• Día: 3 y 4, mes: abril...





    Hace algunos años tuve una mascota: un labrador hembra de color negro con muchísimo vigor. Se envolvía entre mis piernas con tanta fuerza, que llegó a tirarme al piso en una ocasión. Le puse el nombre de Lupe. Creo que ha sido la única hembra sin ambición desmedida que he conocido. Se conformaba con su alimento y su paseo diario. Durante un buen tiempo fue mi confidente. Juntos caminábamos por el parque, le soltaba su correa y, de inmediato, corría al sitio idóneo para orinar y poder dejar sus bolas de caca. Después, echada a mis pies, suspiraba complaciente: nos conectábamos. Siempre creí entender una disposición de su parte para ser escuchado. Ella conoció mis miedos, mis más íntimos secretos. Murió a la edad de seis años de una manera absurda. Inocencia —la mujer que me plancha y lava— dice que existió un mal presagio. Días previos a la muerte de Lupe, Petronilo, el perico de la vecina, se atragantó con un “cheto”, su alimento chatarra favorito. Petronilo llegó al veterinario, retorciendo —de arriba para abajo— una de sus alas, la otra no tenía movimiento; su cabeza de plumaje amarillo estaba flácida; tenía el pico abierto, los ojos desorbitados sin su clásico movimiento de reguilete colorido. No hubo tiempo de sacar el “cheto” mortal. Petronilo murió asfixiado. Todo esto lo supe por boca de Inocencia (intérprete experta en lo que respecta a las señales del más allá), quien, desde ese día, no paraba de repetir vaticinios fatalistas.

    Fue un domingo, después de una acalorada discusión con mi novia en turno: mis parejas siempre me dejan en medio de azotes y gritos y ésta no fue la excepción; cerró con fuerza la puerta de entrada del departamento, no sin antes mentar madres y mandarme derechito a la chingada. Casi de inmediato llegó la calma chicha. Decidí meter una bolsa de palomitas de maíz al horno de microondas y sentarme —con cerveza en mano— a ver el debut de los clubes mexicanos en la Copa Libertadores: América y Guadalajara. En el momento del gol que le dio el triunfo a los azulcrema (mi equipo favorito), solté un grito desgarrador tan intenso, que Inocencia bajó de la azotea con las manos enjabonadas y la cara desencajada. Emocionado, no dejaba de brincar y gritar. No me percaté que Lupe, se retorcía en el piso: de su hocico salía baba espesa y blanquizca. Inocencia tuvo que darme un pellizco en una de mis piernas y, moviendo los brazos como zopilote a punto de vuelo, logró mi atención. Cargué a mi confidente, la subí al coche y la llevé al veterinario. Su muerte se debió a un infarto cardiaco; el médico dijo que había sido secundario a un susto. "Vaya a saber si el gritote que usted lanzó le destrozó los nervios a la pobre”, sentenció Inocencia. Tengo que aceptar que llevo ese peso en mi lista de culpabilidades.

    Un día decidí narrar mis ideas y secretos. Ya no contaba con la complicidad silenciosa de Lupe. Abrí espacios cibernéticos en tres ocasiones. Me pinté perfiles afines a mi sensibilidad. Ninguno resultó adecuado.
    Hasta que me tropecé —en uno de mis tantos momentos nublados— con la flaca, conocida también como: la jirurria, la tía de las muchachas, la mocha, la veleidosa, la apestosa, la novia fiel, la igualadora, la chirrifusca, la ímpia, la dientona, la tía Quiteria, la seria, la tembleque, la tilica, la coatlicue, la pelona, la china, la chicharra, la descarnada, la fría, la catrina, la triste, la paveada, la amada inmóvil, la segadora, la huesuda, la pepenadora, la hedionda, la madre Matiana, la china Hilaria, la coatacha, la blanca, la parca cruel, la hora de la verdad, la afanadora, la pachona, la cierta, la tiznada, la güera, la canica, la calva, la tilinga, la copetona, la pálida, la patrona, la calaca, la dama de la guadaña, la calavera, la llorona, la santa muerte. Y al puro estilo peliculesco, me senté a platicarle mis tonterías. Hablamos también de libros y música. Luego le confesé mi anhelo de contar mi historia. “Crees que tu vida es interesante, ¿verdad?, no pasa de ser un motivo adecuado eso de desear sacar a la luz nuestros defectos” me dijo burlona. “Eres un hombre ordinario, mujeriego, indeciso, cobarde y…”, le interrumpí. No se trataba de refirmar lo que de sobra yo conocía, así que le expliqué a la Catrina, que sólo se trataba de un intento de construcción de un futuro a partir del pasado, narrado en el presente. “Ja, ahora me resultaste filósofo. Sólo falta que digas que estás planteando la posibilidad de vivir apartir de un pasado pre-fabricado”, reviró. Eso no sonaba mal, pero decidí proponerle que me oyera y, de acuerdo a eso, pensaríamos juntos si tenía sentido. El acuerdo fue que si mi historia era buena, la Coatacha —además de darme algo más de tiempo— la escribiría. Me escuchó con paciencia. Levantaba su mano derecha para acallarme; hacía anotaciones en una libreta y, con la misma señal de mano, dirigía mi boca. Después de meses (tal vez) por fin terminé. La huesuda desapareció de mi vista. Tuve una especie de tregua, la cual intenté aprovechar al máximo.

    Un sábado apareció, me tomó desprevenido, no pude hacer nada: “Gambusino, tu vida no me resultó interesante. Lo que sí, fue tu actitud elegíaca. Lo más importante de tus experiencias consistieron en pérdidas. Gambusino, debo decirte que te dejes de pavadas y aceptes que estás perdido y siempre lo estuviste. Decantaré tu pasión, aun así no sé si lograrás trascender. Tal vez después de todo, saldrá un buen epitafio".

    Les diré que mi lápida siempre tiene flores; flores que reposan junto a las palabras que me regaló la dama de la guadaña:

    "Denle vida a mi muerte porque siempre estuve muerto en vida".

    DOM.






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4 locos como ella comentando:

  1. W dijo...

    Ay mi Mafis...

    Ahora sí estoy hecha bolas completamente.... jajaja

    Regreso después a ver si se acomodan las ideas en mi cabeza...

    Besos

  2. Incitatüs dijo...

    No recuerdo ese partido, ¿sí ganó el América?

    Ejem...
    Contará la historia de su vida. La flaca le llama, digna tocaya de la que, por lo general, empieza a contar el fin de la misma.

  3. "Creo que ha sido la única hembra sin ambición desmedida que he conocido"... Jajaja... Espectacular esa frase!!...

    Contar el ayer en el presente... A todos, en su momento, nos entra el bichito de hacerlo... De seguro que, si todos encontrásemos esa flaca capaz de escucharnos, lo haríamos sin pensarlo...

    Un abrazo, mi estimada amiga...

  4. RECOMENZAR dijo...

    Maravillosa la plataforma de tu blog y tus letras¿te acordas de mi??besos