planea, de lo que quiere hacer. Uno es solamente responsable de sus intenciones… Las acciones ¿qué son? Son sorpresas arbitrarias. Uno se encuentra en una situación y observa lo que hace. Sin embargo, la intención, la intención sí es culpable, Eszter. Y mis intenciones siempre han sido limpias. […][..] Yo siempre he sido un hombre débil. Me hubiera gustado hacer algo en este mundo, y creo que disponía de algún talento para ello. Sin embargo, la intención y el talento no son suficientes. Ahora ya sé que no son suficientes. Para la creación, hace falta algo más…una fuerza especial, una disciplina; o las dos cosas juntas. Creo que es a esto a lo que se suele llamar carácter… Esa capacidad, ese rasgo es lo que me falta a mí. Es como la sordera. Como la sordera de alguien que conoce las notas musicales que está tocando, pero que no oye los sonidos. Cuando te conocí, no sabía esto con la precisión con la que te lo estoy contando ahora…no sabía tampoco que tú eres para mí mi carácter. ¿Lo entiendes?
-No.
-Sin embargo, es sencillo –dijo-. Lo comprenderás. Tú fuiste… Tú hubieras podido ser para mí lo que me faltaba: mi carácter. Uno se da cuenta de estas cosas. Una persona que no tiene carácter o que no tiene un carácter perfecto, es un inválido en el sentido moral de la palabra. Hay muchas personas así. Son seres perfectos en todos los sentidos, pero es como si les faltara un miembro, una mano o un pie. Luego se les pone una prótesis y se vuelven capaces de trabajar, de ser útiles para el mundo. Perdóname la metáfora, pero tú hubieras podido ser una prótesis para mí…Una prótesis moral. […]
[…]-la moral no puede ser trasplantada de una persona a otra. Perdóname Lajos, pero todo eso son sólo teorías.
-No son sólo teorías. El sentido de la moral, ya lo sabes, no es un rasgo de carácter heredado, sino es algo que se adquiere. Uno nace sin moral alguna. La moral del hombre salvaje y la moral del niño son diferentes de la moral de un juez de setenta años que trabaja en un tribunal de casación de Viena o de Amsterdam. Uno adquiere la moral durante toda la vida, de la misma manera que adquiere modales o cultura. Hay personas que tienen un carácter fuerte, que son unos genios en su carácter, como hay genios en la música o en la poesía. Tú eres así, Eszter, un genio de la moral, no protestes. Yo sé que eres así. Yo, para las cuestiones de la moral, soy un sordo, un analfabeto. Por eso quise estar a tu lado, creo que sobre todo por eso.
- No lo creo – insistí obstinada-. […] Mira, Lajos: mientras una persona duda de la palabra de la otra persona, o de sus sentimientos, se puede seguir construyendo una vida en común, o una relación cualquiera, sobre tal terreno movedizo. Puede tratarse de un terreno pantanoso, como suele decirse, o de arenas movedizas. Sabes que lo que estás construyendo se derrumbará un día, pero sigue siendo una tarea real, humana, una tarea designada por tu destino. Pero la persona que para su infortunio esté construyendo algo sobre ti, está perdida, porque un día tendrá que darse cuenta de que ha construido castillos en el aire, en la nada. Hay quien miente porque es así su naturaleza, o porque le conviene, o por intereses, o por imposiciones momentáneas. Pero tú mientes como cae la lluvia; sabes mentir con lágrimas, sabes mentir con hechos. Debe de ser difícil hacerlo. A veces pienso de verdad que eres un genio… El genio de las mentiras. Me miras a los ojos, me tocas, las lágrimas corren por tus mejillas, tus manos tiemblan, y sin embargo sé que estás mintiendo, que siempre has estado mintiendo, desde el primer instante. Toda tu vida ha sido una mentira. Ni siquiera creo en tu muerte, puesto que también será una mentira. Sí, eres un genio. […]
[…] Lajos se acercó y se detuvo a un paso de distancia.
- Pero, en ese caso, ¿qué quieres de mí? ¿Cuál es mi pecado? ¿Qué te debo? ¿Qué gran fallo he cometido? ¿En qué he mentido? En los detalles. Pero hubo un momento –dijo, indicando las cartas- en que no mentí, en que tendí la mano porque tenía vértigo, como el equilibrista sobre la cuerda, en medio de su actuación. Y tú no me ayudaste. Nadie me tendió la mano. Así que seguí haciendo equilibrios como pude, porque a los treinta y cinco años uno no tiene ganas de caer…Ya sabes que no soy especialmente romántico ni apasionado. A mí me interesaba la vida…, las posibilidades de la vida…, el juego, como tú acabas de decir… No soy ni he sido nunca el tipo de hombre que lo arriesga todo por una mujer, por una pasión sentimental… Hacia ti no me atraía una pasión irresistible, ahora ya te lo puedo confesar. Ya sabes que no quiero hacerte llorar, no necesito que te enternezcas. Sería ridículo. No he venido para pedirte nada. He venido para exigir. ¿Lo entiendes? –me preguntó en voz baja, con tono serio pero amistoso.
-¿Para exigir? –dije, y mi voz apenas era audible-. Muy interesante. Pues exige.
-Sí –dijo-, lo intentaré. Naturalmente, de una manera demostrable o legal, no tengo derecho a exigirte nada. Pero también hay otro tipo de derechos, otro tipo de leyes. Quizá no lo sepas todavía, pero ahora te vas a enterar de que aparte de las leyes morales hay otras, igual de poderosas, igual de válidas. ¿Cómo decirte?... ¿Lo sospechas ya? La gente corriente no es consciente de ello. Pero tú tienes que enterarte de que a las personas no solamente las atan las palabras, los juramentos y las promesas; y que ni siquiera son los sentimientos y las simpatías las que rigen las relaciones humanas. Hay algo diferente, una ley más severa, más dura, que determina si dos personas están ligadas o no… Es como la complicidad. Esa ley es la que estableció que yo tuviera que ver contigo. Yo conocía esa ley. La conocía incluso hace veinte años. Cuando te conocí, lo supe enseguida. No tiene ningún sentido que me haga el modesto. Creo, Eszter, que en realidad, de nosotros dos, soy yo el que tiene el carácter más fuerte. Claro, no en el sentido de los manuales de moral. Pero soy yo –el errante, el infiel, el fugitivo- quien ha podido permanecer, con todo mi empeño y convencimiento interior, fiel a esa otra ley que no figura en los manuales ni en los códigos penales, y que, sin embargo, es la verdadera. Es una ley dura. Atiéndeme. La ley de la vida dicta que acabemos lo que un día empezamos. No es precisamente un motivo de alegría. En la vida nada llega a tiempo, la vida nunca te da nada cuando lo necesitas. Durante largos años, nos duele ese caos, esa demora. Pensamos que alguien está jugando con nosotros. Sin embargo, un día nos damos cuenta de que todo ha ocurrido determinado por un orden perfecto, encajado en un sistema maravilloso… Dos personas no pueden encontrarse antes de estar maduras para su encuentro… Maduras, no desde el punto de vista de sus inclinaciones y de sus caprichos, sino en su fuero más íntimo, obedeciendo la ley irrevocable de sus destinos, de sus estrellas, de la misma manera que se encuentran dos astros, en la infinitud del universo, con una exactitud perfectamente determinada, en el instante previsto, en el instante que pertenece a los dos, en la infinitud del espacio y del tiempo, según las leyes de la astronomía. Yo no creo en los encuentros fortuitos. Soy un hombre y he conocido a muchas mujeres. […] […]Qué otra cosa podía haber hecho. Siempre te he estado esperando –añadió, con amabilidad, pero sin énfasis, de una manera elegante y humilde-. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué puedes hacer tú con esta confesión tardía que a nuestra edad ya no tiene ningún significado ni ningún valor moral? […] Yo sólo te he amado a ti en toda mi vida; ya sé que mi amor no se basaba en unas exigencias severas, y que yo no era muy consecuente con ello… Luego, algo sucedió… […] Lo que sucedió es que tú no querías aceptar ese amor. No trates de defenderte. No basta con querer a alguien. Hay que tener valor para amar de verdad. Hay que amar de una manera tal que ningún ladrón, ninguna mala intención, ninguna ley –ni la ley humana ni la ley divina- puedan hacer nada en contra de ese amor. Nosotros no nos amábamos con valentía… ése fue el problema. Y es tu responsabilidad, puesto que el valor de un hombre resulta ridículo en materia de amor. El amor es cosa de mujeres. Sólo destacáis en eso. Y en eso fracasaste tú, y contigo fracasó todo lo que pudo haber sido, todos nuestros deberes, el sentido entero de nuestras vidas. No es verdad que los hombres sean responsables de su amor. Hubieras tenido que amarme como ama una heroína. Sin embargo, cometiste el mayor error que una mujer puede cometer: te enfadaste, te echaste atrás. ¿No lo crees así?
-¿Qué importa eso ahora? –le respondí. […]
-Quería que supieras que nada puede terminarse de una manera arbitraria, antes de tiempo, entre dos personas… ¡No puede ser! […] Tú estás ligada a mí, incluso ahora, cuando el tiempo y el espacio ya lo han destruido todo, todo lo que nosotros construimos entre los dos. ¿Lo comprendes? Tú eres responsable de todo lo que me ha sucedido en la vida, de la misma manera que yo soy el responsable de ti…, a mi manera… Sí, a la manera de un hombre. Era necesario que te enteraras de esto".
La casa pintada un día de dudas.
Querida Dorotea:
No sé porque estoy triste. Lloré durante el día. Esta carta se supone la escribiría a temprana hora y es hasta este momento, que mi mente se encuentra un poco despejada. Te encontré de nuevo en mi lectura. Así como yo, observabas la conversación entre Lajos y Eszter. Me di cuenta que no dejabas de mirarme.
Dorotea, ¿qué sentido tienen el perdón, cuando no entendemos las acciones del que te agravió?
Duele más la cobardía que la ausencia…ahora lo sé…
Luego te escribo algo menos triste y con más coherencia.
Saludos y besos.
Ateh.
*Sándor Márai La herencia de Eszter,editorial Salamandra,2007
El viento susurró por entre los bordes de la ventana. Durante las dos horas de taller tuve como fondo musical a la fuente, desgranando a borbotones el agua. Hay pocos muebles en el aula, eso contribuye a elevar los ruidos provenientes de la calle. Participé con una narración (la del colibrí y la chica de las hojas) y abastecí el cenicero con dos colillas de cigarro.
De a poco se va revelando con sencillez la prosa. Mi pluma mejora lenta. No importa, no hay prisa. Dicen los maestros Roald y Guillermo lo siguiente: Cualidades que se deben poseer o tratar de adquirir si se desea ser escritor de ficción.
Tener una imaginación viva.
Capacidad de escribir bien. Esto significa que: se debe ser capaz de hacer que una escena cobre vida en la mente del lector. No todo el mundo posee esta habilidad. Es un don que sencillamente se tiene o no se tiene.
Tener resistencia. Dicho de otro modo, debe uno ser capaz de seguir con lo que hace sin darse jamás por vencido; hora tras hora, día tras día, semana tras semana, mes tras mes.
Se tiene que ser un perfeccionista. Eso quiere decir que uno nunca debe darse por satisfecho con lo que ha escrito, hasta que lo haya reescrito una y otra vez, haciéndolo tan bien como le sea posible.
Poseer autodisciplina. Ya que no se tiene horario fijo, no se checa tarjeta. La escritura es un trabajo solitario, y nadie nos recriminará si le damos duro a la vagancia.
Es de gran ayuda tener mucho sentido del humor. Esto no es esencial cuando se escribe para adultos, pero es de vital importancia cuando se escribe para niños.
Tener cierto grado de humildad. El escritor que piense que su obra es maravillosa lo pasará mal.
Regresé al departamento caminando. Por fin mi sombra logró acoplarse a mi perfil y ser compañera, en lugar de arrastrarse frente a mí. Descubrí al colibrí en el balcón, su pico jugueteaba con otra hoja de abedul. Sobre la misma se veía una h pintada con tiza azul. Intenté acercarme al ave pero, ágil, me esquivó y, volando hasta mi cama, dejó caer la letra; luego se escondió veloz en el librero. Por intervalos se asomaba entre los libros, me espiaba.
En lacasapintadano había luz. “Ella no está”, pensé. Me serví café. El colibrí se acercó a la azucarera dando probaditas intermitentes. “¿Tienes nombre?”, le dije al glotón mirándolo desde mi silla. Por un instante creí que había comprendido mi pregunta porque ladeó la cabecilla hacia la izquierda y permaneció quieto, después continuó comiendo azúcar.
Acomodé el ordenador sobre el escritorio para trabajar, entonces, fue y se colocó cerca del calor que despedía la computadora, se comprimió hasta convertirse en una bolita de masa con plumas, escondiendo el pico en su pecho colorado y se durmió.
Escapó de mis labios una sonrisa. Tenía meses que cualquier situación, persona, o animal, no me provocaban curiosidad o ternura.
Me dediqué a teclear …
Antes de meterme a la cama fui al balcón, el colibrí seguía dormido. La casa pintada estaba aún a oscuras pero ella había llegado. La vi que buscaba a… ¡Emilio!, ¡sí!, lo llamaré igual que yo. Aquí le construiré otra morada para pernoctar.
-¡Ay Ateh! Sólo a ti te pasan esas cosas –le dijo Karina. Sobre la mesa de centro de la sala, Cornelio fingía dormir, haciendo equilibrios de izquierda a derecha y de atrás para adelante; moviéndose similar a un patito de plástico chillador.
-Todo podría esperar menos que yo fuera la receptora de sus palabras y confidencias. Es penoso descubrir lo desperdiciados que somos los seres humanos. Echando a perder nuestras vidas. Estoy desconcertada.
-Yo preocupada –le contesta Karina, llevándose la mano a la frente y poniendo los ojos en blanco.
-Y tú, ¿por qué?
-¿Se te hace poco preocupante ir a chutarte por lo menos tres horas de música desconocida? Merezco el cielo por solidaria. ¿Va a ser en el Auditorio Nacional?
-No Karina, es un lugar donde caben por lo menos tres veces el número de personas que llenan el Auditorio. Será en el Foro Sol. Y al cielo no te vas a ir por ¡pécora! Jajajaja. Yo también he sido solidaria contigo cuando te acompañé a escuchar un borrego cantar, ¿recuerdas? No fue nada agradable.
-Mmm, será mi primer concierto ahí. Y ya veré quién tiene más garra de aguante ¿eh? Tengo que escuchar a ese Peter Gabriel.
-¡Vayamos jubilosas pues, se hace tarde!
¡Vaya cosa! Aquí hay chelas, cielo abierto y fumadores de cigarro a montones. Camino por un lado de Ateh que aún me platica acerca de lo que le paso por la tarde. Filas de hombres y mujeres recorremos la distancia marcada entre la expectativa y el espectáculo. Ese lugar dejará de ser un campo de béisbol para convertirse en un escenario musical. Observo a miles descargando emoción, incluida mi pequeña amiga. Edades variables, incluso niños de la mano de sus padres. Imaginé encontrar púbertos granosos y desfachatados, de greñas alisadas hacia arriba con pegamento resistente. Ateh me descubre en mi silenciosa contemplación. “No te esperabas esto ¿verdad?” me dice la mondriga. Tengo que aceptar que me desconcertó. De pronto, alguien nos sopla a todos con aliento gélido y en ráfagas. Algunos hombres adivinaron el clima y les envidio sus bufandas y gorros. Después de una larga caminata y de subir escalinatas de acero, Ateh y yo llegamos a nuestros asientos. El escenario desde nuestra posición de palco se muestra a la izquierda y diminuto. El palco frete a nosotros y el nuestro se llenarían en minutos. Abajo, en los lugares de silla y exclusivos, la gente inquieta se pone de pie para acudir al bar. A nosotras, los vendedores gritones nos salvaron de andar bajando y subiendo para abastecernos de chelas y papas. Después de los lugares de silla, hay una valla de policías que resguardan un amplio lugar, donde se acomodan la mayoría de la gente y que,a diferencia de nosotras, estarían de pie. No hubo lleno total. Abastecidas de bebidas y alimento, y con las mejillas templadas, inició una noche más para la memoria de dos amigas que cargan historias similares y algunos gustos musicales diferentes.
Una banda escocesa abrió el concierto interpretando su repertorio durante la primera hora. Ateh no recordaba el nombre de la misma, aunque reconoció y cantó algunas canciones. Luego sabríamos que se trato del grupo Travis, a quienes el sonido no les favoreció.
Ateh me explica el tipo de rock que escucharé cuando aparezca Peter Gabriel. Aunque no entiendo nada acerca de rock progresivo, un rock acústico me menciona mi amiga. Por fin, unos minutos después de las 22:00 hrs aparece en escena el esperado artista. Antes de cada canción daba una breve introducción en español.
Terminó el concierto a la una y cuarto de la madrugada del día 28 de marzo. Juntas regresamos a la casapintada. Cornelio no nos esperaba en el abedul como es su costumbre. No lo vi por la mañana cuando me despedí de Ateh.
¡Caray! No sé en qué mundo vivo. Nunca antes había escuchado a Peter Gabriel. Pero eso sí, todo aquel que me pregunte acerca de ¿cómo me fue?, le contestaré que me sabía todas las rolas desde el primer tamborazo, ¡eso que ni que!… Por cierto, estoy segura que al día siguiente del evento los ortopedistas tuvieron mucha consulta, por las torceduras de cuello de muchos -incluida Ateh- que se la pasaron moviendo el pescuezo como guajolotes de atrás para adelante.
Mientras saborea un turón de azúcar, Cornelio les platica a los peces que ahora el pasado le llama por teléfono a Ateh. Primero fue en carta y ahora por teléfono. La memoria es el cuerpo del recuerdo- les dice. A ese cuerpo Ateh le recetó aspirinas y relajantes musculares. El dolor y la tensión desaparecieron y ahora la memoria está limpia y perfumada. Los sueños la atormentan por momentos, pero Dorotea la ha dicho qué hacer para empezar a disfrutarlos –los peces escuchan atentos a Cornelio.
Antes de que Ateh y Karina regresen, Cornelio decide ir a visitar al vecino(sí) .
"Mis años, mi peligro de estar destituyéndome, mi torpe represalia contra mí, el arduo aprendizaje de carencias que no podrán ya nunca resarcirme del moho adicional de la memoria. Con qué estupor me exhibo ante esos antagónicos espejos cada vez más poblados de imágenes caducas. El tiempo es la distancia que separa mi cuerpo de ese otro cuerpo inmarchitable, procedente a saber de qué ilesa acepción de la belleza. Son contagios acérrimos, testarudos expolios que embadurnan mi alma, la confinan en esa declinante lucidez donde a veces se atrofian los deseos. Nunca incurrí de grado en ninguna paciente sumisión al azar. El que más se resigna ¿no es también con frecuencia el menos digno? Me miran los ausentes: me envejecen mirándome. El pasado conserva todavía un acusado tono virulento, a trechos macerado en una huraña mezcla de semen y alcohol. Por su vidrioso fondo aún sigue propalándose esa estoica lección de la moral también denominada puta vida". José Manuel
Caballero Bonald
La casa pintada un día rojo.
Querida Dorotea:
Fueron años de mar y olas. Meses de pasión, melodías.
Sería bueno que se quedaran quietas y guardadas.
Te cuento…
Lo siento cercano,
viene cada noche y deja su olor en mi almohada.
Por las mañanas, baño mi cuerpo,
intento rebajar su olor untando jabón y perfume.
Y no, no lo logro, amiga. Allí está.
Metido en la capa más profunda de mi piel.
¿Recuerdas el “la,la,laaa”?
¡Sí, ese! Era el saludo de su cuerpo.
También la sonrisa,
llave mágica que abría cualquier puerta o resistencia.
El pasado es el eterno olor de su presencia.
El presente es el eterno contorno de su ausencia.
Vaya pues…la puta vida, cargada de putos recuerdos…
Me hizo indigestión uno de los terrones de azúcar. Me duele el ala izquierda, y eso hace que vuele chueco. Ateh lee, y yo, traigo amarga la lengua.
Decido descansar dentro de la casita de correo. Granos de agua golpetean el techo. Con el ritmo de la lluvia me viene el recuerdo: Ateh en una ocasión mencionó que un cuento puede surgir del canto de un pájaro. Lo que me irrita es que yo no canto, yo no escribo, yo soy un ave enana cualquiera. ¡Auchhhh! Me duele el gañote.
Dice Cesar Vallejo “Quiero escribir pero me sale espuma […]”. Y así pasan las horas, con la hoja en blanco, el pensamiento en sepia, y la idea en gris.
¿Qué estará haciendo la niña que escribe sobre hojas de árbol? Se me ocurre hacer una historia de ella y su inquieta ave.
Transcurrida la primera idea, esta suena gutural, es el nacimiento del proceso. Entonces, escucho llorar al neonato.
“Se levanta la mañana, vestida de naranja y promesa. Junto con el azar madrugaron dos colibríes. Sobre el suelo, el macho de cuello rojo intenta con su danza llamar la atención de la hembra. No hay apareo, solo búsqueda de azúcar. La hembra vuela y se pierde entre los tejados. El macho danzador rescata el néctar en las begonias del umbral de una casa. Desde su ventana, la mujer de los colores observa al colibrí, y dentro de su corazón resucita la ausencia. Algo atora el ala izquierda del colibrí y cae al suelo herido. Ella, la de los colores, corre a rescatarlo. Lo mete dentro de la casa azul, roja, verde y amarilla. Le cura la herida, alisa los pliegues de sus propios recuerdos y, se desvela cuidando al colibrí de cuello colorado.
Antes de este acontecimiento, la cabeza de la chica de los colores, permaneció muchos meses dentro de un pozo de resentimiento, dolor y nostalgia. Un día se asustó al mirarse en el espejo, ¡su cabeza había desaparecido! Se encerró con chapa y candado dentro de la casa pintada de varios colores. Con las manos, busco por todas partes su cabeza. Le dio urticaria, entonces, se rascaba hasta sangrar. Le ardían las rodillas, por andar sobre ellas buscando por los rincones. Se preocupaba cuando le dolía el estómago. “¿Podrá mi cabeza colocarse de lado para vomitar?” Decía su corazón.
La lucidez como reflector en la oscuridad le llegó por fin un día, pero a su cabeza. El cuerpo maltrecho y en cama, escuchó su propia voz que cantaba:
"Once upon a time I was of the mind
To lay your burden down
And leave you where you stood
And you believed I could
You'd seen it done before
could read your thoughts
Tell you what you saw
And never say a word
Now all that is gone
Over with and done - never to return
I can tell you why
People die alone
I can tell you I'm
A shadow on the sun
Staring at the loss
Looking for a cause
And never really sure
Nothing but a hole
To live without a soul
And nothing to be learned
I can tell you why
People go insane
I can show you how
You could do the same
I can tell you why
The end will never come
I can tell you I'm
A shadow on the sun
Shapes of every size
Move behind my eyes
Doors inside my head
Bolted from within
Every drop of flame
Lights a candle in
Memory of the one
Who lives inside my skin"
Shadow on the sun. Audioslave
Se obligó a vivir a pesar de la lluvia, a pesar de que todos los hombres que ha encontrado en su camino, ya van de regreso, a pesar de estar consciente de que haga lo que haga, volverá a encontrarse llegando tarde y renovando salidas.
El colibrí de cuello rojo, ya tiene curada el ala y también, ya tiene nombre. La chica de los colores se compró un reloj que da la hora, pero no marca la fecha, solo los días de la semana. Así que el tiempo corre, los días tienen actividades propias y, los años han perdido la dirección correcta. Ayer, que en realidad es hoy, la miré de color sepia con un hermoso sombrero, un collar de bolas, cortando margaritas en su jardín. El colibrí revoloteaba a su alrededor.
Hoy escribirás mirando desde la ventana. Dos semanas en Amberes sin dejar de soñar. Estás nerviosa por la competencia. En tus sueños, mientras Ateh peina su cabello, ella te transmite seguridad. Nueva Zelanda recibe la postguerra con optimismo, tú, Dorotea, la recibes con melancolía.Juegos Olímpicos de la paz Amberes 1920, dicen los espectaculares. Tus ojos se abren hacia un nuevo mañana.
“Nueva Zelanda 1920.
Querida Ateh:
Me he guardado tantas cosas para contarte. Dentro de dos días, competirá mi hija por primera ocasión en unas olimpiadas. La natación es el deporte que heredó de mí, va a representar a su país, Canada. La guerra terminó, pero los vientos no han traído la paz. Me gusta imaginarte en otros lugares, acompañada de personas y de historias diferentes. Sin incertidumbres, sin miedos.
La condición humana es tan compleja Ateh. Tu presencia me da fortaleza. Mi hermosa deportista entrenó por años para este día. Hoy la observo segura y tranquila. La que está nerviosa soy yo.
Para tranquilizarme traje conmigo mis acuarelas. Pintar de colores me gusta. ¿Sabes de lo que hablo verdad Ateh?
Los colores y su creación. Tú conoces de eso, estoy segura que el color es fundamental en tu actividad cotidiana. Me gusta colocar el papel de grano grueso en una superficie de madera o en el suelo, y en mi paleta cromática, embarrar colores. El blanco no, el negro en ocasiones, ya que resulta demasiado duro. El que crea los colores es el espectador no el pintor. El que pinta, sólo coloca azul y rojo, el que los mira los combina.
Crear colores es equivalente a creer. Es importante creer en saber leer colores, creer en mirar colores, creer en escuchar colores. Todas las artes tienen su diccionario y para entenderlas hay que creer.
Pinté una casa vacía para ti (te la envío junto con esta misiva), la llenarás y los colores tú los vas a componer. La historia de la casa te toca escribirla a ti con letras, que se transformarán en palabras. Cada pintura es una historia. Cada persona mira diferente.
Yo pinto, tú escribes mis pinturas, tus amigos las leen, habrá también quien las escuche.
Deséale suerte a mi pequeña.
Dorotea”
Emilio recogió la hoja de abedul y la guardó en62 modelo para armar, estaba sobre la mecedora del balcón. Con tizaamarillase distinguía la letra E.